N.º 52Teatro español en el exilio

 

LIBRO RECOMENDADO

Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939

Berta Muñoz Cáliz

Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García (eds.)
Sevilla, Renacimiento, col. Biblioteca del Exilio,
Anejos, n. 30, 2017. 4 vols.

 

Nos encontramos ante una obra excepcional, de manera que en esta ocasión hemos de hacer una excepción en  la sección que nos ocupa de Las Puertas del Drama –este “Libro recomendado” que tantas sorpresas interesantes nos ha ido descubriendo a lo largo de sus 55 números–, y reseñar un libro de reciente publicación en lugar de “recuperar” una obra antigua que merece ser rescatada.  El Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939 se compone de cuatro volúmenes, con un total de 2.323 páginas en las que se han volcado décadas de investigación a cargo de un centenar de colaboradores de diferentes universidades, coordinados por Manuel Aznar, director del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) y por José-Ramón López, profesor, como aquel, de la Universitat Autònoma de Barcelona. Una obra impulsada, como todo el trabajo del GEXEL, por el firme y decidido propósito de recuperar la voz de los que quedaron sin ella a consecuencia del levantamiento fascista de 1936 y de la posterior e inacabable dictadura de Franco.

Desde sus comienzos allá por el año 1993, el GEXEL viene reivindicando “la reconstrucción de la memoria histórica, cultural y literaria del exilio republicano español de 1939” como una de las tareas prioritarias y urgentes de la España democrática, y así se hace constar en su Manifiesto fundacional, reproducido en las páginas preliminares del Diccionario como muestra de un proyecto que nació con unos objetivos muy claros y que ha permanecido fiel a ellos, profundizando y explorando cada vez más en este vasto y riquísimo territorio. Pero lo que resulta más llamativo, y que dice mucho de cómo ha sido tratada la literatura del exilio desde nuestras instituciones, es comprobar que, a pesar del ingente esfuerzo realizado, algunas de las afirmaciones que se hacían en ese Manifiesto siguen vigentes en la actualidad:

El mejor homenaje a un escritor, vivo o muerto, consiste en leerlo, tarea particularmente difícil en el caso del exilio. Al margen de aquellos autores cuya obra ha sido total o parcialmente recuperada, una gran parte de nuestros escritores exiliados nos son aún hoy inaccesibles, ya que muchos de sus libros no figuran en bibliotecas públicas, catálogos editoriales o librerías.

Si hoy se pueden matizar algunas de las afirmaciones de este manifiesto es gracias a proyectos y a personas muy concretos, más que a una política de recuperación de la literatura exiliada. Desde el GEXEL, han sido muchos los títulos de la literatura exiliada editados desde entonces (entre ellos, de Max Aub, José María Camps, María Martínez Sierra, María Teresa León, Manuel Martínez Azaña, Álvaro de Orriols, así como los artículos de Enrique Díez Canedo), los ensayos sobre esta materia, los monográficos de revistas y los congresos y seminarios celebrados desde entonces  (basta con echar un vistazo al nutrido catálogo de la Biblioteca del Exilio de la editorial Renacimiento, o a la web de dicho grupo de investigación); y para dar cuenta de lo avanzado en las últimas décadas, sería necesario mencionar igualmente la labor de las publicaciones de la Asociación de Directores de Escena, dirigida de forma encomiable por Juan Antonio Hormigón, así como la de las figuras pioneras de Ricardo Doménech y José Monleón, entre otros. No obstante, todavía son muchos los textos cuyo acceso resulta muy difícil a los lectores españoles; sin ir más lejos, así sucede con la mayoría de las obras de teatro para niños. Por este motivo, resultaba imprescindible disponer de una obra como esta, en la que se recoge de forma exhaustiva el corpus de autores, obras, editoriales y revistas, como punto de arranque para elaborar nuevas ediciones y nuevos análisis del complejo fenómeno que supuso el exilio republicano de 1939 para el sistema de la literatura española.

Aunque el GEXEL siempre ha mostrado un interés muy especial por el teatro y por los autores de literatura dramática, en esta obra se ha incluido a escritores de todos los géneros: no solo quienes se dedicaron principalmente a la literatura y a la ficción (aunque sí se haya primado la labor de estos creadores), sino también científicos, abogados, políticos, periodistas o filósofos, entendiendo la escritura en un sentido mucho más amplio. Y no solo se da noticia aquí de la labor de los escritores en lengua española, sino también de quienes escribieron en gallego, vasco y catalán; es decir, las cuatro lenguas, según sus editores, de “la República literaria española”. Este vastísimo panorama nos permite comprobar, al margen de cualquier tipo de polémicas (como aquella que dio lugar a Julián Marías a acuñar la expresión la “vegetación del páramo”, en los comienzos de la Transición política), las dimensiones de lo que supuso el exilio para la cultura y para la sociedad española: en este Diccionario no hay valoraciones, juicios ni opiniones, pero sí abundantes y bien documentados datos que, sumados y vistos en su conjunto, no pueden menos que obligarnos a preguntar si realmente, al día de hoy, la cultura española se ha recuperado de tantas y tan relevantes ausencias.

