N.º 6 Jugando al teatro. Teatro para niños y jóvenes

sumario

La apasionante aventura de conocer (mientras se juega al teatro)

 

José Cañas Torregrosa
Profesor de Expresión Dramática. Autor de literatura Infantil y Juvenil. Director del Colectivo Teatral “Gianni Rodari”. Coordinador de la colección de teatro de Editorial Everest.

DE LA FUENTE ARJONA, Antonio
¿Quién se comió mi planeta?
Madrid,Ediciones de la Torre, 2014.
Biblioteca Alba y Mayo, Teatro,nº 18. 95 p. ISBN:978-84-7960-726-5.

 

Acabo de leer una pieza teatral, hermosa, atractiva y divertida. Es cierto que soy un devorador de libros y que, especialmente, me gustan los de teatro. Será por eso que, desde mi trabajo como profesor y a su vez, amante vocacional del hecho teatral infantil y juvenil, siempre anduve vinculado a un binomio para mí mágico, al modo de los de Rodari: el TEATRO y la EDUCACIÓN. Pues bien, el libro que leí se sumerge felizmente en esas aguas, sobre las que me agradan chapotear sobremanera y las que sé, por experiencia, agradarán a mis alumnas y alumnos, futuros actores-jugadores de ese precioso juego colectivo llamado TEATRO, destinatarios gozosos de un texto como éste. Está editado por Ediciones de la Torre y su autor es Antonio de la Fuente Arjona.
No es De la Fuente Arjona un escritor recién llegado a esto de la escena dispuesto a proponer a los niños y a las niñas un nuevo proyecto teatral. Su dilatada experiencia le ha hecho, ya desde los años 80, navegar con éxito en mares tan creativos y artísticos como el teatro, el cine y la televisión. Pero es 1992 la fecha que marca un verdadero hito en la trayectoria de Antonio de la Fuente al publicar su famoso texto teatral El ladrón de palabras, ya que este texto supone la concreción de una colección de libros de teatro para niños en el que claramente se plantea, amena, divertida y práctica, una forma de utilizar el teatro como una herramienta en la escuela, no solo en los colegios e instituciones educativas españolas sino en muchos otros lugares de Europa y de Latino América.
El libro que me convoca a esta reflexión parte, pues, de estas mismas premisas que acabo de señalar, pero ahondando aún más si cabe en ese valor didáctico del teatro (que no tiene afortunadamente nada que ver con el didactismo y la moralina, ámbitos éstos inhibidores, alienantes y estáticos, enterrados ya hace mucho tiempo de nuestras obras de teatro escolares) que hace que alumnos y alumnas profundicen en una serie de aspectos cognitivos sin que apenas se den cuentan de que lo hacen porque el juego los cubre y los envuelve de una pátina lúdica y atrayente que les permite como nada crecer y conocer.
Esta obra, pues, entra en ese nuevo concepto de pieza infantil en los que los conocimientos teóricamente más complejos se acercan a la realidad de los niños y de las niñas, que pronto se identifican con lo que el autor les plantea, representando la puesta en escena una invitación a la creación y a la recreación, al juego colectivo, a la visión global de un mundo que no se fragmenta en partes sino que conforma un todo.
El texto teatral está estructurado en torno a siete escenas enmarcadas con un significativo título. Este hecho tiene su importancia pues permitiría trabajar el posible montaje basándonos en las siete escenas a modo de unidades de acción -unidades con sentido completo que, unidas, conforman la totalidad de la pieza,- lo que favorecía los trabajos de recreación, ampliación, improvisación… a lo largo de una planificada secuenciación dentro de un posible taller de teatro encargado de dicha puesta en escena.
Desgranando el texto, no se necesitaría ser un avezado director para entresacar los elementos que definen a una buena obra actual de teatro para niños:
Con relación a su estructura interna y externa:
• El argumento es muy atractivo: La “Panda de los últimos de la clase”, verdaderos aprendices de detectives privados, con una cierta experiencia, se encuentra con un nuevo y apasionante reto que ocurre en el seno de su colegio: algo inesperado está destruyendo los libros de Astronomía ubicados en la Biblioteca de dicho colegio. Encontrar cuanto antes al Ladrón de Estrellas, su objetivo máximo.
• Uso de la sorpresa y del suspense.
• Inclusión de vocablos populares o de giros usuales (al menos, en los personajes más populares – niños y niñas componentes de la panda, en Juani, la señora de la limpieza-…
• Uso de juegos pantomímicos al servicio de la Expresión Corporal.
• Desarrollo de la obra en un solo acto.
• Parlamentos cortos, diálogos breves y concisos –menos en los de los profesores, esencialmente, el de Lengua, cosa que así lo requiere para darle consistencia, solemnidad y formalidad al personaje-.
• Un texto motivador: teatro para conocer.
• Teatro como juego colectivo: valor intrínseco del grupo frente a lo individual.
• Aparición de dosis adecuadas de humor como recurso expresivo, dominante y motivador dentro del teatro de los Niños.
Con relación a los Personajes:
• Personajes poco complejos, exceptuando el de algún profesor, justificada para reforzar de esta manera la idiosincrasia de dicho personaje.
• Libertad de participación de elementos adultos en este montaje. De hecho, exceptuando los componentes de la pandilla –que claramente, deberían ser niños,- el resto podría hacerlo actores adultos (¿profesores, por ejemplo?) dando a la obra una dimensión aún mayor al permitir sobre el escenario la actuación de niños y adultos al mismo tiempo.
En cuanto a la Escenografía
• Esta obra teatral, como todas las piezas de teatro infantil, en el caso de que sean destinadas como realización de un montaje en un centro educativo se puede adaptar fácilmente a las limitaciones escénicas que seguramente dichos centros poseen; por eso la obra se presta a la confección de unos decorados que sugieran más que expliciten, a una escenografía viable y posible para este tipo de instituciones educativas, evitándose, en lo posible, los cambios de ambiente y decorado.
• Evidentemente, los espacios sugeridos por el autor para ubicar las distintas escenas en las que están divididas su obra, pueden ser abordados sin dificultad técnica en salas teatrales al uso, dotadas de los medios más adecuados para ello.

