N.º 1 Pasando revista. Revistas teatrales

sumario

Jesús CAMPOS. Un hombre de, con y para el teatro. Revista ESTRENO.La verdad y la belleza de las palabras

Francisco Gutiérrez Carbajo
Universidad Nacional de Educación a Distancia

Jesús CAMPOS. Un hombre de, con y para el teatro.
Revista ESTRENO.
Primavera 2012. Vol. XXXVIII, nº 1
Ed. Ohio Wesleyan University.

El número de la revista Estreno correspondiente a la primavera de 2012 nos depara, como ya es habitual en esta publicación, excelentes investigaciones y creaciones teatrales. Helen Freear-Papio nos informa del Congreso Internacional, celebrado del 13 al 15 de octubre de 2011 en el Austin College, y centrado en el personaje en el teatro español contemporáneo. Con la correcta organización de Lourdes Bueno, John P. Gabriele y Candyce Leonard, intervinieron los dramaturgos Jerónimo López Mozo, Diana de Paco Serrano y Juan Pablo Heras González, los investigadores Anita L. Johnson, Pilar Pérez Serrano, Greta Trautman, Candyce Leonard, Lourdes Bueno, Rossana Fialdini Zambrano, Iride Lamartina-Lens, Barbara Buedel, Eileen J. Doll, Bernardo Antonio González, Nuria Ibáñez, Alison Guzmán, Michael Thompson, Diego del Pozo, Rick Hite, John P. Gabriele, Linda Materna, Polly Hodge, Komla Aggor, Susan Berardini y la dramaturga Carmen Resino a través de videoconferencia. Las ponencias magistrales se completaron con lecturas dramatizadas y otras actividades.

Magistral es realmente el trabajo de Francisca Vilches de Frutos, «Los caminos de la igualdad: Olimpia de Gouges o La pasión de existir, de Margarita Borja y Diana Raznovich, entre la historia y el mito». Vilches de Frutos, pionera en tantas líneas de investigación en el teatro español contemporáneo, lo es también en el estudio de la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo y de sus producciones culturales y escénicas. En este contexto analiza la obra citada sobre Olimpia de Gouges, «una creación que reivindica el protagonismo de las mujeres en los procesos políticos, sociales y culturales, defiende la transmisión de imágenes y modelos de mujeres más positivos y aborda las distintas manifestaciones de la violencia de género». Resalta los momentos en los que se presentan hechos y situaciones de la vida de Olimpia pero también otros que las autoras han creado libremente para acentuar la continuidad del camino emprendido por la protagonista hasta el momento actual. Un vez más, la profesora Vilches de Frutos nos ofrece un ejemplo de su insobornable compromiso ético y de su excelencia investigadora.

Otra gran investigadora, Patricia W. O‘Connor, desentraña las auténticas dificultades que experimentaron los dramaturgos disidentes en «La España de Franco (1939-75)», con especial referencia a Buero Vallejo, Gala, Arrabal, Jesús Campos y otros autores. Los trabajos imprescindibles de Berta Muñoz Cáliz sobre la censura contribuyen de forma poderosa a que la «mirada» profunda y perspicaz de Patricia W. O’Connor y la perspectiva que nos ofrecen otros estudiosos de este lamentable asunto sea hoy más amplia y conocida.

El volumen incluye también el trabajo de José Manuel Reyes «El drama español de los siglos XX y XXI: bibliografía selecta del año 2009 (II)», la sección de reseñas, el exhaustivo recorrido por la dramaturgia de Jesús Campos que lleva a cabo Antonio Fernández Insuela en «Una mirada al transgresor teatro de Jesús Campos García», y la magnífica entrevista con el autor realizada por Virtudes Serrano.

En suma, el grueso de este número de Estreno —tal como se expone en el título— se dedica a Jesús Campos, del que se incluye la obra El profanador de sepulturas.

