N.º 4 Jugando al teatro. Teatro para niños y jóvenes

sumario

Crear, jugar, crecer en libertad: el taller de teatro infantil

Javier de Dios
Dramaturgo y profesor
del IES Antonio Machado (Alcalá de Henares)

Guillem D’EFAK,
Teoría y práctica del taller de teatro
Edición a cargo de Itziar Pascual
Madrid, ASSITEJ España, 2012.
102 pp. 12 €. ISBN: 978-84-616-2204-7.

Guillem d’Efak fue una figura esencial de la cultura mallorquina durante los últimos cuarenta años del siglo XX. Como indica Itziar Pascual en el prólogo a la obra, el término “polifacético” resulta escaso para referirnos a alguien que abordó múltiples oficios y ocupaciones y que creó desde diversos enfoques artísticos: actor, poeta, cantante ligado a la Nova Cançó, organizador de proyectos formativos para jóvenes en el ámbito artístico… Este impulso vital y la convicción de que el arte resulta esencial en la formación y el desarrollo de la personalidad constituyen la base sobre la que se asienta su Teoría y práctica del taller de teatro: una propuesta metodológica que se aleja de la concepción del taller como un proceso de producción y evaluación de un espectáculo final para orientarse hacia un lugar de libertad en el que se propician experiencias participativas que favorecen el desarrollo artístico y personal del niño. Es decir, el énfasis de la propuesta recae sobre la importancia del proceso y no sobre la excelencia del resultado. En palabras del autor: “Nuestro objetivo es el desarrollo de la personalidad del niño, lo cual sitúa en segundo plano el resultado artístico”.Los orígenes de esta línea de investigación en nuestro país en el ámbito de la enseñanza del teatro hay que situarlos en la labor realizada por Carme Aymerich, pedagoga que entendió la expresión como la capacidad humana para manifestar sentimientos y vivencias mediante el cuerpo. Tanto desde el plano teórico como desde la elaboración de talleres y cursos prácticos, el trabajo de Carme Aymerich no sólo resultó innovador en su tiempo (su desarrollo comienza a finales de los años cincuenta del siglo pasado), sino que orientó la atención hacia la importancia de la formación expresiva tanto de alumnos como de educadores y sentó los antecedentes fundamentales para que, en nuestros días y en nuestro entorno, pedagogos como Georges Laferrière y Tomás Motos hayan elaborado sus aportaciones a partir de esta idea: la creatividad y la capacidad expresiva pueden adquirirse, entrenarse y desarrollarse de la manera en que lo hacen las capacidades físicas o las habilidades técnicas. En este ámbito de la pedagogía de la expresión es donde hay que incluir la propuesta de Guillem d’Efak que reseñamos.

 El docente o monitor que se acerque a Teoría y práctica del taller de teatro buscando un simple repertorio de ejercicios para realizar en clase es posible que se sienta defraudado. No es que el libro no ofrezca esos ejercicios, es que el método de Guillem d’Efak apunta más lejos de la simple recopilación de juegos dramáticos: se orienta a cómo definir esencialmente un taller de teatro en todos sus elementos constitutivos fundamentales y a ejemplificar un método de trabajo para que después cada profesor y grupo de alumnos lo adapten a sus circunstancias específicas. En este sentido, la obra se convierte en un estímulo fabuloso para la imaginación y la voluntad del educador, cuya función a partir de la lectura de la obra no sería la de reproducir pautas sino la de crearlas a su propia conveniencia y la de sus alumnos sobre las orientaciones proporcionadas por d’Efak.

El autor define su metodología como psicodramática, entendida esta como una manera de que el niño llegue a la comprensión de la realidad mediante la acción, mediante actos que producen en él una liberación interior. Esa liberación de naturaleza catártica conduciría a una mejor comprensión de sí mismo y su entorno. A la acción y la liberación se une la percepción como tercer pilar de la metodología: la percepción conduce al descubrimiento y el descubrimiento es el alimento de la creatividad que, por su parte, nunca estará orientada a imitar la realidad. Para d’Efak, el taller de teatro no busca la emulación de las conductas de otros o la simple simulación de la realidad; su objetivo es crear libremente mediante la expresión y estimular la cooperación.

