N.º 51El teatro en la Transición Política Española

 

Panorama de la autoría dramática
en Andalucía de 1975 a 1981

María Jesús Bajo y Jesús Cantero

 

Una de las primeras cosas que podría llamar la atención al enfrentarse al artículo es el periodo cronológico elegido, 1975-1981, pues si bien son años de cambios sustanciales en la actividad escénica, podrían parecer casuales. Pero desde nuestro punto de vista, es lógico que tanto el periodo como el artículo se enmarquen en el proceso de la Transición democrática, pues marcó toda una forma de hacer cultura, y por tanto teatro, en España. Si bien es cierto, que como dice el filósofo Eugenio Trías, es conveniente ampliar un poco el horizonte temporal:

… lo cierto es que la transición política española, en el terreno que aquí nos ocupa, el de la cultura, los comienzos de la renovación de hábitos y creencias, o hasta la gestación de una cultura verdaderamente desvinculada de la autocracia franquista, deben verse desde mediados y finales de la década de los 60[1]

y continuando con las palabras del historiador Juan Pablo Fusi:

los elementos más inteligentes del propio régimen supieron entender la amplitud del cambio que se estaba operando en la cultura española y, desde los años sesenta, sobre todo con la llegada de Manuel Fraga Iribarne al Ministerio de Información y Turismo en 1962, se inició una tímida y contradictoria liberalización que culminó con la Ley de Prensa de 1966, que supuso, por ejemplo, apoyos económicos para promover cine, teatro y aun música de calidad y mayor tolerancia para las editoriales y revistas progresistas.[2]

Estas reflexiones nos sitúan, ya prácticamente a finales de los años sesenta, con otro hito importante para el movimiento político –que lógicamente también afecta a la cultura y concretamente al teatro–, que es el estado de excepción de 1969 –duró tres meses, de enero a marzo, y era el octavo que se declaraba durante el franquismo–.  Otras dos cuestiones de trascendencia se darán a finales del año 1973: una de carácter económico, la crisis del petróleo derivada de la guerra del Yom Kipur, y otra de índole política, el atentado de ETA al vicepresidente del gobierno Carrero Blanco.

En el periodo socioeconómico al que nos hemos estado refiriendo se produce lo que Habermas llama tecno-pragmatismo, cuya pretensión es la consolidación de la clase media, el aumento de la renta per cápita y del consumismo. En estos años en España se pusieron en marcha los sucesivos planes de desarrollo, propiciados por cierta industrialización, el turismo y los ingresos de la emigración.

Para hablar de los autores del periodo de la Transición política resulta conveniente comenzar haciendo una breve panorámica del teatro que se estaba realizando en España en esa misma época, y aún más si hay que hacerlo desde la periferia de un país bastante centralizado, que va a comenzar su descentralización práctica con diferentes hechos de carácter político y ciudadano dentro del periodo de estudio. El primero de estos hechos son las elecciones generales de 1977 que van a dar lugar a la Constitución, con su posterior ratificación, y nacimiento del Ministerio de Cultura. Otro hecho fundamental para la evolución del teatro y el cambio de la práctica teatral se da en el año 1979, y el acontecimiento que lo facilita son las primeras elecciones democráticas locales desde la República, celebradas el 3 de abril de ese año. Otra cuestión de vital trascendencia son los procesos preautonómicos, que en el caso de Andalucía dará lugar en 1982 a las primeras elecciones autonómicas, y posteriormente, el año 1984 se cerrarán las negociaciones de traspaso de competencias de materias culturales con el gobierno central y se comenzará el ejercicio de ellas desde la comunidad autónoma.

