extra-n-1  Mujeres que cuentan [ESPECIAL AUTORAS]

 

AUTORAS

Teatro contra la trata

Susana Sánchez
Codirectora, dramaturga, actriz y titiritera de la Cía. Clan de Bichos

Caperucitas: exclavas del lobo. Cía. Clan de Bichos.

Caperucitas: exclavas del lobo. Cía. Clan de Bichos.

Hace ya 10 años escribí una obra para hablar de la violencia de género porque Ismael Moreno, mi recién llegado marido uruguayo, estaba espeluznado ante la cantidad de mujeres que morían asesinadas por sus parejas en nuestro país. El extranjero muchas veces aprecia con mayor sensibilidad los horrores con los que uno convive. Él vio, además, que Otelo es la obra perfecta para plasmar en teatro la mezcla de celos, control, posesión, obsesiones y crimen, y le hubiera gustado interpretar a Shakespeare pero tuvo mala suerte: se casó con una Sánchez y en 2009 estrenamos Dónde Desdémona en la Sala Cuarta Pared. Deformamos con el caleidoscopio de su instinto y mi dramaturgia a los más temibles asesinos de mujeres de la literatura universal: Otelo, Barbazul, el Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Y así nació Gilles ”el Sonriente”, el presentador más famoso de la televisión que además es el torturador de su esposa y la espera, en la casa de ella, tras cumplirse los seis meses de la orden de alejamiento, donde le prepara una cena que será su reconciliación o su muerte.

El tema de la trata no lo elegimos en Clan de bichos. Fue una obra de encargo. Con la compañía llevábamos ya varios montajes de sensibilización y educación en valores sobre consumo responsable, comercio justo, objetivos de desarrollo del milenio, sostenibilidad y defensa de los derechos humanos. Las ONGDs [1] sin saberlo estaban promoviendo un campo escénico abandonado desde los teatros comerciales y demasiado marginal y escaso de público en los de pequeño formato: un teatro de profundo contenido social y político, un teatro llamado a conmover las conciencias y provocar un cambio de actitudes, un teatro revolucionario. Nuestro teatro resulta muy brechtiano: partimos del humor y utilizamos todo tipo de recursos escénicos (canciones originales en directo, audiovisuales, teatro de objetos, títeres, romper la cuarta pared). Con Clan de bichos hemos llegado a miles de espectadores de todas las edades, no sólo público familiar y campañas escolares con alumnado infantil, donde sí hay oferta escénica: sobre todo ha resultado fascinante la respuesta con los adolescente de ESO y Bachillerato de todo tipo de centros docentes, públicos, concertados y privados, de todo el país. Desde los millonarios colegios Sek hasta la población gitana de las Tres Mil viviendas de Sevilla, y nosotros en el escenario clamando por una justicia social y la construcción de un mundo donde las personas sean más importantes que el dinero.

Afortunadamente ahora parece que algunas salas se alertan y recuperan la urgencia de la denuncia social desde el teatro. Pero durante la última década, y a pesar de los recortes de un 70% del presupuesto en cooperación y desarrollo, fueron las ongds las que dieron el alimento básico a aquellos que lo necesitaban: comida para el cuerpo y teatro para el espíritu. Las ongds nos han dado la posibilidad de actuar ante miles de personas de perfiles insólitos, incluso aquellas que jamás van al teatro. Gracias a multitudinarias campañas escolares y de motivación al voluntariado de Cáritas, Ayuda en Acción, Proclade, Proyde, SED, Setem, La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, Cruz Roja, FIDE, Fuden y otras ONGDs que con nuestros espectáculos agradecían su tiempo y esfuerzo a miles de voluntarios de 18 a 81 años. Posiblemente, sin la ayuda desinteresada de todos ellos, dada la situación de extrema pobreza de una gran parte de la población de nuestro país, ya hubiera habido un estallido violento. Por ellos nuestro teatro denuncia las situaciones de injusticia creadas por la avaricia de los poderosos, pero también aplaude la actuación diaria e imprescindible de las personas honradas, las mismas que en su mayoría van poco o nada al teatro pero que lo disfrutan y aplauden cuando se les sirve en bandeja: adolescentes y voluntariado. Un público rehén en horario escolar y jornadas de solidaridad, en una programación ni comercial ni institucional, sólo desde el apoyo de estas ongds que apostaron con nosotros por el poder del teatro como herramienta transformadora. Tras llenar teatros principales como el de San Sebastián, Zamora, Burgos, Soria, el Juan Bravo de Segovia o el De Rojas de Toledo, centenares de centros culturales y otras tantas plazas, al no aparecer en las agendas oficiales pocos colegas teatreros saben de nuestras andanzas. El teatro social es el off del off.

