extra-n-1  Mujeres que cuentan [ESPECIAL AUTORAS]

 

AUTORAS

Teatro y aplauso

Concha Rodríguez

Espectáculo de Concha Rodríguez

Espectáculo de Concha Rodríguez.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

John Donne,
Devotions Upon Emergent Occasions 1624.

Quiero rescatar estas palabras, que inspiran y dan título a la novela Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway, y dedicar esta reflexión al hecho teatral, como un acto tremendamente humano y democrático.

El Teatro es el género democrático por excelencia. Teatro es diálogo. El dramaturgo observa y el espectador contempla. Es un todo. Teatro democrático que hace que el espectador se sienta libre, sienta compartidos sus problemas íntimos y cotidianos. Conseguir que un pueblo, expectante y atento, escuche el diálogo y encuentre la solución en nuestras tragedias o comedias, de sus propias comedias o tragedias, hace que cada aplauso sea un aplauso para ellos mismos.

Todo ser humano me suma y me resta. Escribir teatro, levantar el texto, la voz y llegar al espectador, que silencioso y expectante escucha. El aplauso que recibe el actor, el poeta, debe ser el aplauso que recibe el propio público. Cuando hay una gran ovación es cuando el espectador se convierte en actor de sus aplausos y receptor de ser parte de esa gran verdad que ha compartido. Cuando el espectador ve que su aplauso se suma al de los demás, ve también que su yo interior no está sólo. Que su sufrimiento, su deseo, su miedo, sus sospechas, su crítica son compartidas. O las más de las veces, cuando a través de un juego de niños solucionamos situaciones a través del diálogo, cuando damos punto y final a una situación por dura o divertida que parezca, cerramos una puerta para abrir otra.

El Teatro es necesario, vital.

Si nos remontamos a la Grecia clásica, la poesía lírica es la forma poética que expresa tradicionalmente un sentimiento intenso o una profunda reflexión; la poesía heroica es La vida de un héroe, cuando es digna de ser cantada por los poetas, ambas ideas como manifestaciones de la experiencia del yo individual. Y el Teatro es posterior y va más allá, es el Diálogo entre el coro y ese yo individual. Entre ese yo y el pueblo. Ese yo y el Todo.

Por lo que creo que el Teatro escrito por quien sea, hombre o mujer, posiblemente sea sólo Teatro.

Teatro, si queréis desde el prisma limpio de quien sí ve el polvo encima de los muebles, de quien necesita como el respirar el abrir ventanas, sacudir alfombras y airear las camas.

Teatro desde una madre y esposa, o que no ha sido madre, ni esposa, posiblemente sea Teatro desde la Mujer espectadora de las mujeres madres y esposas, pero también de padres y esposos y amigos y enemigos y ángeles de la guarda y hombres del saco.

Teatro desde una Mujer que se busca la vida como actriz desde su más temprana juventud seguramente es un Teatro que no encontró, donde la Mujer cuente desde su perspectiva, su mundo, ese mundo que está ahí, para ella enorme y pequeño, propio y ajeno, vivido y renegado; a veces dulce y placentero y las más veces inhóspito y macabro.

Teatro desde una Mujer que se sintió demasiado mayor a los 5 años, necesariamente debe ser un Teatro adulto, aunque lo entiendan todos. Debe ser jugar a las casitas, a los médicos, a los enamorados, a los juicios, a la bruja casposa, al corrupto y su séquito, al maltratador y su víctima callada, a las mentiras y secretos, a la que no quiere dejar de fumar, porque históricamente no le toca dejar de fumar; a quien se siente primitiva echando la Primitiva…

Teatro desde una Mujer filóloga, que ama la palabra y sólo entiende la economía desde el lenguaje, no usa ese formalismo vano y martilleante de nosotras y nosotros, dramaturgas y dramaturgos, miembras y miembros. Usa la palabra limpia para llegar antes y más.

Teatro, en definitiva, que tiene su razón de ser, si se comparte con el público, si llega y sana, soluciona, divierte, toca… y si al final consigue que el espectador con su aplauso se aplauda a sí mismo.

 

Concha RodríguezCONCHA RODRÍGUEZ
Almendralejo, 26-08-1967

Licenciada en Filosofía y Letras, en la especialidad de Filología Clásica. Dirige la compañía La Estampa Teatro, S.L.U. desde 1994, con la que estrena y protagoniza todas sus comedias. Dramaturga, directora de escena y actriz.

Entre sus comedias estrenadas/publicadas: La vida secreta de mamá, recibe el X Premio El Espectáculo Teatral 2015 y es editada en 2016 por Ediciones Irreverentes, junto a Última luna de abril; También editadas por Ediciones Irreverentes Efecto Dulcinea (2013) y el monólogo Tomando té después del yoga, dentro de La antología de comedia y humor (2015). Soltera, S.L.U. (2013), Última luna de abril (2011), Para Bellum (2009), Quiero contar (2008), Primitiva vanidad (2007), ¡Estáis quemadas! (2007), Dios te salve María (2006); Hoy viene a cenar mi sobrino el concejal (2004), es editada por la Editora Regional de Extremadura, estrenada en el Teatro Compa Gran Vía, de Madrid y segunda temporada en Teatro Nuevo Alcalá. Siete hembras sin piedad (2003), Doña bruja quiere amigos (2002), Nido de víboras (2000). Versiona El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare (1999); Traduce y versiona Los siete contra Tebas, de Esquilo (1992). Ambas estrenadas en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.

 

 

Artículo siguienteVer sumario

 


www.aat.es