Resulta de interés conocer el tejido teatral en el que se tienen que realizar las producciones de los autores y la complejidad del mismo, que dificultará el acceso de los textos a su puesta en escena. En los años setenta las representaciones teatrales las realizaban diferentes tipos de compañías o agrupaciones con estructuras jurídicas diferentes y con relaciones laborales muy distintas según la propia práctica. Las compañías profesionales se podrían subdividir en varios grupos:

  • Los teatros y compañías nacionales, obviamente financiados por el Estado; los teatros  Español o el María Guerrero y el Teatro Nacional de Cámara y Ensayo en Madrid y el  teatro Nacional de Barcelona, y después de la creación del Ministerio de Cultura se añade de forma singular el Teatro Lope de Vega de Sevilla, aunque sin producción propia.
  • Las compañías comerciales, que vienen de la tradición teatral están radicadas fundamentalmente en Madrid y Barcelona. También existen algunas que realizan ocasionalmente producciones en Valencia, Sevilla y Zaragoza. Recibían subvenciones del Estado mediante las diferentes convocatorias que se hacían o podían ser contratadas para algunas de las Campañas Nacionales del Teatro, con giras por toda España. Se desarrollaron cinco campañas entre los años 1968 y 1972.Además existía la contratación anual para las giras por diferentes plazas para los Festivales de España.
  • Los grupos o compañías de teatro independiente, con distintas personalidades jurídicas, según sus necesidades, algunas recogidas bajo el reglamento de cámara y ensayo, otras acogidas a la ley de asociaciones de 1964 o alguna variante empresarial. Lo que las identificaba era la precariedad económica y su forma de funcionamiento. Frente a esto, contaban con una gran dedicación y una itinerancia continua para su supervivencia.
  • A mediados de los setenta se da, fundamentalmente en Madrid, la formación de cooperativas para proyectos concretos en sus fases de producción y distribución.

En 1975, ya en plena fecha de nuestro estudio, el semanario Blanco y Negro de 27 de septiembre publica siete páginas de teatro, dos dedicadas a informar sobre el momento escénico en Madrid, crítica de espectáculo y referencia al II Festival Independiente de Madrid y cinco páginas con el título “Teatro Independiente contra Teatro Comercial”. Esta situación se venía dando desde hacía años, como comentaba Alberto Miralles:

El Teatro Independiente debe ajustarse a la economía de medios propia de su condición de experimental, siendo imprescindible una absoluta dignidad profesional. Repetimos una vez más que el Teatro Independiente debe profesionalizarse y que no es lo mismo teatro profesional que teatro comercial. La comercialidad provoca el colaboracionismo con la retrogresión por otorgar al público lo que este desea y no lo que realmente necesita.[3]

En esta fecha los problemas ya se presentaban más claros y el comité de la huelga de actores de febrero de 1975 estaba compuesto por miembros tanto del teatro comercial como del teatro independiente, y los detenidos y multados pertenecían a ambos colectivos.

Otra forma de agruparse es lo que podríamos entender como el teatro no profesional con algunas diferencias importantes con el amateur. El teatro no profesional puede ser el caso de agrupaciones artísticas de gran solera con más de diez o quince años de experiencia. En esta época quedaba poca tradición del teatro universitario de etapas anteriores, aunque siguen vivos algunos colectivos de facultades apoyados por sus respectivas extensiones universitarias con algunas funciones y cursos de formación.

Dentro del teatro amateur o aficionado el campo es amplio, y ayer como hoy sigue englobando al teatro escolar, teatro de institutos, agrupaciones de empresa, asociaciones de vecinos, amas de casa, etc.

Miguel Ríos

Miguel Ríos

Quizás el punto final de la descripción del entorno en el que se movían los autores de esta época, debemos ponerlo en los lugares de representación, que habían sufrido una evolución en la época del franquismo, y no precisamente a mejor. Muchos de los teatros de las ciudades se habían ido abandonando en su uso, o habían pasado a ser lugares de exhibición cinematográfica con esporádicas representaciones, que cada vez se espaciaban más, tanto por el deterioro de la maquinaria como por la carencia de personal especializado. Este es el caso del Teatro Cervantes de Málaga o el Isabel la Católica de Granada, en el que de tarde en tarde se hacían algunas funciones, como el concierto de Miguel Ríos en 1972 o el de Carlos Cano en 1977. El Teatro Cervantes de Sevilla prácticamente no hace teatro en toda la década de los setenta. Los propietarios de Gran Teatro de Córdoba presentan una petición de demolición en 1975 y el Teatro San Fernando de Sevilla se cierra en 1968 para ser derribado en breve.