En el 2011 la ongd Médicos del mundo nos hacía un encargo sobre un tema al que nunca, por terrorífico y ajeno, hubiéramos dedicado uno de nuestros montajes: la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Tardamos meses en documentarnos hasta estrenar Caperucitas, esclavas del lobo.

La trata es una realidad pavorosa que afecta a millones de personas en el mundo, mayoritariamente mujeres y niñas. Una realidad que supera todos los horrores: mujeres engañadas, raptadas, torturadas, violadas, amenazadas y obligadas a prostituirse. Al adentrarnos en el tema y estudiar los datos estuvimos a punto de rechazar el proyecto. Demasiado dolor, demasiada maldad, demasiado negocio a costa de seres humanos, demasiado horror y demasiado cerca, aquí y ahora. Por mucho que leyéramos, por mucho que nos informáramos, es imposible comunicar, ni en ficción, ni una milésima del espanto y el dolor que la trata conlleva. Decidimos seguir adelante. Eso sí, desde un distanciamiento, el que nos permite la ficción al estilizar personajes y situaciones: primero elegimos el cuento de Caperucita roja como símbolo no de la mujer desobediente, sino de la mujer engañada por el lobo y devorada por él. No debatiremos sobre prostitución, sólo sobre la trata, como “la cima de la violencia contra las mujeres”, según Médicos del mundo.

Con el cuento de Caperucita conseguimos algunas imágenes potentes: una cestita cargada de derechos humanos incumplidos, una gran capa de terciopelo rojo, un lobo voraz, un cazador ejecutor. Y como hilo conductor, en una sociedad futurista o paralela, audiovisual, cabaretera y kitch representamos un supuesto juicio legal televisado y en riguroso directo donde el público elige con los votos de sus móviles si el acusado del programa de hoy es culpable o no culpable, porque inocentes… inocentes no somos. En Clan de bichos lo aristotélico y naturalista solemos dejárselo al cine y la televisión, y nos gusta jugar en el teatro a pasarnos de rosca, al expresionismo, al esperpento, a destrozar la cuarta pared para obligar al espectador a estar alerta, no sea que un personaje se le acerque y le propine un beso, un zapatillazo o algo peor: una pregunta incómoda. Un teatro peligroso el nuestro, en el buen sentido. En el mal sentido el verdadero peligro lo padecen las millones de víctimas de trata en todo el mundo, aquí y ahora.

Cantando arrancamos: “Si es oficio o vicio/ vais a discernir/ este autoservicio de la carne/ del mal vivir”. Tenemos la estética gótica de Caperucita; tenemos un juicio legal en una puesta en escena que nos permite mezclar audiovisuales, grabaciones en directo y teatro de objetos y muñecos; tenemos los personajes: el proxeneta, la captadora, el cliente, la víctima, incluso el alcalde, basado en un personaje real de un político que pidió a los 3 prostíbulos cercanos un “donativo” para el ayuntamiento para paliar la mala fama que daban a su pueblo, con el beneplácito de los ciudadanos, por cierto. Tenemos a la presentadora del programa, frívola, inmoral, hipócrita y divertida, como tele misma. Lo lógico sería juzgar al proxeneta, al cómplice, o acaso al cliente (ahora que en algunas comunidades se le multa), a los responsables, a los “malos”. Pero en Clan de bichos no nos gusta demasiado lo realista, ni lo previsible. Sí lo verosímil, y fue Ismael quien resolvió el acusado de nuestro falso juicio televisivo: Magdalena G. Punto, una mujer que a pesar de haber sido raptada, golpeada, violada y amenazada de muerte, no ha consentido en prostituirse. Esta desestructuración es lo primero que choca al espectador. ¿Pero por qué? ¿Por qué juzgar a la víctima? ¿Por el hecho de no ocupar el puesto que le corresponde en nuestra sociedad del super super superbienestar? ¿Qué sería de nuestro sistema si un día las víctimas del mismo decidieran dejar de serlo?

