N.º 8 De aquí y de ahora. Teatro Español contemporáneo

sumario

Yolanda GARCÍA SERRANO y Juan Carlos RUBIO, Shakespeare nunca estuvo aquíShakespeare siempre está

Silvia Gutiérrez Martín
IES Profesor Julio Pérez (Rivas Vaciamadrid)

Yolanda GARCÍA SERRANO y Juan Carlos RUBIO,
Shakespeare nunca estuvo aquí.
Premio Lope de Vega 2013.
Madrid, Ediciones Antígona (col. “Teatro”, núm. 79), 2016.
Prólogo de Juan Ignacio García Garzón.
166 pp. 15 €.
ISBN: 978-­84-15906-44-5.

Rotunda en sus formas es la afirmación de que Shakespeare nunca estuvo aquí, con la que se intitula la delicia de comedia teatral, escrita por Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio al alimón (mejor dicho, Cheek to cheek, si hacemos caso al genial Irving Berlin, cuya música constituye la acertadísima banda sonora de la trama de esta pieza tan vital y optimista). La génesis de dicha aseveración, que niega la estancia “aquí” del más insigne de los dramaturgos ingleses, se cimenta en una original manera de promocionar un restaurante en la Plaza Mayor de Madrid, a partir de una placa orgullosamente conmemorativa de la no asistencia al local de un célebre escritor (en ese caso, de Ernest Hemingway), tal y como nos confía Juan Carlos Rubio, en una elocuente demostración de que el talento creativo consustancial a los artistas no deja de emanar incluso a partir de un inocente, aunque divertido, enunciado[1].

Así pues, de la sensible agudeza creadora surge una elegante y entretenidísima pieza teatral cuyo punto de partida es el hallazgo de una obra manuscrita perdida de William Shakespeare en una posada de Wellford, un pequeño pueblo a pocos kilómetros de la localidad natal del dramaturgo y poeta inglés. Corre el año 1935 y tan magno descubrimiento atrae a la posada, escenario principal de la comedia, a una serie de personajes muy peculiares, que van a mostrar intereses de muy distinta índole, a veces no muy lícitos, hacia el manuscrito shakesperiano.

Pero, retornando al principio, decía que el título de la obra resultaba categórico formalmente, pero ¿y en el fondo? Efectivamente, Shakespeare nunca estuvo aquí; sin embargo, ahora está aquí, dicho lo cual sin ánimo de entrar en contradicción con la lógica: el aserto recién afirmado, no sin cierta temeridad, es posible debido a la finitud ya ocurrida en tiempo y acción (pasados, pues) del pretérito “estuvo”. De este modo, Shakespeare nunca realizó la acción o proceso de “estar” en el “aquí” de Wellford en un momento dado –¿su vida?–, ya terminado; lo cual no le impide “estar” en el momento actual, no solo en ese instante atemporal que convierte en vivo el presente de toda obra dramática, sino el propio lapso de tiempo externo, 1935, cuando se produce la trama. Y es que a Shakespeare se nos lo anuncia en el dramatis personae de la obra… Y hasta ahí puedo leer (bueno, escribir…).

Shakespeare está en la obra, además, no porque los autores de la misma reproduzcan el estilo del Bardo de Stratford. Al “Bardo de Montilla”, Juan Carlos Rubio, y la “Barda del Foro” (lo siento, mi querida Yolanda García Serrano, ya sabes que en ciertos oficios o en ciertos momentos de la historia, las mujeres tristemente no existíamos, de ahí la extrañeza de la denominación), a los creadores del drama, en definitiva, ni falta que les hace reproducirlo y a su comedia conjunta, menos. No obstante, la obra destila amor por el gran William (to Shakespeare with love) gracias al cariño y a la admiración hacia él continuamente demostrados en la obra, en forma de originales guiños para con el más famoso representante del teatro londinense The Globe. Se le rinde un precioso homenaje merced al amor y a la pasión por el verbo escénico que Juan Carlos y Yolanda muestran y demuestran en los vivaces parlamentos de los personajes, diálogos plenos de humor e ironía, mediante el impecable juego de ingeniosísimas réplicas a lo largo de la pieza. Una obra, por cierto, que se estructura en dos actos, divididos, a su vez, en cinco y siete escenas, respectivamente, y en donde la unidad dramática de la escena transciende su propia definición técnica, ya que ninguna de las que componen cada acto mantiene los mismos personajes, pero sí vertebran argumentalmente la comedia, a través de una muy bien ajustada secuencia de conflictos y sus resoluciones.

Por otra parte, la ubicación de la trama a mediados de los años treinta del pasado siglo XX no es casual: facilita la verosimilitud del hecho desencadenante de la obra, amén de vehicular el otro homenaje presente en la pieza: el dirigido a las películas americanas de dicha época, como el musical del mismo año 1935 Top hat (Sombrero de copa), referencia fundamental en nuestra comedia, de tal forma que sería posible su inclusión en ella como un personaje más de su numeroso elenco. Precisamente las personas de nuestra pieza teatral bien podrían protagonizar uno de esos maravillosos filmes, en los que Katherine Hepburn, Fred Astaire, Cary Grant, Ginger Rogers y otras estrellas del Hollywood más dorado derrochaban arte interpretativo en cada fotograma. Pues la obra de Rubio y García Serrano es, al menos, igual de brillante, divertida e ingeniosa que aquellas comedias cinematográficas hollywoodienses, aun cuando (o precisamente por ello) los personajes de la pieza que nos ocupa resulten ser amigos del fingimiento, el artificio, la engañifa y lo ajeno; pero siempre con clase, con rectitud y fair play, una vez descubierto el embrollo. Lo mismito que la mayoría de políticos españoles de hoy en día…

En suma, con esta comedia teatral estamos in heaven, acompañados por ese genio llamado William Shakespeare, quien, ten por seguro, mi admirada Yolanda García Serrano, ha disfrutado enormemente de vuestra obra (ahora empleo un presente perfecto de marco temporal aún no finiquitado), tomándose un whisky con coladero corporal incluido[2]. Por ello, no faltaré a la verdad ni a la lógica al afirmar que Shakespeare nunca estuvo aquí, pero siempre está (y estará).

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Notas    (↵ Volver al texto returns to text)

  1. Juan Carlos Rubio cuenta la anécdota de cómo surgió el título de la obra y, en general, toda la gestación de la misma, en Las Puertas del Drama, nº 44, “Cuaderno de bitácora”.
    http://www.aat.es/elkioscoteatral/las-puertas-del-drama/drama-44/cuaderno-de-bitacora-shakespeare-nunca-estuvo-aqui/ ↵ Volver al texto
  2. En el mismo enlace virtual recién mencionado, Yolanda García Serrano relata su experiencia como coautora de Shakespeare nunca estuvo aquí y se lamenta de no poder contar con la opinión del Bardo de Stratford sobre la obra.↵ Volver al texto

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