extra-n-1  Mujeres que cuentan [ESPECIAL AUTORAS]

 

EDITORAS

Ser visibles… esa es la cuestión

Conchita Piña
Ediciones Antígona

Conchita Piña, de la editorial Antígona, junto a tres de sus autores: Fernando J. López (izda.), Miguel del Arco y Denise Despeyroux.

Conchita Piña, de la editorial Antígona, junto a tres de sus autores: Fernando J. López (izda.), Miguel del Arco y Denise Despeyroux. 1

Cuando, hace ya diez años, Isaac Juncos nos invitó a Ignacio Pajón y a mí a participar en su editorial, no teníamos ni idea ―no tenía ni idea― de hacia dónde nos iba a conducir este viaje. Cuando estos mismos compañeros enseguida delegaron en mí la responsabilidad de vertebrar la colección de teatro de Ediciones Antígona, tampoco sabíamos ―sabía― la dimensión que iba a alcanzar este proyecto. Entonces, igual que ahora, luchábamos por darle al texto teatral el lugar justo que le corresponde. Hacer de esta bandera nuestra forma de vida, conllevaba, además, determinadas responsabilidades adquiridas una vez que tu profesión se ha convertido en el motor de acción y difusión de otros.

Así fue como al mismo tiempo que íbamos construyendo el catálogo ―no solo de la colección de teatro sino también de las otras que forman la línea editorial de Antígona, a saber, filosofía y crítica teatral―, íbamos creando un ideario personalísimo sobre el que asentar nuestra praxis de publicaciones. Gracias a él decidimos apostar por autores contemporáneos y voces nuevas en la dramaturgia. Nuestra propuesta fue tan bien acogida que nos permitió ir creciendo y hacernos un hueco importante dentro del sector.

De esta manera, defendiendo el texto teatral, hemos llegado a cumplir diez años casi sin darnos cuenta. Cuando un editor ―en este caso una editora― se pone a elaborar un catálogo en lo ultimo en lo que se fija es en el género de quien firma en su casa. De esta forma, atediendo a la calidad y no al sexo, hemos construido, hasta ahora, nuestra colección de teatro. Pero es cuando pasado este tiempo haces balance y ves la tremenda desigualdad entre la difusión de los textos de las dramaturgas frente a los de los dramaturgos, cuando tomas conciencia de la verdadera realidad a la que te enfrentas también en el mundo de la escritura. Entonces descubres que tu praxis se ha visto arrastrada por un statu quo que ha dejado de lado una cuestión que hoy me parece irrenunciable. La cuestión del género. La cuestión por la igualdad entre mujeres y hombres también en la literatura.

Analizando las cifras detectamos que ni siquiera el diez por ciento de las autorías eran femeninas. ¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿Cómo no nos hemos dado cuenta antes? ¿Es que no hay mujeres que escriban teatro? ¿Acaso no son buenas las propuestas de estas mujeres escritoras? Y buscando respuestas a estas preguntas, di con la clave fundamental: hay una menor visibilidad del trabajo que realizan las dramaturgas. Y desde esta premisa me puse a estudiar los datos de mi propia casa. De los textos que manejamos en la editorial apenas uno de cada treinta tienen firma femenina. ¿Por qué? No es, por supuesto, porque la calidad de lo que escriben sea menor, o porque los temas sobre los que trabajan carezcan de interés. No. Es simplemente porque no nos llegan.

Por eso decidimos abrir un camino de ida y vuelta. Si los textos no llegaban… tendría que salir a buscarlos. Y los encontré. Una de nuestras responsabilidades ahora, consiste en ser fieles a la realidad. Y no por una cuestión de «discriminación positiva», ni por pretender ser «políticamente correctos» o por «ajustar» una estadística. Mi empeño ahora solo se enfoca en dejar constancia del reflejo justo y fiel de la realidad de la dramaturgia española contemporánea. Por eso, muchas dramaturgas son ya parte de nuestro catálogo. Y vendrán más… hasta que sean todas las que tienen que ser.

¿Qué me encontré en esa búsquesda? Para mi sorpresa una gran cantidad de dramaturgas que configuran el panorama actual. Escritoras con voz propia, de distintas generaciones con inquietudes similares o con propuestas completamente diferentes, escritoras de comedias, de dramas, que escriben en la escena, que hablan de autoficción, escritoras que traducen, escritoras que además actúan, teóricas, escritoras de macros y de micros, escritoras que aún no saben que tienen en ellas el germen de una nueva dramaturgia. Dramaturgas, todas ellas valientes, indisciplinadas, guerreras, aristotélicas, irreverentes, clásicas y modernas, que estrenan en el off, que estrenan en los teatros nacionales, en los privados, que aún están esperando ser estrenadas o que están a punto de hacerlo. Todas mujeres, todas con un imaginario propio, con una necesidad de contar… y con la obligación de hacer y construir nuevos valores para la sociedad presente y futura. Con la responsabilidad moral de hacerse oír, de dejar de ser transparentes.

Porque el motor de cambio debe empezar en una misma, como un movimiento natural, construyendo en positivo; porque no debemos conquistar nada sino ocupar nuestro sitio; porque es importante dejar de trabajar en la sombra y hacernos visibles; porque los libros de Historia de la Literatura nos deben una; por todo esto y porque es mejor trabajar en equipo y sumar fuerzas en la misma dirección… mi casa, la casa Antígona, es, dramaturgas, vuestra casa.

 

Conchita PiñaCONCHITA PIÑA

Concha López Piña es Licenciada en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Directora de Ediciones Antígona, editorial especializada en Teatro y Filosofía. Directora del blog especializado en crítica teatral “Me lo dijo el apuntador”, poeta y performer.

Enlaces:
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Me lo dijo el apuntador

 

 

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