Pero este libro guarda aún otra agradable sorpresa: está igualmente pensado para el lector –y no solo ya para el jugador de teatro,- con lo que cobra aún mayor valor. Sus continuos guiños al lector, esencialmente basados en preguntas periódicas que abren la curiosidad del lector y lo proyecta hacia una continua búsqueda de información configura esa pretendida intención anteriormente expuesta: la de que este es un teatro para conocer, para saber más, para contrastar entre todos, para averiguar desde el juego algunas de las cuestiones que siempre estuvieron ahí y que no nos atrevimos desde niños a plantear:
• ¿Qué otras maneras de medir el paso del tiempo existen o han existido?
• Si sabes cuál es el siguiente (planeta), escribe su nombre y ayuda a Omar.
• Vaya, da la impresión de que el autor nos quiere dejar con las ganas de saber qué es un “agujero negro”. Pregúntale a tu profesor o profesora o busca información en libros o en Internet sobre este fenómeno astronómico.
Enredos, jeroglíficos, palabras descascarilladas, dibujos… enigmas continuos a los que se les invita al lector que puede -si así lo desea- formar parte activa de una acción que seguirá su marcha frenética hacia el final, un final inexorable que todo lo aclare.
Los dibujos que aparecen a lo largo del libro, asimismo, son también elementos muy importantes que ayudan a comprender la acción misma. Se trata de imágenes muy expresivas, realizadas por Juan Manuel García Álvarez, dibujante y escenógrafo argentino ubicado en España y que ya ha colaborado varias veces con distintos proyectos del autor.
En resumen, buen teatro para escolares, desde la doble perspectiva del lector y del actor, y la constatación de que el teatro es un herramienta que se puede/debe utilizar en todos nuestros centros educativos porque confiere una dimensión tan grande a sus destinatarios que sobrepasa al hecho escolar en sí. El teatro da seguridad a nuestros alumnos y les permite crecer desde una perspectiva crítica, les hace vivir otras vidas proyectándose en unos personajes creados para ellos. Tan claros como estos, tan divertidos y misteriosos como estos, tan sutiles y al mismo tiempo, tan directos como estos, como los creados por Antonio de la Fuente Arjona en este sencillo pero apasionante libro.

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