N.º 1 Cuéntame. Entrevista

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Ignacio Pajón, director de Ediciones AntígonaIgnacio Pajón,
director de
Ediciones Antígona

Juan Carlos Rubio
Dramaturgo

Es un placer entrevistar a Ignacio Pajón. ¿Por qué? Porque, además de buen amigo, le considero un buen autor teatral y un buen editor, tres «papeles» no tan fáciles de «interpretar» por separado y, mucho menos, que coincidan en la misma persona. Conocí a Ignacio en la Asociación de Autores de Teatro y ambos colaboramos, desde hace años, y junto a otros autores, en una plataforma creada para desarrollar proyectos que puedan ayudar a la difusión de la autoría contemporánea española. Desde el primer momento me apabulló su versátil y excelente curriculum: doctor en filosofía, profesor de Filosofía Antigua en la Universidad Complutense de Madrid, autor de diversos ensayos y obras de narrativa, entre los que destacan Fenomenología de la incertidumbre (2002) y Tempus fugit (2008), y como dramaturgo, El muérdago (2002), Cualquier lugar, cualquier día (2006), Defensa nacional (2010), Un juego de niños (2010), Eternidad (2011) o El troquel (2012), para cuya edición tuve el honor de escribir el prólogo; textos que han sido representados en varias ocasiones y han sido traducidos y publicados en Francia y Estados Unidos. Por lo tanto, insisto, al proponerme entrevistar a Ignacio acepté encantado. Eso sí, deberíamos dejar a un lado su buen hacer como amigo y dramaturgo y centrarnos en su labor como director literario de Ediciones Antígona.

Lo primero, ¿por qué el nombre de Antígona a tu editorial? ¿Es tan trágico ser editor?

¡Sí! ¡Y más si editas teatro! Es una tarea de locos, sobre todo en un momento como el actual, en el que parece que siempre estuviera todo en riesgo de venirse abajo. Pero también es un trabajo gratificante que todos los días te reserva una nueva sorpresa. El nombre surgió de forma natural. No podíamos llamarnos con mejor nombre si queríamos expresar la pasión, la profundidad y la belleza del texto teatral. Todos los que formamos Ediciones Antígona estuvimos de acuerdo desde el primer momento en llamarnos así.

¿Hay autores contemporáneos españoles?

Los hay, y muchos, y además muy buenos. En estos momentos conviven en nuestra dramaturgia varias generaciones brillantes. Pero la que más me llama la atención como editor y como lector es la más reciente. Algunos de los mejores escritores jóvenes del momento, gente con mucha capacidad y mucho talento, se están centrando mayoritariamente o incluso en exclusiva en escribir teatro. No sé si es una confluencia casual o si se debe a algo que tiene el teatro y que hoy es más útil que nunca para expresar lo que está ocurriendo, pero sea cual sea el motivo, augura un futuro excelente para nuestra literatura teatral. Estoy seguro de que los frutos no tardarán en verse, y que la generación de dramaturgos nacidos en los setenta y ochenta pronto va a empezar a despuntar, porque si tienen algo en común es lo bien que escriben.

¿Hay mercado internacional para el libro de teatro?

El mercado del libro en castellano es muy amplio, pero la porción que corresponde al libro teatral todavía tiene que crecer. La situación económica internacional no lo está poniendo muy fácil. Es difícil para cualquier editor español llegar a las librerías latinoamericanas, y más si tratas de llegar con un producto que se aleja del típico superventas vacío. Pero lo que es indudable es que hay internacionalmente mucho lector con ganas de que lleguen a sus manos libros de calidad. Ahora está en nuestras manos como autores, editores y distribuidores sortear las dificultades y responder como se merece a esa demanda.

¿Con qué criterio seleccionáis un título para la publicación?

Lo fundamental es siempre la calidad del texto. Un libro de teatro es, antes que nada, literatura, y tiene que ser buena literatura para encajar en nuestra colección. Es necesario que el potencial lector se pueda acercar al teatro, sea contemporáneo o sea clásico, con el mismo ánimo con el que se acerca a la narrativa, a la poesía o al ensayo. Por eso siempre animamos a todos los autores, en especial a los jóvenes, a que cuiden su escritura teatral tanto en cada parlamento de sus personajes como en sus acotaciones, y que piensen cuando escriben tanto en el futuro espectador, en el actor o en el director como en el futuro lector. Además, desde Ediciones Antígona tenemos la convicción de que es necesario dar cabida a todas las líneas en las que la escritura teatral se desarrolla. No queremos que nuestra colección se acabe centrando en una única forma de expresión. Por eso valoramos que los textos con los que trabajamos sean diversos en el fondo y en la forma. Que haya dramaturgia experimental y también clasicismo, comedia y drama, realismo y absurdo, textos largos y breves, y espero que pronto hasta teatro musical. Y que esa diversidad de estilos, de géneros y de temáticas permita reflejar la riqueza inmensa de la creación teatral actual en castellano.

