N.º 52Teatro español en el exilio

 

Panorama de la dramaturgia española exiliada en México[1]

M.ª Teresa Santa María
UNIR-GEXEL

 

Resulta muy difícil, como en otros campos y lugares del exilio español de 1939, realizar un panorama de obras y autores que contenga todas las posibilidades –tantas seguramente como personas–, y que realice una justificación literaria rigurosa de por qué aparecen tales títulos y dramaturgos. Quizás la razón de que, por tanto, en las próximas páginas tracemos más una visión panorámica, todo lo exhaustiva que hemos podido, y no tanto una selección de lo que podrían constituirse o entenderse como las obras más relevantes, pueda deberse a que algunas cuestiones relativas a la Literatura del Exilio Español de 1939 siguen “en construcción”. Y podemos considerarlo así, a pesar de los avances, novedades y grandes resultados que se han producido en los últimos años en la investigación (Heras y Ayuso, 2014; Aznar Soler y López García, 2016; Doménech, 2014), en general, de dicha literatura y, de modo particular, en la dramaturgia.

En efecto, dadas las dificultades para estrenar y publicar, así como la obligación de competir con los autores jóvenes y consagrados mexicanos de ese momento, la dramaturgia que nos ocupa aún permanece en esa nebulosa de “lo que podría haber sido” y, por tanto, vemos necesario resaltar qué obras se escribieron en México por exiliados españoles, más que destacar los grandes autores dramáticos de ese momento, lugar y circunstancias. No queremos dejar a nadie, pues en potencia existen aún autores y obras interesantes por descubrir.

Para iniciar este recorrido por la literatura dramática escrita por exiliados españoles en México, resulta fundamental basarnos en la distribución por “generaciones” que realiza Ricardo Doménech (2013, pp. 68-69) y que han seguido otros autores (Heras, Aznar y Murias, 2014). Con acierto, destaca Doménech esas diferencias entre los dramaturgos de todo el teatro del exilio y que es aplicable al que nos ocupa en estas páginas. En efecto, no es lo mismo la situación de los autores que se exiliaron con una dramaturgia y representaciones ya consolidadas a la de los llamados “segunda generación”, hijos de desterrados o exiliados muy jóvenes, cuyos intereses necesariamente irán por otros derroteros. Con esta clasificación en mente iremos viendo las figuras más destacadas dentro de cada apartado, junto con autores mucho menos conocidos; dramaturgos de amplia experiencia con autores que poseen una única obra dramática. Por otro lado, debido al espacio disponible nos ceñiremos a la llamada “Literatura dramática” y dejaremos un campo no menos interesante y rico: el de la puesta en escena y el de las personas (actores, directores, escenógrafos, músicos, etc.) que la hicieron posible.

 

1. NACIDOS EN LA DÉCADA DE 1880

Si empezamos nuestro recorrido por los más mayores, encontramos dentro de los “nacidos en la década de 1880” o “los mayores”, conviene destacar, en primer lugar, a León Felipe (1884-1968), seudónimo de Felipe Camino Galicia de la Rosa, quien alternó la poesía con la dramaturgia. En su teatro alterna las actualizaciones de mitos y versiones sobre obras anteriores, aportando siempre su impronta personal, junto con piezas alusivas al contexto político y social de su país de acogida. Cabe resaltar que aparecen publicadas en los años cincuenta y principios de los sesenta: La manzana (1951), Macbeth o el asesino del sueño. Paráfrasis (1954), No es cordero… que es cordera (1955), Dos obras: La Mordida y Tristán e Isolda (1960) y El Juglarón (1961).

Otros nombres que hay que tener en cuenta son los de Santiago Arisnea Lecea (1882-1965), quien tenía una larga carrera como dramaturgo que se vio truncada por la Guerra Civil y que solo consigue publicar su “intento de sainete hispano-mexicano” A México hemos venido, en 1957; y de Ramón de Belausteguigoitia (1891-1981), más conocido como ensayista y novelista, pero que publica La balada de la paz en 1971. Por otro lado, Sindulfo de la Fuente (1886-1956) estuvo desde su origen en El Mirlo Blanco y más tarde, con Rivas Cherif, en el Teatro Escuela de Arte (TEA). Dos de sus obras –la comedia El ruedo de Calatrava y El espejo–, fueron incluidas por Rivas Cherif en su proyecto del Teatro Club de México. El novelista y ensayista Benjamín Jarnés (1888-1949) publicó y estrenó Cardenio, en 1946.

Isabel en una conferencia en el Queen Mary II.

Isabel en una conferencia en el Queen Mary II. 1

Por último, podemos mencionar a Salvador Bartolozzi (1882-1950), que contaba con una dilatada carrera en España como escenógrafo y pintor. En la capital mexicana fue el promotor del Teatro Infantil de Bellas Artes donde, junto con Magda Donato, estrenó diversas obras, como La fantástica aventura de Cucuruchito y El retablo de maese Pedro de Falla. Josep Carné (1884-1970) estuvo poco tiempo en México como exiliado, pero homenajea a su país de acogida con su pieza, escrita en 1943, Misterio de Quanaxhuata, traducida luego al catalán con el título de El ben cofat i l’altre. Isabel Oyarzábal Smith (1878-1974), por su parte, publica en 1945 Diálogos con el dolor que incluía un cuento y nueve “ensayos dramáticos”.