Por otra parte, Médicos del mundo tenía muy claro su destinatario, quiere llegar a un espectador muy concreto: al contrario que con el tema de la violencia doméstica, en este caso no nos dirigimos a la agredida para que denuncie ni prevenimos a la mujer potencial víctima de trata porque en nuestro país es insignificante la cifra de españolas que la padecen. Las víctimas de trata que ejercen en nuestro país son sudamericanas, africanas, asiáticas y del este de Europa. Y en la ley de la oferta y la demanda si España es receptor de víctimas de trata es porque hay clientes. A él nos dirigimos: a ese potencial cliente, sobre todo al joven que en su mayoría afirma convencido que jamás ser iría con una mujer víctima de trata. Pero, ¿sí lo haría con una prostituta que ejerce la prostitución “libremente”, tal vez en una fiesta de despedida de soltero, tal vez sólo en un chat de internet? En Caperucitas, esclavas del lobo nos preguntamos: ¿Es posible distinguir a una mujer que ejerce la prostitución de otra que lo hace obligada?. La respuesta nos la da el público y siempre ha sido la misma: No, no se puede asegurar que una mujer que ejerce la prostitución no es víctima de la extorsión de las mafias. Entonces, ¿serías capaz de pagar para tener sexo con una mujer que lo hace obligada por otro?

Tras el teatro, surge el debate: en el 2015 en el Teatro Casyc de Santander, donde fuimos gracias al esfuerzo de la Red Cántabra contra la trata, tras la función unas 200 personas, incluyendo estudiantes de bachillerato, participaron activamente en el debate. Algo parecido ocurrió en la Sala Obvio de Sevilla: el público no se iba, quería saber más, escuchar, preguntar. En Vitoria, tras la representación, un ingeniero treintañero se hizo inmediatamente voluntario de Médicos del mundo porque aseguró que la obra le había conmovido hasta el punto de no poder dejar de hacer algo para formar parte de la solución. El teatro entretiene y divierte, y esto es una faceta indispensable del mismo, pero cuando además logra CON-MOVER en el sentido no sólo de hacer sentir sino sobre todo de hacer HACER, de llamar al movimiento, cuando hemos visto que nuestro teatro ha despertado conciencias, empezando por las nuestras, ahí sabemos, como dijo Brecht, cuáles son los imprescindibles.

La obra Caperucitas, esclavas del lobo ha cruzado el charco y se ha estrenado con un elenco exclusivamente femenino de estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional de Morelos en México, una zona del planeta donde las jóvenes tiene un elevado riesgo de ser engañadas, raptadas, torturadas, violadas y amenazadas por parte del las mafias con fines de explotación sexual. Su objetivo al representarse allí es prevenir a las chicas para que tengan cuidado y no sean devoradas por los lobos. Aquí las caperucitas son todas extranjeras. Ojalá este tipo de teatro no fuera necesario, pero lo es y hay que hacerlo, urgentemente, aquí y allí, ahora. Para que no se cumplan las letras de nuestras canciones más dolorosas: “Antes de perder el juicio / tú túmbate y yo tu tumba cavaré / oh cabaret, oh cabaret, oh cabaret”.

 

Enlaces:

CAPERUCITAS: https://www.youtube.com/watch?v=FORQmCwwAQc

CAPERUCITAS tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=tirJEpqyNQc

TEATRO SOCIAL CLAN DE BICHOS: https://www.youtube.com/watch?v=4WQkmZjlWCE

web: www.clandebichos.com

 

 

Susana SánchezSUSANA SÁNCHEZ

Comediógrafa, periodista, guionista, directora de escena, compositora, actriz, titiritera y clown de la compañía que funda junto al director y escenógrafo uruguayo Ismael Moreno: CLAN DE BICHOS (www.clandebichos.com).

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y en Dramaturgia por la RESAD. Becada por la SGAE para realizar el Curso de Guión en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños Cuba (2002). Durante años compagina su trabajo como periodista cultural y guionista (Autoindefinits, Canal 9, A ver si llego, Tele 5, Carne cruda, RNE3, crítica teatral revista Godot) con la escritura de textos teatrales (Zaturecky, El huevo, La vida de Bin Laden, El viaje de Ajo, Café, Siempre fiesta, El niño listo). Desde 2007, y siempre en co-creación con Ismael Moreno, la Cía. de teatro CLAN DE BICHOS estrena sus textos: Cuenta atrás: El Rap de Irú, Dónde Desdémona, ¿¡Qué mosca te ha picado?!, 2015 Tiempo Vital, ¡Tú la llevas!, Caperucitas, Como una regadera, Agugutata. En la actualidad también imparte talleres de Eneagrama como herramienta para la creación del personaje de ficción, de Teatro social y educación en valores para docentes y alumnos de Primaria, Secundaria y Bachillerato y forma parte del equipo docente del Master de Dramaturgia de la AAT y la Universidad de Alcalá de Henares. El humor, un ritmo ágil, la estilización de los personajes y la crítica a los medios de comunicación de masas son algunas de sus señas de identidad.

 

 

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Notas

  1. Organización No Gubernamental para el Desarrollo.↵ Volver al texto

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