N.º 8 Puesta al día. Obras clásicas y recuperadas

sumario

VOLTAIRE, Xayra. FloresindaDos tragedias de Voltaire

José Manuel Corredoira Viñuela
Dramaturgo

VOLTAIRE,
Xayra. Floresinda.
Madrid, Esperpento Ediciones,
Colección «Teatro Traducido», nº 4, 2016.
185 pp. 14,00 €.
ISBN: 978-84-944029-9-9.

Esperpento Ediciones ha tenido el acierto de publicar recientemente dos tragedias de Voltaire traducidas por Vicente García de la Huerta y Juan Eugenio Hartzenbusch: Xayra o la fe triunfante del amor y cetro (historia del tiempo de las cruzadas) Floresinda (a partir de Zaïre Adélaïde du Guesclin, respectivamente). Voltaire (ese «espíritu divagado», como lo llamó Sainte-Beuve) no es un escritor muy frecuentado entre nosotros, aunque dé la impresión contraria: aparte de sus relatos y novelas más conocidos (CándidoEl ingenuoZadigMicromegas…) y sus Cartas filosóficas, pocos son los que han leído sus poemas y ensayos históricos, su desternillante Diccionario filosófico o sus comiquísimos escritos de crítica religiosa (La Biblia explicada por varios capellanes limosneros de S. M. L. R. D. P. tal vez sea de los mejores). Su Tratado sobre la tolerancia ha tenido algún predicamento últimamente a raíz de los atentados de Charlie Hebdo en París; pero dentro de unos años nadie se acordará de las virtudes morales ni, por supuesto, de Charlie Hebdomadario. Poco y nada sabíamos de su teatro en español, de ahí que sea bienvenida la publicación recental. Comencemos con Xayra, «traducción poética» del dramaturgo neoclásico Vicente García de la Huerta (la edición príncipe es de 1784) a partir de otra anónima reimpresa en Barcelona en 1782. Voltaire estrenó esta «tragedia cristiana» (basada en Othello, un «Shakespeare de biscuit», según Lanson) con gran éxito el 13 de agosto de 1732, permaneciendo en cartel durante 31 representaciones. Con todo, en los círculos biempensantes de París se dirá que «Zaïre no tiene ni religión, ni buenas costumbres ni verosimilitud» (Mathieu Marais, carta de 7 de febrero de 1733). En realidad se trata de una adaptación con la que García de la Huerta (muy galófobo él) se propuso demostrar la superioridad de su versión sobre el original, en el marco del debate suscitado por la Encyclopédie méthodique française de Masson de Morvilliers («el genio poético es indígena de nuestra Hespaña -escribía García de la Huerta en el Prólogo del Theatro Hespañol-; desde los más remotos tiempos se reconoce en sus Naturales la posesión de un Estro sublime y magnílocuo»; estro del que carecerían los franceses, bien sûr!, «gentes criadas en tierras flojas, pantanosas, faltas de azufre, sales y substancia… y tan poco favorecidos del calor de Phebo»; «ingenios débiles y poco vigorosos», etc.). El título de la tragedia original (Zaïre) es cambiado ahora por Xayra o la fe triunfante del amor y cetro, primándose el conflicto que desencadena la tragedia desde una perspectiva ejemplarizante: triunfo de la religión sobre el amor y el poder (Margarita Santos); en realidad sucede lo contrario: la religión, reducida a un accidente topográfico («Si en el Ganges naciera, sería fuerza / que siguiese la falsa idolatría; / si naciese en París, fuera cristiana», pág. 32), nada podrá frente al poder del amor. El traductor mantiene los cinco actos del original, pero omite la división en escenas. La versión de García de la Huerta está escrita en versos endecasílabos (en vez de alejandrinos), la protagonista pasa a llamarse Xayra en igual de Zaïre, «de sonido gutural, áspero y no por eso más propio de mujer musulmana», según Alcalá Galiano (citado por Francisco Lafarga, Voltaire en Espagne. 1734-1835, The Voltaire Foundation, Oxford, 1989, pág. 120), el traductor abrevia parlamentos, fragmenta otros multiplicando las intervenciones de los interlocutores, o directamente los suprime (por ejemplo, la intervención de Corasmín en la escena tercera del acto I; véase Chefs-d’œuvre dramatiques de Voltaire, tome premier, Masson et Yonet Libraires, Paris, 1828, págs. 291-292: «Cet esclave chrétien / Qui sur sa foi, seigneur, a passé dans la France…», etc.). Otras veces, funde réplicas, las amplia o morcillea bravamente el texto para intensificar la relación amorosa de Xayra y Orosman (y los celos de este). Junto a la amplificatio, encontramos cambios léxicos que enfatizan y resaltan el matiz religioso que se quiere dar a la versión («Ô ciel!» se transforma en «¡Dios soberano!»), etc., etc. Resumimos el argumento de la tragedia: Xayra (Zaïre) es una joven francesa cautiva desde su niñez y educada en la religión mahometana. A punto de casarse con Orosman, a quien ama, descubre que es hija del último rey cristiano de Jerusalén, el anciano Lusiñán, y hermana de Nerestán, cautivo también. Ambos instan a la joven a que regrese a la religión de sus padres, ella promete bautizarse, y casarse a continuación con Orosman (¡deliciosa incongruencia!). Un billete de los cristianos interceptado por Meledor, su oficial, no deja dudas de que algo se trama contra el honor del soldán (en Otelo los celos del moro se basaban en falsas suposiciones y malsindades de Yago). Orosman pide explicaciones a su amada Xayra (¡con caridad cristiana!: «Yo quiero perdonarte -dirá su enamorado-, sacrifica / a mi fe el insolente que disputa / a Orosman tu cariño»), dando ejemplo de cabal y no desmandado juicio (a diferencia de Otelo, un monigote en manos de su lugarteniente), antes de terminar matando a Xayra, que con ofensa de Dios y de la ley cristiana le amaba, como apunta Nerestán al final («De esta culpa el castigo experimenta»). Orosman, al enterarse de la verdad, se suicida como el moro de Venecia. La segunda tragedia del tomito de Esperpento Ediciones es una refundición de Adelaïde du Guesclin (1734), ambientada en la guerra de los cien años. El perpetrador de la versión («traducción libre»), Juan Eugenio de Hartzenbusch, velaba sus armas literarias por primera vez, de ahí que nos ofrezca un texto que sólo tiene de Voltaire el nombre. Sobre sus bondades literarias, juzgará el benévolo lector. Sólo indicar que Hartzenbusch escribió una primera versión en 1827 con el título de Doña Leonor de Cabrera, y que transcurría en tiempos de Pedro el Cruel de Castilla. Tres años más tarde, ya con el título definitivo de Floresinda, la acción se traslada al siglo VII, durante el reinado de Wamba, y los personajes ostentan nombres visigodos: Vitimiro, Recadero… Jean Sarrailh señaló en su día semejanzas entre el argumento de Adelaïde du Guesclin y el drama de Hartzenbusch Alfonso el Casto (1841).

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