 

2. LA GENERACIÓN DE LA REPÚBLICA

Cartel de San Juan, de Max Aub. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Centro Dramático Nacional.

Cartel de San Juan, de Max Aub. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Centro Dramático Nacional.

 

Entre los “nacidos hacia 1900” o la conocida también como “Generación de la República”, destaca la labor dramática de cinco dramaturgos. En primer lugar, Max Aub (1903-1972) inició su labor como dramaturgo junto a las Misiones Pedagógicas con algunas piezas de fuerte contenido político y social como Jácara del avaro o El agua no es del cielo y Las dos hermanas. Durante su exilio mexicano no olvida su faceta dramática, que compagina con la de novelista y ensayista. Su obra teatral es amplia y responde al planteamiento ético que impregna toda su producción literaria, entre las que destacan sus tragedias o dramas: San Juan (1943), La vida conyugal (1943), Morir por cerrar los ojos (1944), El rapto de Europa o Siempre se puede hacer algo (1945), Cara y cruz (1948), el monólogo De algún tiempo a esta parte (1949). Cabe destacar la publicación en tres libros de una serie de piezas en un acto, entre 1948 y 1950: Breve escala teatral para comprender mejor nuestro tiempo, I, que contiene nueve títulos: Tránsito, A la deriva, La vuelta, Los guerrilleros, Una criada, Los muertos, La cárcel, Una preposición decente y Los excelentes varones; Breve escala teatral para comprender mejor nuestro tiempo, II, que incluye otras nueve piezas Un anarquista, Uno de tanto, Un olvido, Los muertos (2ª parte), Uno no sabe nunca lo que lleva dentro, Tercer acto, El último piso, El puerto y Entremés del director; y Breve escala teatral para comprender mejor nuestro tiempo, III, donde aparecen Jácara del avaro, Monólogo del Papa, Dramoncillo y Comedia que no acaba. En los años cincuenta y sesenta decrece un poco su producción teatral, pero escribe Discurso de la plaza de la Concordia y Deseada, de 1950, NO (1952), Tres monólogos distintos y uno solo verdadero (1956) o María –publicada y censurada en 1961 en Madrid y ese mismo año completa en México–. También reedita alguna de sus obras anteriores en Obras en un acto (1960) o aparecen bajo el subtítulo de “Teatro incompleto” Las vueltas, tres piezas publicadas en 1965, pero escritas en 1948; El cerco, en 1968; Retrato de un general visto de medio cuerpo y vuelto hacia la izquierda, en 1969 y Los muertos en 1971.

Izquierda, El poeta y escritor madrileño José Bergamín. LOSA, J. (28 de mayo de 2015). Las reflexiones intempestivas de Bergamín. Recuperado de: https://www.publico.es. Derecha, Edición de La hija de Dios y La niña guerrillera de José Bergamín, en 1945, con dibujos de Picasso.

Izquierda, El poeta y escritor madrileño José Bergamín. LOSA, J. (28 de mayo de 2015). Las reflexiones intempestivas de Bergamín. 2 Derecha, Edición de La hija de Dios y La niña guerrillera de José Bergamín, en 1945, con dibujos de Picasso.

 

Otro dramaturgo destacado de este grupo es José Bergamín (1895-1983). El escritor madrileño posee una rica dramaturgia, ya iniciada durante los años veinte, que entronca con modelos clásicos grecolatinos, del Siglo de Oro español y de la tradición popular y literaria europea. Aunque solo consigue estrenar en México sus guiones para ballet – varios de ellos con música del también exiliado Rodolfo Halffter– y contribuye a crear la primera compañía de danza mexicana, en ese primer exilio y sus consiguientes en Uruguay y Francia, escribe una decena de obras de teatro: Tanto tienes cuanto esperas y El cielo padece fuerte o La muerte burlada (1944); La hija de Dios y La niña guerrillera, de 1945; la incompleta ¿A dónde iré que no tiemble?, de 1949; Melusina y el espejo o Una mujer con tres almas y Por qué tiene cuernos el diablo, de 1949; Medea, la encantadora, de 1954; La sangre de Antígona, con música de Salvador Bacarisse, de 1955; Los tejados de Madrid o El amor anduvo a gatas, de 1961; La cama, tumba del sueño, publicada en 1983; y la pieza, aún inédita, Donde una voz se apaga, de la que solo tenemos la traducción en francés con el título de Echo où es-tu?, de 1952. Con un dominio de las palabras, que se trasluce en el uso del verso y el lenguaje aforístico de muchas de sus obras, Bergamín actualiza y problematiza los problemas de su época y de siempre. También nos demuestra que nunca es tarde para ser representado, pues La sangre de Antígona llegó a Madrid en otoño de 2014, a través de la Compañía Nacional de Teatro de México, quien la estrenó en 2013 en México.