Aunque «la belleza está en el interior», ¿qué importancia le das a la cubierta de los libros?

Las cubiertas son la imagen principal de un libro, su rostro, por así decirlo. En Europa ha habido en los últimos años una tendencia generalizada a descuidar el diseño de los libros de teatro, quizá porque se presupone que se trata de material de trabajo para las compañías. He llegado a ver ediciones de obras de compañeros alemanes, por ejemplo, que se limitan a poner el texto en papel, sin darle ningún valor añadido durante el proceso de edición. Pero un libro bien diseñado y bien concebido, con buena imagen de cubierta, buena maquetación y buena tipografía es igual de práctico para su trabajo por parte de los actores, y además se disfruta más como lectura.

Además, en todas las librerías hay un constante problema de espacio que lleva a las novedades a luchar entre ellas por un mínimo hueco en el que mostrarse, y el teatro como género no puede poner barreras de antemano que le lleven a llegar a ese mercado tan competitivo con una desventaja de partida. Por eso nos empeñamos en mejorar constantemente el diseño de nuestros libros, pulir su imagen, corregir una y otra vez el interior hasta que no tenga erratas y cuidar incluso los materiales con los que imprimimos empleando papel ecológico y de calidad, tanto para las cubiertas como para el interior. El libro, cualquier libro, tiene que ser un objeto artístico en sí mismo, una pequeña obra de arte. Y si conseguimos hacer bien nuestro trabajo como editores, el público no pasará indiferente por delante del lugar en el que el librero coloque una de nuestras ediciones.

¿Hay lectores de literatura dramática o el libro de teatro solo lo compran las personas muy cercanas a nuestra profesión?

Somos un gremio muy amplio y culturalmente muy inquieto. Los actores, los directores o los productores siempre tienen el oído atento a cualquier novedad interesante, y son compradores a los que siempre hay que tener en cuenta. Pero no me parece que hoy en día las editoriales teatrales podamos limitarnos al interior de la profesión como público objetivo. El teatro se escribe para que llegue a todo el mundo, sobre todo el texto dramático. Un manual de interpretación puede tener una vocación más gremial, pero una obra de teatro no debería cerrarse a ningún público. El objetivo es que la obra se lea, y cuanta más gente la lea, mejor.

Por suerte, nuestro Siglo de Oro dejó en la sociedad una conciencia importante de la presencia de textos teatrales. La primera piratería de nuestras letras surge en textos de teatro, y si eso fue así es porque había interés por acceder a aquellas obras. Todos somos herederos de aquel momento histórico y tenemos aún el teatro presente como material literario. El problema no es la falta de lectores potenciales; es el desconocimiento que padecen los autores actuales, por buenos que sean. Cuando el lector generalista busca teatro, vuelve a Lope de Vega o a Valle-Inclán porque nadie del panorama dramatúrgico actual le suena. Y ese es uno de los problemas que desde la profesión tenemos que tratar de remediar con urgencia dando toda la presencia social que podamos a nuestra dramaturgia viva.

Además de textos teatrales ¿qué más publica Antígona?

Nuestra colección más importante se centra en la filosofía. Igual que la colección de teatro, queremos que sea un medio para la difusión de las ideas más actuales y también para la recuperación de los textos clásicos menos conocidos. Personalmente tengo una vinculación muy profunda con los dos géneros. Divido mis esfuerzos desde hace años entre el teatro y la filosofía. Y creo que son dos campos en los que aún falta espacio editorial para toda la producción de calidad que se genera por parte de los escritores de este país. También publicamos ediciones escogidas de poesía y narrativa, y tenemos una colección de textos críticos en la que tiene cabida la crítica literaria, la histórica o la artística, pero que queremos orientar fundamentalmente a la publicación de textos de referencia en el campo de la crítica teatral.

Este año habéis participado por primera vez en la Feria del Libro de Madrid. ¿Qué tal fue la experiencia?