En lo que al teatro se refiere, aunque el término “escritores” tal como se enuncia en el título, pueda hacernos pensar que la obra se limita a los autores y a los críticos, lo cierto es que también se ha incluido a otros creadores relacionados con la escena, aunque algunos de ellos también fueran dramaturgos ocasionalmente: actores (Edmundo Barbero, Elvira Quintana, Margarita Xirgu, María Casares Quiroga), pintores y escenógrafos (Santiago Ontañón, Alberto, Gori Muñoz, Salvador Bartolozzi), músicos (Salvador Bacarisse, Jesús Bal, Leo Cardona), bailarines (Adela Carreras, Gerardo Viana) o directores de escena (Cipriano de Rivas Cherif, Álvaro Custodio). Y también a profesionales de oficios tal vez menos recordados pero no menos relevantes, como fueron editores, traductores y profesores de arte dramático. Especial mención merece el importante número de escritoras que se incluyen en esta obra, mujeres doblemente invisibles hasta fechas muy recientes por su condición de exiliadas, lo que convierte a este Diccionario es una herramienta imprescindible para futuras investigaciones.

Y es que, al margen de lo que supone en cuanto a sistematización y actualización de unas biografías más o menos conocidas y sobre las que ya existían anteriores estudios, la gran aportación de este Diccionario es, sobre todo, la enorme cantidad de información que aporta sobre personalidades prácticamente desconocidas hasta su publicación. Biografías que en apenas unas líneas permiten vislumbrar trayectorias heroicas en muchos casos, en las que la guerra y el exilio dejaron una huella traumática pero que no por ello cesaron en su labor de creación, y por eso están recogidas aquí, en este impresionante y sobrecogedor inventario de supervivientes que continuaron llevando su palabra y forma de entender el mundo allá donde fueron recibidos.

Aunque, como se ha dicho, han sido muchos los investigadores participantes, hay que destacar, junto a los directores, la labor como coordinadores de José Ángel Ascunce y José Ramón Zabala, para las voces referidas a los exiliados vascos; la de Fernando Larraz Elorriaga para las voces sobre editoriales, y la de Olga Glondys para las voces sobre revistas. Con el fin de dotar de unidad y de sistematicidad al trabajo, dada la magnitud y heterogeneidad tanto del propio equipo de colaboradores como de la materia abordada, las entradas han sido realizadas conforme a una estructura más o menos fija. Así, las referidas a escritores constan de tres apartados: datos biográficos y literarios (abarcando tanto su actividad política como sus ocupaciones profesionales y literarias, y prestando especial atención a los años de la Segunda República, la guerra civil y el exilio); relación de obras publicadas con posterioridad al exilio (creación, prólogos, ediciones, traducciones, textos inéditos y, en el caso de los dramaturgos, directores y escenógrafos, también estrenos teatrales, ballets, catálogos de exposiciones pictóricas, etc.); y finamente, estudios y bibliografía crítica sobre el autor en cuestión.

Junto a las voces dedicadas a los profesionales, otra gran parte de esta obra está dedicada a narrar la historia de las principales editoriales del exilio. En las entradas respectivas podemos encontrar sus fechas y lugares de creación, los nombres de sus fundadores y de sus directores, las colecciones que se formaron bajo su sello, el volumen de títulos editados, sus tiradas, los motivos de su desaparición y, finalmente, bibliografía sobre ellas, cuando la hay. Las revistas, como se viene diciendo, son aquí otro de los principales focos de atención, pues, tal como podemos leer en la introducción, “son fundamentales para situar a los escritores en su contexto literario, social, ideológico y político”, y constituyen de algún modo “el borrador de la literatura del futuro” (p. XLVIII); la información que aquí se ofrece sobre ellas abarca desde sus fechas de edición hasta su localización en bibliotecas públicas para los lectores que quieran consultarlas hoy, pasando por sus fundadores, directores, miembros del consejo de redacción, orientación política, secciones y temas principales, frecuencia de publicación y motivos de su desaparición, entre otros datos de interés.

Al comienzo de esta reseña comentábamos la vigencia de las palabras del Manifiesto fundacional del GEXEL, pues bien, en 2017, en la presentación de esta obra, podemos leer:

Todas las obras que mencionamos en el capítulo de “Creación” debieran ser obras presentes en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Madrid a disposición de cualquier lector interesado. Y todo ello porque esas obras constituyen la Biblioteca del Exilio, una parte de nuestro patrimonio literario e intelectual, sin cuyo conocimiento nunca estará completa la historia de la literatura y cultura españolas del siglo XX. Estamos convencidos de que la “recuperación” de esta Biblioteca del exilio, de la historia política, cultural y literaria de nuestro exilio republicano de 1939, debería haber sido un tema prioritario de la política cultural de Estado y de que sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra actual democracia (p. XLVI).

Pues bien, para que esto sea una realidad, el primer paso ya está dado: por fin contamos con un corpus completo y fiable que nos permite emprender esta labor imprescindible para la cultura española.

 

Pd. Los lectores interesados en obtener más información, pueden visitar los siguientes enlaces:

 

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