 

Luisa Carnés

Luisa Carnés. 3

 

Inauguración del parque Luisa Carnés 07-03-2019.

Inauguración del parque Luisa Carnés 07-03-2019. 4

Luisa Carnés (1905-1964) es una escritora y periodista, que consiguió estrenar durante la guerra Así empezó… En México escribe el monólogo Cumpleaños, publicado en 1951, y otras tres obras dramáticas escritas, que, al igual que las de José María Camps, son una visión crítica de la política internacional del momento: Los vendedores de miedo y Los bancos del Prado, escritas entre 1951 y 1954; y una tercera pieza, hoy perdida, que versaba sobre la revolución mexicana. Asimismo, Alejandro Casona (1903-1965) poseía una dilatada experiencia y varias obras estrenadas cuando partió al exilio. Aunque su país de acogida sería Argentina, en México estrena Prohibido suicidarse en primavera, con la compañía de Pepita Díaz y Manuel Collado, y aparece publicada su comedia El crimen de Lord Arturo, adaptación de la de la obra de Oscar Wilde, en 1951, así como el primer tomo de sus Obras completas para la editorial Aguilar, donde aparecen publicadas por primera vez, en 1954, Siete gritos en el mar y La tercera palabra. En quinto y último lugar, tenemos al destacado novelista y escritor Ramón J. Sender (1901-1982), quien también cultivó el teatro durante su breve estancia, a causa del exilio, en México. Sin embargo, el país americano le sirvió como inspiración para una de sus piezas teatrales, el retablo Hernán Cortés, que publicó en 1940 en la editorial que creó allí, Quetzal, y también en México saldría a la luz por primera vez, en 1958, El diantre: tragicomedia para el cine según un cuento de Andreiev.

Magda Donato

Magda Donato. 5

También destacan dos dramaturgas con una obra muy interesante y atractiva: Magda Donato (1902-1966) y Carlota O’Neill (1905-2000). La primera es compañera de Salvador Bartolozzi en los proyectos escénicos de teatro infantil que hemos comentado antes. Su nombre es el seudónimo de Carmen Eva Nelken y, por tanto, es hermana de la política Margarita Nelken. Su vinculación con el teatro es absoluta, así que promovió el teatro infantil en México, al estrenar en 1942, en el Palacio de Bellas Artes Pinocho en el país de los cuentos. Además, creó en México el Premio Magda Donato, para reconocer la labor de los jóvenes actores y autores teatrales y ella misma actuó en varias obras representadas en México, como Las sillas de Ionesco, por la que sería premiada por la Agrupación de Críticos de Teatro. Por su parte, Carlota O’Neill realiza en México la adaptación escénica de su novela Una mexicana en la guerra de España, bajo el título de Los que no pudieron huir (Drama de España), escrita en 1963, pero que no fue publicada hasta 1997. También aparecieron editadas otras piezas suyas: Teatro. Circe y los cerdos. Cómo fue España encadenada. Cuarta dimensión, en 1974; y Cinco maneras de morir, que incluye: Volver al origen, El café se ha enfriado, Dentro de una hora… ¡será mañana!, Hombre… asesino del hombre y Yo… no soy yo, de 1982. Además, se conoce la existencia de otras obras dramáticas suyas inéditas, como La prostituta cursi, Moscardón y Tacarigua.

También de esta generación es Antoniorrobles, seudónimo de Antonio Joaquín Robles Soler (1895-1983). Este escritor poseía antes de 1936 una consolidada carrera como autor de literatura infantil y consiguió en México publicar sus guiones radiofónicos del Teatro de Chapulín (Comedia para la radio) (1944). Su gran labor como cuentista y difusor de la literatura para niños fue dramatizada en Madrid, en 1980, con la obra Hoy de hoy de Milnovecientos hoy. Un juego con cuentos de Antoniorrobles. El poeta asturiano Matías Conde (1896-1982) escribe y publica en México su drama poético Me lo dijo el viento (1953), de fuertes reminiscencias lorquianas. Álvaro de Albornoz y Salas, (1901-1975), autor de un guion junto con José Herrera Petera, ¡Muera la inteligencia!, de 1943, logró estrenar durante la Guerra Civil ¡Sal, Francisco! (1938), en colaboración con Antonio Armenteras.

Julio Alejandro de Castro Cardús (1906-1995), aunque es más conocido como guionista de cine, junto a directores destacados como Luis Buñuel, escribió diversas obras de teatro: El termómetro marca los cuarenta, Shanghai-San Francisco: Barriada de Julio Alejandro; algunas de las cuales tuvieron tanto éxito en los escenarios de España a finales de los cuarenta, que provocaron que volviera a su exilio en México tras esa vuelta frustrada: El pozo y La familia Kabin, de 1948.

Manuel Altolaguirre (1905-1959), destacado poeta, guionista y editor de la Generación del 27, posee diversos textos dramáticos antes de la Guerra Civil y también escribe otras piezas durante su exilio en México, como El argumentista, Las viudas del impresor y Las maravillas, así como otras piezas inacabadas: Después del escándalo, Un día completo y El espacio interior.