Intensa. Son quince días de locura en los que todo el esfuerzo se centra por entero en la Feria. Pero también una ventana directa al lector, una forma de tener contacto con él, tanto nosotros como nuestros autores, sin intermediarios de ningún tipo. Y el resultado ha sido estupendo. No solo por las ventas, que nosotros al ser la primera vez que participábamos no teníamos referencias previas con las que compararlas, sino sobre todo por el contacto humano con compradores, escritores, críticos y otros editores. Salimos encantados con la experiencia. Curiosamente éramos la única editorial de toda la Feria centrada de manera principal en el teatro, y nos parece que eso tiene que cambiar, y que otras editoriales y librerías teatrales tienen que empezar a apoyarnos en nuestro esfuerzo por dar presencia al teatro en ese evento. Sabemos que una caseta en la Feria es un esfuerzo para cualquier empresa pequeña porque también lo es para nosotros, pero no tenemos ninguna duda de que merece la pena.

Cuando publicas un texto tuyo, ¿te haces una edición crítica?

La verdad es que soy especialmente autocrítico cuando un texto mío acaba formando parte de mi fondo editorial. Es una responsabilidad añadida a la que suelo tener solo como editor o solo como dramaturgo. Hasta escribir el prólogo de un libro que yo edito me hace sentir esa responsabilidad extra. Pero siempre lo hago desde la convicción. Además, es verdad que acaban saliendo casi «ediciones críticas» porque reviso el texto casi hasta lo enfermizo, cotejo versiones anteriores, corrijo durante meses y me empeño en cada detalle de una forma mucho más intensa que cuando publico con otras editoriales.

¿Es el libro digital la peor pesadilla de un editor o es un amigo al que aún no se conoce lo suficiente?

Pues esa es todavía una gran pregunta sin contestar. La demanda del libro digital todavía es muy pequeña. Hasta hace muy poco yo consideraba al e-book como poco más que una herramienta de promoción del libro en papel. Como sistema de difusión de la existencia de un libro es muy efectivo, porque en pocos días desde el lanzamiento, si junto a la edición impresa se ha llevado a cabo la digital, el libro pasa a estar por todas partes en la red. Y el lector, que todavía es bastante reacio a comprar libro digital, lo busca en versión impresa en su librería habitual. Pero últimamente estoy viendo efectos de las ediciones digitales que me hacen pensar de manera distinta. Sobre todo, el libro digital está sirviendo, en el contexto de la edición en castellano, para saltar la barrera en la que se ha convertido el Océano Atlántico. La crisis, el encarecimiento de los transportes y las políticas contrarias a la importación de libros por parte de algunos países de Iberoamérica habían hecho casi imposible difundir allí materiales culturales que no dieran grandísimos beneficios económicos. El e-book, sorprendentemente, está colaborando a cerrar ese agujero de incomunicación cultural que se estaba abriendo entre los dos lados del «charco». Así que, desde mi punto de vista, no hay una sola palabra negativa que decir del libro digital.

¿Qué apoyos oficiales recibe Ediciones Antígona?

Hemos colaborado puntualmente con varios ministerios y con instituciones como el Instituto Camoes de Portugal en algunas ediciones concretas, y también hemos trabajado con algunas universidades. Todos los años participamos en el programa de apoyo a la edición del Ministerio de Cultura. Pero ayuda como tal no recibimos ninguna cuando nos constituimos como empresa, y todo el crecimiento que hemos tenido desde entonces se debe al trabajo constante de los que formamos la editorial.

Y por último, y en primicia: ¿Qué vas a decir al recoger el premio que la AAT va a entregar a Ediciones Antígona en el marco del Salón del libro Teatral, que se celebrará en diciembre en Mercartes? (cita que ningún profesional debería eludir)

Probablemente me atragantaré, toseré o se me caerá la estatuilla, pero lo que me gustaría ser capaz de decir es que tanto Ediciones Antígona como todo el mundo de la edición teatral tiene mucho que agradecer al Salón del Libro Teatral. Es un foro de encuentro de primer orden, y los editores tenemos que empezar a considerarlo como una herramienta básica en el crecimiento y la consolidación del tejido industrial y cultural del libro de teatro. Y también, por supuesto, me acordaré de toda la gente que hace posible día a día que Ediciones Antígona siga siendo un ejemplo vivo de la pasión y el empuje del gremio teatral, es decir, tanto los socios que integramos la editorial de manera directa como los diseñadores, maquetadores, correctores, evaluadores, impresores, distribuidores, colaboradores, libreros, autores, traductores y sobre todo los lectores.

Sí, Ignacio, sin duda que Ediciones Antígona es un ejemplo de pasión y profesionalidad y un claro referente en el panorama teatral español. Desde aquí celebramos no solo el premio que la AAT os ha concedido sino también que sigan existiendo profesionales como tú que luchan cada día por darle a nuestro oficio la categoría que se merece.

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