Jesús Campos es uno de los dramaturgos europeos que mejor sabe combinar la tradición con la vanguardia, el clasicismo con la modernidad. Se trata del modo de proceder que aconsejaba Nietzsche en El caminante y su sombra: el creador genial ha de conocer los modelos de los grandes creadores anteriores y ha de intentar vencerlos con gracia, de modo que se note al mismo tiempo la sujeción y la victoria. El mismo Jesús Campos lo confirma en la entrevista con Virtudes Serrano: «No hay nada tan agradecido como la tradición para hacer vanguardia». Esta magnífica simbiosis se produce en su creación dramática y también en su talante personal. Además, y aunque es sobradamente conocido, no parece impertinente recordar que Jesús Campos es un hombre de teatro completo: autor, actor, investigador, gestor y editor; al dramaturgo nada del oficio teatral le resulta ajeno. Por eso, sus obras se desarrollan en un universo tan rico, tan abierto, tan dinámico, tan sugerente, tan inspirador. Todo en Jesús Campos está unido e imbricado: para él, el mundo es en sí mismo una obra dramática y la vida, una representación.

La tradición y la vanguardia se dan cita de nuevo en El profanador de sepulturas, una parábola dramática repleta de componentes filosóficos, lingüísticos, políticos e históricos.

Con una indagación en los campos de filosofía y la lingüística se inicia la obra, reflexionando sobre la palabra y el hablar. «Habla y serás», dice un proverbio chino, pero el hablar tampoco es una garantía segura de comunicación. El hecho de que autores tan perspicaces como A.K. Kennedy, en El diálogo dramático incluya, entre los diversos tipos de discursos, «el diálogo de sordos» —del que existen muestras en esta pieza— es un ejemplo de la frecuente falta de reversibilidad entre las palabras de los comunicantes. Que estos «comunicantes» en El profanador de sepulturas, y en otras obras de Campos, no sean individuos concretos sino tipo genéricos, contribuye a lograr mayor simbolismo, esencialidad y universalidad.

Como observa el doctor Postgate, a través de toda la historia de la raza humana, la cuestión que ha despertado más inquietudes es la de la correspondencia entre las palabras y los hechos. Se trata según Ogden y Richards, del problema del significado o del sentido. «Yo doy la palabra, no tengo por qué darle un sentido», le dice el Visitante al Hombre, para quien las palabras «son como vestimentas que se destiñen, se arrugan». A esta forma tan plástica de plantear cuestiones gnoseológicas y ontológicas, se recurre también en la obra para indagar en el problema de tiempo, con una perspectiva más sartreana que bergsoniana («es el tiempo el que teje la telaraña trampa»). Con esa dimensión filosófica se plantea el problema del ser y de la nada: «Y cuando digo “nada” no me estoy refiriendo a una nada cualquiera, sino a la nada más absoluta». Y frente a un posible nihilismo, la más profunda ratificación existencial: «Lo importante no es permanecer sino haber vivido».

El tiempo está asociado a la memoria, y en esta obra se plantea —no de manera explícita sino indirecta, como se refleja Medusa en el escudo de Perseo—, el debatido asunto de la memoria histórica. Es la forma más atinada de presentar este asunto, desenfocado por muchos narradores, a fuerza de intentar ser realistas. Pero en Campos la memoria adquiere también una dimensión mental, neurológica, al igual que el desvarío, la muerte, la realidad. Frente a las pretensiones cientificistas del Visitante, «lo que no es constatable, no es científico», el Hombre se permite una epojé, que en definitiva resulta más coherente con la física actual, que no trabaja con lo que es empíricamente constatable.

Lo filosófico se une con lo literario y con lo metaliterario en la construcción de metáforas como las de la isla, el mar, la toalla, la paloma, la telaraña, no muy alejada esta última del universo de Kafka. Todo ello mostrado magníficamente mediante la dialéctica de la realidad y de la ficción, o mejor, de lo ficcional y de lo factual (lo constatable).

Situaciones y personajes encerrados en un lugar hermético, debatiéndose entre la aporía, que ya en Sócrates y en Derrida remite al sentido etimológico de «camino sin salida», y la necesidad del deambular, luchando entre la oscuridad del muro y la luz de la ventana. Al final «un sinfín de palomas vuelan, sin rumbo fijo, en todas direcciones».

Y siempre privilegiando la belleza de lo natural frente al artificio, la grandeza de la entonación lúdica frente a la grave, evitando caer en la solemnidad, como nos dice el autor en las «Notas para la puesta en escena».

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