También se puede incluir en este grupo a Agustí Bartra (1908-1982). Aunque escribe en catalán, algunas de sus obras las tradujo al español, como Odiseo –mezcla de prosa poética con textos dramatizados– y Cora y la granada, ambas basadas en mitos clásicos grecolatinos. Roc Boronat (1897-1965) es un destacado dramaturgo en lengua catalana, que se llegó exiliado a México en 1942. Consiguió el premio Ángel Guimerà por su pieza El preu de la covardia (1956) y el Ignasi Iglésias de 1949 con María. También son suyas otras obras: La vera llum (1955) y La ratlleta ondulada (1965) y otras inéditas: S.A.D.A.T. –estrenada por el Orfeó Català de México en 1963–, Retorn, L’obstacle, Els xiplers, L’àvia, Nit de Otel.lo, Maculació y Casipea.

Edición de Con vista a la bahía de Maruxa Vilalta.

Edición de Con vista a la bahía de Maruxa Vilalta.

También dentro de la dramaturgia en catalán merece la pena recordar a Josep Maria Poblet i Guarro, (1897-1980) quien residió poco tiempo en México, pero, además de ser actor y de traducir una de las obras dramáticas de Maruxa Vilalta, es el primero al que le publicaron una obra en catalán en ese país, Records vells i històries noves, en 1941, y estrenó también Laura, en 1943. Josep Roure-Torrent (1902-1955) solo tiene una obra de teatro en catalán publicada, L’oracle, en 1955, pero existe otra pieza dramática suya inédita: Encarnació.

Algunos escritores destacan en otros campos, pero escriben e incluso estrenan algunas de sus piezas en México. Tal es el caso del crítico taurino Enrique Bohórquez y Bohórquez (1903-1963) quien estrena en la Casa Regional Valenciana de México ¡Vaya un negocio! Otras comedias suyas son: No hables mal de los gitanos y Te di lo más que valía. También José Bolea Gorgonio (1903-1987) trabaja, sobre todo, como periodista y editor, pero logra representar en México Un pueblo sin ley, que se había estrenado en España bajo el título de Serranía. Rodolfo Halfter (1900-1987) es un músico que concibió varios ballets junto con José Bergamín: Don Lindo de Almería, La madrugada del panadero y Lluvia de toros, estrenadas en 1940; y también se representaron en el Palacio de Bellas Artes de México El renacuajo paseador, Elena la traicionera (1945) y Tonanzintla (1951). Así como José Ramón Arana (1906-1973), famoso por su narrativa y ensayos, pero que tiene también un texto dramático, Veturián, de 1951; y Juan Rejano (1903-1976), referente en la vida literaria y cultural del exilio en México, del que sabemos que posee varias obras teatrales inéditas y logró estrenar La puerta abierta, en 1949.

En la misma situación Arturo Perucho Badía (1902-1956) destaca por sus adaptaciones de novelas y guiones de ficción para la radio, pero posee tres textos inéditos de teatro en catalán: Sacrifici, La finestra oberta y L’home dintre la gàbia. Juan Sapiña Camaró (1905-1974) fue gerente de la editorial Renacimiento de México y tiene una obra de teatro en su haber, La última Virgen, “farsa lírica”, publicada en 1949. Mientras que Remedios Varo (1908-1963) es una pintora de referencia que posee, además, textos literarios de carácter surrealista y de diferentes géneros, incluido el teatral, algunos de los cuales fueron publicados tras su muerte, en 2010, bajo el título A veces escribo como si trazase un boceto. Aún permanece inédito Manuscrito sin título, escrito con Leonora Carrington.

Siguiendo con esta segunda generación de creadores, podemos citar a José Gomis Soler (1900-1971), que recibió en 1953 el Primer Premio del Concurso de Ópera Nacional de México por el libreto de Nenetzin y tiene en su haber algunas comedias:  La maestra, de 1948, y El libro de las quimeras, de 1950. Odó Hurtado Martí (1902-1965), narrador y dramaturgo, que estrenó en México Dos imágenes de Elvira, Don Gabino Peña, del sector privado –traducción al español de su obra Sinceritat– y Vendaval en 1958; Pedro Martínez Cartón (1905-1977), que publica en México su obra en un acto, Las hijas de don Juan; y Felipe Meliá Bernabeu (1898-1960), quien gozó de un gran éxito como dramaturgo en Valencia durante los años treinta. En México estrenó Alma torera en la Sala Ideal. También encontramos a Concha Méndez (1898-1986), escritora que cultivó la poesía y el teatro. Entre sus piezas dramáticas de este periodo están El solitario (1941), La caña y el tabaco (1942), El pez engañado. Ha corrido una estrella. La barandilla del cielo, publicadas póstumamente en 2006.