Y para que esa creación se desarrolle satisfactoriamente el autor le presta atención a una serie de elementos del taller sobre cuya enorme importancia hoy no albergamos duda alguna: el espacio –nunca escenario a la italiana–, que debe fomentar una atmósfera de confianza y libertad (pensemos en la relevancia de este elemento en investigaciones posteriores sobre el taller de teatro como las de Fernando Bercebal); la utilería, con la recomendación de tener a disposición de los niños un “baúl de los trastos” con objetos variopintos que faciliten el juego dramático; el tipo de ropa conveniente para la actividad; la escenografía, siempre creada por los niños y nunca figurativa o imitativa; la luminotecnia; la limitación de participantes a veinte y la idoneidad de los grupos mixtos… Quienes llevamos tiempo dedicándonos a la enseñanza del teatro sabemos bien que todas estas cuestiones que quizá parezcan secundarias pueden determinar el fracaso de un taller si no se orientan adecuadamente, de ahí que la importancia que les otorga d’Efak resulte casi visionaria respecto a los enfoques actuales.

En este mismo sentido conviene referirse especialmente al modo en que el autor concibe al monitor del taller como alguien que no impone pautas y nunca está seguro de nada, que experimenta constantemente y está atento a todo lo que ocurre para anotarlo y reflexionar sobre ello cara al siguiente paso del proceso. Un tipo de monitor que coincide plenamente con las ideas de Carme Aymerich y con las características del profesional al que Georges Laferrière llama artista-pedagogo.

Si atendemos a la organización del proceso de aprendizaje, Teoría y práctica del taller de teatro nos propone una sistematización de la enseñanza teatral para niños que parte de la creación de un clima de confianza (labor para la que d’Efak destaca la importancia del cuento y las marionetas); continúa con el juego dramático (“un juego de crear y creer”) en el que el niño debe observar, seleccionar, participar interiormente, visualizar y reconocer sus sentimientos, tomar decisiones y resolver situaciones; sigue con el trabajo sobre situaciones e incidentes dramáticos; y culmina con la elaboración de guiones –entendido ese guion como “agente de provocación de la creatividad escénica y de la improvisación oral”– y de pequeños textos teatrales en los que, junto a la palabra y la estructura clásica, tiene cabida la visión de Artaud del lenguaje teatral como lenguaje en el espacio. Las técnicas que se emplean a lo largo de todo este proceso siempre poseen un componente lúdico –y este es otro punto coincidente con la Pedagogía de la expresión–. Por mencionar alguna de ellas y para que el lector reciba una idea concreta de la orientación pedagógica de la obra, resulta significativa la técnica de rotación de personajes: en una misma situación el niño va pasando por la interpretación de los diversos personajes que intervienen en ella; es de esperar que se potencie así la empatía sobre los distintos puntos de vista en conflicto y, finalmente, pueda producirse una modificación del impulso inicial que hubiera llevado al niño a actuar sin tener en cuenta las razones y emociones del otro. Al haberse puesto en el lugar del otro, el niño habrá tenido opción de comprenderlo y, en última instancia, de valorar y modificar sus propios actos.

En los apéndices finales del libro el lector encuentra prácticas de taller, ejercicios psicofísicos y guiones creados en talleres impartidos por d’Efak que completan la visión metodológica con aplicaciones prácticas. Concluyen así estas orientaciones acerca del Taller de Teatro que Itziar Pascual ha presentado y contextualizado impecablemente en la edición que nos ocupa.

En definitiva, Teoría y práctica del taller de teatro es una obra que, desde planteamientos compartidos con la Pedagogía de la expresión, se presenta como guía de trabajo y estímulo excelente para todos los monitores y educadores que deseen trabajar con niños y conciban la pedagogía del teatro como un proceso hacia el desarrollo personal, la experiencia de la creatividad y la convivencia con el grupo. La finalidad de este trabajo es, en palabras de D’Efak, “la educación del cuerpo, de los sentimientos y del espíritu. Si, de paso, conseguimos un resultado artístico, habremos dado con el sustituto del inane sainete híbrido y de la estúpida fiestecita de final de curso”.

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