N.º 3 De aquí y de ahora. Teatro Español contemporáneo

sumario

María VELASCO. La ceremonia de la confusiónLa Movida vista
desde el tanatorio

Eileen J. Doll
Loyola University New Orleans

María VELASCO,
La ceremonia de la confusión
Madrid, Centro Dramático Nacional, 2013.
Col. “Autores en el Centro”, 9. 110 pp.
ISBN: 978-84-9041-013-4.

Al pensar en ceremonias, con frecuencia evocamos las relacionadas con la muerte, así como otros ritos tradicionales que se celebran a lo largo de la vida: nacimiento, momentos importantes de la vida religiosa (bautismo, primera comunión, bar mitzvá, etc.), matrimonio, muerte. Muchas veces las conversaciones más trascendentales suceden durante un velatorio, entre risas y lamentos. Así se presenta una visión no sentimental, sino irónica y, quizás por eso, más realista, de un movimiento cultural de la transición a la democracia española. La dramaturga María Velasco, joven pero establecida en las tablas, muestra su talento otra vez con esta pieza dentro de la serie Autores en el Centro, del Centro Dramático Nacional.

Hay varias fotos excelentes de la representación de dicha obra en el Teatro Valle-Inclán (Madrid) del Centro Dramático Nacional, donde se estrenó el 13 de marzo de 2013. El director fue Jesús Cracio y el asesor de dramaturgia, Ignacio García May. Este elemento visual ayuda a la lectora a imaginar la representación, y se espera que sirva de inspiración a futuros estrenos.

La publicación incluye un prólogo de Yolanda Pallín, “Todo lo contrario” (pp. 9-18), en el que discurre sobre la dialéctica teatral. Pallín califica como buen teatro la obra que prologa, indicando cómo Velasco plantea varias preguntas y contradicciones que no resuelve ni trata de resolver. La frase suya que, en mi opinión, resume sucintamente lo que acontece en esta pieza es la siguiente: “La ceremonia de la confusión habla de un presente incógnito para sus propios habitantes que cree trascender a través de un pasado significativo” (p. 11). Pallín destaca el viaje interior para revisar este pasado, sin entrar en sensiblería ni revisionismo histórico.

La dramaturga explica su selección del tema y el proceso creativo en una Nota de la autora, “¿Y por qué la Movida?” (pp. 21-26). Aquí confronta directamente las posibles críticas de por qué le interesa una época que ella no vivió, con el argumento de que cualquier historiador hace lo mismo y nadie lo cuestiona. Personalmente, me alegro de que a Velasco le haya interesado la Movida, porque nos presenta una visión fresca y original de un momento igualmente original de la cultura española. En su explicación, destaca la necesidad de mirar hacia el momento de origen para encontrar la causa del pesimismo actual, lo cual me parece razonable y saludable.

No es la primera vez que esta dramaturga muestra su interés por la cultura del pasado reciente –historia para ella, pero vida pasada para sus mayores–. Günter, un destripador en Viena (2009) y Perros en danza (2010) tratan de los Accionistas Vieneses de mediados del siglo XX y de la Segunda República rememorados por los habitantes de una residencia de ancianos, respectivamente. Velasco se acerca a la cultura popular, la historia nacional e internacional, de una manera intimista, partiendo de la perspectiva de individuos. Construye a sus personajes como independientes, con voces propias. Son ellos los que presentan sus opiniones sobre la época, la cultura y su participación en ella. En vez de tomar parte en la discusión sobre los acontecimientos, la dramaturga hace una presentación directa, con todas las contusiones y cicatrices, evitando la mirada nostálgica. Utiliza con frecuencia y con buen efecto el humor, a menudo en situaciones que pueden resultar tristes o trágicas sin este toque cómico. Los espectadores y lectores de su obra experimentan las distintas perspectivas y pueden formar su propia opinión sobre este pasado.

Los personajes de La ceremonia de la confusión se reúnen en el tanatorio, hasta cierto punto por accidente. Se ha muerto El Negro y su pareja joven, Pau, se encuentra en el bar del tanatorio con Olga, quien todavía no se ha despedido de la Movida. Olga no sabía nada de la muerte de su viejo compañero, pero los otros dos personajes, sí. Las escenas son fragmentarias, con un aspecto onírico interesante, creando así un ambiente de irrealidad apropiado para la situación y el espacio. Algunos de los intercambios no tienen mucho sentido racional, porque son más bien frases entrecruzadas que conversaciones. La Movida fue la etapa vivida más intensamente por este grupo y lamentan su vejez y la de la España actual. Incluso Pau, que no vivió la Movida, lamenta su paso, aunque se da cuenta de que es una locura: “¿Se puede tener nostalgia de una época que no se ha vivido?” (p. 108). El cuerpo presente subraya el hecho de que la época ha muerto, el momento ha pasado, fue bonito pero ya se acabó. Una de las paradojas presentes en la obra consiste en la decadencia: positiva y liberadora en la juventud, física y degradante con los años.

¿Qué es lo que Velasco nos quiere decir con esta colección de personajes curiosos? Hay que gozar de la vida mientras se puede, pero hay mucho más aquí. El contraste entre la mujer que no ha salido del ambiente de parranda a pesar de sus cincuenta años y el señor de traje y corbata, viejo compañero que ha vuelto a lo tradicional, dice mucho más que las palabras de estos personajes. Un sueño ha envejecido y los dos personajes han vivido el fracaso, dentro o fuera de la “filosofía” de la Movida. Por otro lado, la Movida se ha hecho mito, y al ver al Negro muerto, desmitificado y re-humanizado, se ve la posibilidad de considerar ese movimiento desde una perspectiva más accesible y realista.

La música adquiere un papel importante en la obra, desde el punto de vista del tema y de la estructura. En varias escenas, uno o más de los personajes canta(n) música de esa década, canciones que tenían su importancia en relación con el contexto social de la pieza, según Yolanda Pallín. En términos del diálogo, muchas veces las canciones sustituyen a las palabras, expresando nítidamente los sentimientos envueltos en forma subversiva. Evocan las fiestas a la vez que subvierten la alegría desbordante de la Transición. Velasco utiliza magistralmente el lenguaje, presentando frases memorables que llegan al corazón de la Movida y del pesimismo actual.

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