Para cerrar este grupo, merece la pena destacar la figura de Cipriano de Rivas Cherif (1891-1967). Hombre de teatro por antonomasia, intentó como director y creador llevar la escena allá donde estuviera, ya sea en el Penal del Dueso, ya en los diferentes países donde se exilió. Conviene sacar su nombre a colación porque, aunque llegó a México en 1953, intentó por todos los medios continuar con su faceta teatral y a él le debemos la continuación del TEA en México, la impartición de un Cursillo de Orientación en las Artes del Teatro Español en el Ateneo Español de México, sus adaptaciones y traducciones de obras dentro de la Sociedad de Altas Comedias, que creó en 1955. Pero no logra mantener otros proyectos escénicos relevantes, como el Teatro Club de México donde aspiraba a representar obras del exilio e irrepresentables en la España franquista, y para el que solo logra llevar a escena, en mayo de 1956, su Homenaje de los españoles en México al general Lázaro Cárdenas. Por esta razón no vuelve hasta 1961, con su nuevo proyecto Aula Mínima de Teatro-Escuela de Arte, para poner en escena sus representaciones en formato bululú, cerrando su etapa teatral y vital el estreno en 1967 de dos obras suyas: Trance en el Centro Asturiano y Transfusión de Sosías, en la sala El Cepo de la Librería Vallarta. Su Teatro (1926-1946) ha sido publicado en 2013 por el Centro Dramático Nacional, pero conocemos la existencia de varias piezas suyas aún inéditas: El espejo no hay por qué (1940), El resucitado (1941), Capicúa (1944), Comedia sin máscara de la Vera Paz (1945) y La sugestión (1965).

 

3. GENERACIÓN DEL 36

Obras de María Luisa Algarra.

Obras de María Luisa Algarra.

En tercer lugar, y formando parte de la “Generación del 36”, de aquellos escritores que nacieron en la primera década del siglo XX, hallamos los nombres y las correspondientes obras de María Luisa Algarra (1916-1957), cuya muerte prematura truncó una carrera dramática que logró triunfar en los escenarios mexicanos, con piezas como Primavera inútil (1944), Casandra o la llave sin puerta (1953), Los años de prueba (1954) –premio Juan Ruiz Alarcón–, y otros títulos publicados después de su muerte: Una pasión violenta unía (1996) y Sombra de alas (1997). Otra dramaturga importante de este grupo, Cecilia G. de Guilarte (1915-1989), fue una de las pocas exiliadas españolas que consiguió desarrollar su labor como periodista y escritora. Publicó varias obras de teatro: Contra el dragón –estrenada en el Palacio de Bellas Artes, en 1954– y La trampa, en 1958. Ambas se incluyen, junto con El camino y la cruz en 2001, bajo el título Trilogía dramática.

Manuel Andújar (1913-1994) destaca como gran narrador, pero posee diversas obras de teatro, publicadas en México: El Director General. Maruja (Dos apuntes escénicos de la guerra española) y Estamos en paz (Ensayos dramáticos). Y después, ¡no grites! (Apuntes escénicos de la guerra española), en 1942; y El Primer Juicio Final (Un auto sacramental de nuestro tiempo), Los Aniversarios (Relato escénico en cuatro cuadros), El Sueño Robado (Coro teatral en un acto), de 1962.  También José María Camps (1915-1975) fue uno de los pocos escritores exiliados que consiguió estrenar sus obras en los escenarios de México y de Alemania: Cámbieme, doctor (Ifis), en 1957; ¡Al fin solos!, en 1959; Columbus 1916, premiada en VII Festival de Teatro del Distrito Federal, en 1960, Cacería de un hombre, finalista del certamen del Centro Mexicano de Teatro, en 1961, y Víznar o muerte de un poeta, en 1963. También son obras dramáticas suyas: El Gran Tiangulis, El caso Sodoma y El complejo de Schahriar, de 1960; y El edicto de gracia, que le valió el Premio Lope de Vega en 1973; y publicadas póstumamente en la editorial Renacimiento, El brillo de la podredumbre y De un mundo muy distinto, que se habían estrenado en Alemania.

Álvaro Custodio (1914-1991) es una figura reconocida dentro del mundo del cine y del teatro en México. Fundó el Teatro Clásico de México, en 1953, y que dirigió hasta 1973. Durante esos años destacan las representaciones de obras clásicas –La Celestina, Fuenteovejuna o Hamlet– con montajes y propuestas escénicas muy innovadoras. Su papel como renovador escénico le lleva a escribir también diferentes obras, publicadas en México: Los muñecos no están de acuerdo, en 1972; La puerta del paraíso, en 1973; Los siete montes pelados, El milagro de las tres cruces y El patio de Monipodio, en 1973. Sobre mitos grecolatinos y precolombinos escribe El sacrificio de Panda-Murti (1983) y El regreso de Quetzalcóal (1990), respectivamente. Y también, tras su vuelta a España en 1979, publica Los nueve montes pelados o El milagro de las tres ciruelas, en 1990. Cabe destacar que en la actualidad haya un premio en México con su nombre para premiar la mejor dirección de escena teatral.

Por su parte, Álvaro Araúz (1911-1970) fue crítico y director de teatro, así como el fundador de siete colecciones teatrales en México. Como dramaturgo posee, además de versiones teatrales de obras de otros autores –La Mandrágora, versión de la obra de Maquiavelo, en 1955; Don Juan, sobre otra de Pushkin, en 1956–, piezas como: Proceso a Don Juan. Una tarde del 1958, de 1957; La reina sin sueño y Castilla vuelve a Castilla, de 1958; Sota, caballo, rey, de 1960; Medias palabras, de 1965; y Morir de pie y Doscientas veinte madrugadas de 1966. Mª José de Chopitea (1915-¿?) se involucró en la vida cultural de México, al colaborar en la prensa y participar en tertulias literarias con otros exiliados. Solo nos consta una pieza teatral, La dictadora, publicada en 1963. Francisco Fe Álvarez (1917-2007) posee diversas obras dramáticas: Danza para un niño difunto, en 1950; Tetralogía sobre un tema de danza, en 1952; Fausto 83-70, en 1987; y Ballet amorfo, Carnaval en el espejo, La danza de la muerte, en 1988; y estrena en 1967 Esta cosa de vivir.

Los hermanos Fernando (1920-1988) e Ignacio (1919-1975) Gaos y González Pola forman parte de una familia de exiliados y ambos cultivaron el género teatral. El primero publica en 1960 El pasado se mira en el espejo, que se había estrenado en 1954, y también Uno de tantos, representada en 1951 por el Ateneo Español de México. Su hermano, Ignacio, destaca más como traductor, y publica en México una pieza en 1966, escrita en francés, Coexistence pacifique. Ferrán de Pol (1911-1995) es un escritor en lengua catalana, que también cultivó el género teatral con La princesa que vivia a l’infern, pieza inédita.

Sigfredo Gordon Carmona (1910- ¿?) fue también crítico de teatro y posee obras publicadas e inéditas. Entre las primeras tenemos: Teatro: Los tres errores de Dios, El sexo en la sombra y Carne negra para la bestia blanca, 1961; Teatro: Cuando la noche acaba, Ese ansia infinita e Historia de un cadáver, 1962; Teatro: La Venus de sal, Una casa en lo alto y Los ojos llenos de niebla, 1963; Teatro: La difunta señora Cravioto, La muerte manda tres rosas y Cuando se murió Míster Topp; Teatro: Sol y sexo, Biografía de una amante, de 1964; Teatro: ¡Oh, el amor latino!, El primo de París y Un don Juan que se llama Pedro, 1965. Además, existen varias obras todavía inéditas: Mensajes de fin de año, Un pequeño viaje de ida y vuelta, Un crimen perfecto, Una sirena a medio ahogar, El secreto del amante aburrido, La llave de cristal, El otro yo de él, Una ventana y una estrella, Eso que llaman amor, El cielo bajo el tejado, El ojo del ciclón, El último fantasma, La estrella se desnuda, Unas pupilas verdes en el mar, El imán de la tierra, El hombre que regaló su automóvil, La rebelión de los espejos, El sol ni se enteró y La muchacha que soñaba azul. Paulino Masip (1925-1963) es un escritor y director de cine que también cultivó de forma esporádica el género teatral durante su exilio en México como las farsas El hombre que hizo un milagro (1944) y El emplazado (1949).

Por su parte, Juan Miguel de Mora Vaquerizo (1921) consiguió ver estrenadas varias obras suyas a partir de 1952, algunas de las cuales aún no se han publicado: Ariel y Calibán (1955) –segunda en el Concurso Nacional de Teatro Manuel Eduardo Gorostiza–, Un hombre de otro mundo (1956), El pájaro cantor vuelve al hogar (1956), Los héroes no van al frente (1957), Una cruz para cada hombre (Espartaco), de 1961, así como Primero en la luz (1967), que se estrenó en francés y ha sido emitida por radio y objeto de lecturas dramatizadas, y La Terre (Emiliano Zapata), representada en 1969. Asimismo, logra publicar en México: Primero en la luz, en 1955, y Plaza de las tres culturas, en 1978. Otros nombres que podemos citar, aunque con menor proyección dramática son Pedro F[ernández] Miret (1932-1988), más conocido como guionista, pero que posee una obra teatral inédita, Noche en Bruselas (1965) y otra publicada en 1967, Eclipse con explosión. En segundo lugar, Diego de Mesa y Gallardo (1912-1985) fundó con otros intelectuales y escritores el grupo “Poesía en voz alta” en 1956 y adaptó para dicho grupo Electra de Sófocles. Para finalizar, Ángel Miquel Alcaraz (1919-1995) escribió el poema dramático Cabora (1962), aunque su actividad literaria principal fue la poesía; mientras que Alfredo Pereña (1915-1959) escribió diversas obras dramáticas, aunque solo llegó a publicar La escoba verde y Cuento de hadas, en 1954.

 

4. DRAMATURGOS DE LA SEGUNDA GENERACIÓN DEL EXILIO

Por último, no podemos dejar de mencionar a los hijos de exiliados o “segunda generación”. A esta denominación se ajustan autores como Edmundo Domínguez Aragonés (1958-2014), que es hijo de un destacado sindicalista exiliado español. Entre las obras de diferentes géneros que escribió, podemos citar La vida se acaba en marzo: drama en dos actos (1991); así como Federico Arana (1940), hijo del escritor exiliado José Ramón Arana. Federico Arana ha cultivado diferentes facetas artísticas –novela, poesía, ensayo, pintura, cuentos–, entre las que no puede fallar el teatro, con la pieza Huitzilopochtli vs. los rocanroleros de las lenguas españolas, publicada en 1988.

José Ramón Enríquez recibe la medalla de las Bellas Artes de México en 2016.

José Ramón Enríquez recibe la medalla de las Bellas Artes de México en 2016.

Papel relevante dentro de este grupo de dramaturgos posee también José Ramón Enríquez (1945) cuya trayectoria es muy amplia y continúa hasta la fecha. Entre su dramaturgia encontramos piezas que tratan mitos y temas literarios o históricos: Héctor y Aquiles, 1979; El fuego: Ciudad sin sueño, Orestes parte y El fuego, 1985; Tres Ceremonias: Jubileo, Alicia y La Pasarela, de 1991; Nueve reflejos en los Siglos de Oro: La cueva de Montesinos, La manta que las cobija, La rodaja, Es uno de nosotros, Anárquica y dorada, El conjuro, Jinetes pa’ la frontera, Las visiones del rey Enrique IV y El filósofo, la monja y el bastardo, de 2001; El patio de Monipodio, de 2011; Tres obras de teatro para la ESAY: Medea en busca de actores, Pedro de Urdemalas y La gaviota, 2012. Otras obras publicadas suyas son: Lamentaciones. Loa para la ciudad que espera y Madre Juana, de 1987; La ardilla vuela, de 1995; Big Brother War! y Algo, de 2003; Guerrero en mi estudio, de 2010 y La expulsión, de 2011. La lista de obras representadas incluye algunas de las anteriores y otras como: Ritual de estío, en 1972; La tercera dinastía, en 1973; Leoncio y Lena, ópera basada en la obra de Büchner, en 1981; El mar y los pescaditos, en 1996; Jinetes pa’ la frontera, en 1998; Epifanio El Pasadazo y Matar chavitos, en 2003; Tres deseos pero ningún tranvía, en 2004; Del principio, el final, en 2005; La ardilla vuela, en 2010; Medea en busca de actores, en 2011; La expulsión, en 2012; Por mi duro corazón, en 2016; El corazón de la materia y Divina despierta, en 2017; El anarquista o los martes de Mallarmé, en 2018. También posee una serie de obras inéditas y sin representar: Cuauhtémoc, de 1991; Nuestras guerras, de 2008; Tierra y La tarantela, de 2009; Pequeño teatro del nuevo mundo, de 2010; Fuga hacia el norte, de 2011; Ritual de invierno y Malgré tout, de 2013.

Bernardo Giner de los Ríos Díez-Canedo (1940-1999) es hijo de dos miembros de familias de exiliados, Francisco Giner de los Ríos y María Luisa Díez-Canedo. Aunque destaca su labor como director, estrenó también una obra dramática, El Cubo: homenaje a Picasso, en la Facultad de Filosofía y Letras de México. Tomás Segovia (1927-2011), por otro lado, es conocido sobre todo por su poesía, pero durante su exilio en México escribió una pieza de teatro: Zamora bajo los astros (1959). El polifacético escritor Paco Ignacio Taibo I (1924-2008) fue director teatral y ganó como dramaturgo el Premio de Teatro El Heraldo de Oro por Los cazadores, estrenada en 1965.  Además de esta obra, publica en la capital azteca: El juglar y la cama (1967) y se estrena y publica en España Morir del todo (Crónica representable) en 1983.

Junto con José Ramón Enríquez, Maruxa Vilalta (1932-2014) constituye la dramaturga y directora más destacada de este grupo. Su obra de teatro se centra en temas diversos, desde los religiosos, –actualizados en muchos casos al momento actual: Francisco de Asís, Ignacio y los jesuitas, Jesucristo entre nosotros y Una voz en el desierto. Vida de San Jerónimo–; hasta los de crítica social y política, como 1910, Con vista a la bahía, Cuestión de narices, El 9; o de corte más filosófico-existencial como Los desorientados y Soliloquio del tiempo. Su obra ha sido estrenada con éxito, ha ganado diversos premios en México y está ampliamente editada y reeditada desde el inicio de su carrera: Primera antología de obras en un acto (1959), Segunda antología de obras en un acto, La última letra (monólogo) y Tercera antología de obras en un acto, en 1960; Soliloquio del tiempo (1964); Cinco obras de teatro (Un país feliz, Soliloquio del tiempo, Un día loco, La última letra, El 9), reunidas en 1970; Teatro (Los desorientados, Un país feliz, Soliloquio del tiempo, Un día loco, La última letra, El 9, Cuestión de narices, Esta noche juntos, amándonos tanto), en 1972; Dos obras de teatro (Una mujer, dos hombres y un balazo y Pequeña historia de horror – y de amor desenfrenado–), de 1984; Teatro II (Esta noche juntos, amándonos tanto, Nada como el piso 16, Historia de él, Una mujer, dos hombres y un balazo, Pequeña historia de horror –y de amor desenfrenado–), El té de los señores Mecier y En las Lomas, esa noche, en 1989; Francisco de Asís, 1993, que fue Premio de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro “Mejor Obra 1992”; El barco ebrio, 1995; Jesucristo entre nosotros, 1996; En blanco y negro. Ignacio y los jesuitas, 1997; Con vista a la bahía, 2010. Así como otras antologías de su teatro publicadas en 2002 y 2003 que dan testimonio del éxito alcanzado junto con el estreno de más de una docena de sus obras en México.

 

5. MODO DE TELÓN ¿FINAL?

Como podemos comprobar tras este recorrido, pocos son los autores que consiguen continuar con la carrera dramática anterior a su exilio en México. A los mayores, ya con una trayectoria bien definida y demostrada en España antes de la Guerra Civil, les resulta prácticamente imposible proseguir con el camino trazado, pues a sus propuestas que podrían considerarse ya “antiguas”, desde un punto de vista de relevo generacional, se une la edad ya avanzada de alguno de ellos al llegar al continente americano. Nos encontramos, sin embargo, con la excepción de León Felipe, que publica pero que no llegó a estrenar ninguna obra en los escenarios mexicanos. En la misma tierra de nadie parecen encontrarse los miembros del tercer grupo, los de la llamada “Generación del 36”, pues no llegaron con la madurez literaria y la experiencia escénica suficiente para afrontar la dureza que acompaña el ir buscando la voz propia, sin prescindir de cierta calidad literaria ni de intentar lograr el éxito de público. Esa difícil conjunción y equilibrio solo lo logran algunos pocos escogidos, pero con diferentes grados de éxito – María Luisa Algarra, José María Camps– y a veces, con un reconocimiento tardío, como en el caso de Álvaro Custodio.

San Juan

San Juan, de Max Aub. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Teatro María Guerrero, 1998. 6

En el polo opuesto nos encontramos a los dramaturgos de la llamada “Generación de la República” y a los de la “Segunda Generación”. Si bien no consiguieron representar en muchos casos sus obras sobre las tablas de México, muchos de ellos mantuvieron su estilo y la forma renovadora que irrumpió en los escenarios españoles a partir de la década de los veinte. Max Aub, José Bergamín, Luisa Carnés, Magda Donato, Carlota O’Neill y Rivas Cherif sabían qué teatro iban crear y representar: aquel que aunara calidad literaria y gusto popular, por lo que llevaron ese molde y cuño a su exilio. Si su voz ha sido callada y ninguneada durante varios años, una cierta dosis de esperanza puede renacer a partir de las representaciones que algunas de sus obras han tenido a finales del siglo XX y principios de este. Un regreso o “vuelta” a los escenarios españoles, entre los que destacamos la puesta en escena de San Juan de Max Aub en 1998 o la ya citada de La sangre de Antígona en 2014.

Por último, no podemos olvidar los casos como los de Maruxa Vilalta y José Ramón Enríquez, verdaderos ejemplos de cruce cultural y literario. Ellos dos, junto con otros hijos de exiliados, confirman que el fruto, aunque tarde, ha madurado y caído. Sus estrenos, publicaciones y su irrupción en los escenarios de México han provocado que sean considerados tanto españoles como mexicanos. Su éxito, no obstante, no apaga la sensación de fracaso de ese “teatro que pudo ser”, aquel que la trágica guerra civil desterró también de la escena española y que, lamentablemente, no ha podido volver tras el final del franquismo.

Confiamos, de todos modos, que esta situación sea el entreacto y no el telón final de ese teatro que se exilió a Francia, Argentina, Uruguay o México, entre otros países que acogieron a las personas, pero en algunos casos no pudieron entender ni dar cabida al talento escénico y dramático que les llegaba desde España.

 

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
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Carnés, L. (2002). Cumpleaños; Los bancos del Prado; Los vendedores de miedo. Madrid: Asociación de Directores de Escena de España.

Doménech, R. (2013). El teatro del exilio. Madrid: Cátedra.

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Recuperada de: https://www.tdx.cat/handle/10803/4880

_____ (2011). El teatro de José Bergamín. Madrid: Fundamentos..

 

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Notas

  1. Este estudio se inserta dentro del proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, “La historia de la literatura española y el exilio republicano de 1939: final”, (FFI2017-84768-R), cuyos investigadores principales son Manuel Aznar Soler y José Ramón López García.↵ Volver al texto
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  1. Fuente: https://donahaviadeser.blogspot.com↵ Ver foto
  2. Recuperado de: https://www.publico.es.↵ Ver foto
  3. Fuente: Martín Rodrigo, I. (14 de junio de 2017). Luisa Carnés, la escritora que no salía en la fotografía de la Generación del 27. Recuperado de https://www.abc.es↵ Ver foto
  4. Foto: María García. Fuente: https://es.wikipedia.org↵ Ver foto
  5. Fuente: (8 de febrero de 2018). Magda Donato, la eterna desconocida. Recuperado de https://ctxt.es↵ Ver foto
  6. Fotógrafo: Daniel Alonso. Fuente: Centro Dramático Nacional, INAEM.↵ Ver foto

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