Los teatros Álvarez Quintero de Sevilla y el Falla de Cádiz mantienen cierto ritmo de programación teatral durante estos años, alternando las compañías de renombre del momento, según los espectáculos que girasen por provincias: Lola Herrera, Nuria Espert, M.ª Luisa Merlo, etc., con las de Zori, Santos y Codeso, Lina Morgan, Juanito Navarro, algunas de las revistas de Colsada, Lola Flores, Juanita Reina, Rocío Jurado… y según va pasando la década Amancio Prada, Jarcha, Luis Llach, Manuel Gerena…El Teatro Lope de Vega de Sevilla solía acoger a cantantes, orquestas y a grupos de teatro independiente, hasta que pasó a depender del Ministerio de Cultura, pues funcionaba como un teatro municipal sin dotación ni personal, pero de alquiler. En Granada se inauguró el Auditorio Manuel de Falla en 1978. Esto resolvía la problemática de los espectáculos musicales. Los espectáculos teatrales más singulares junto con los del teatro independiente y algunas compañías internacionales utilizaban diferentes instalaciones universitarias, fundamentalmente el Rectorado, el Aula Magna de la Facultad de Medicina o Filosofía, y posteriormente la Facultad de Ciencias. En Córdoba la buena gestión del Círculo de la Amistad, de gran tradición y con afluencia de público, paliaba en parte el problema.

Inauguración del Auditorio Manuel de Falla. Granada, 1978.

Inauguración del Auditorio Manuel de Falla. Granada, 1978.

Los grupos o compañías de teatro independiente, representaban sus espectáculos en las Aulas de cultura de las universidades, colegios mayores, ateneos y liceos artísticos. Las Cajas de ahorros constituían otro espacio de representación con su red de locales (algunos de nueva planta y buenas instalaciones como el de Vigo o Tarrasa), y a veces de financiación con sus giras por locales propios o alquilados en las provincias. También en conjunción con los movimientos vecinales se trabajaba en casas de cultura, teleclubes y salones parroquiales, además de al aire libre. Aunque cada vez adquirieron mayor importancia las representaciones en los teatros comerciales de las grandes ciudades. En los años de este estudio fueron creándose en diferentes ciudades salas de exhibición donde las compañías podían presentar sus trabajos. Estas salas estaban habitualmente dirigidas por personas vinculadas al teatro independiente.

Establecer la nómina de los autores que han escrito obras para el teatro durante estos años (1975-1981) en Andalucía no es tarea fácil, pero se convierte en ardua cuando se trata de comprobar si sus obras han sido representadas alguna vez. El panorama escénico en el periodo de la Transición política está marcado por importantes compañías y producciones nacionales, que llevaban sus montajes al resto del país. En estos años, los espectáculos de revistas, vodeviles, folclóricos y de zarzuela ven los últimos coletazos, mientras proliferan los espectáculos de café-teatro, especialmente en las grandes ciudades. En el panorama escénico de Andalucía, a este estado de cosas general se añade que el importante fenómeno del teatro independiente se encontraba en su mejor momento. El teatro independiente, gran alentador de la escritura colectiva, es, sin embargo, el principal semillero de autores en la comunidad andaluza. Muchos creadores andaluces componían sus textos para estas compañías, y desde luego la gran mayoría de los que conseguían estrenar, salvo los que se encontraban en Madrid y pocos más, lo hacía casi siempre con estos grupos, con los que tenían una vinculación especial o en ocasiones incluso formaban parte. Así pues, se da un gran auge del “teatro vocacional, mientras que el profesional languidece”, como diría el veterano crítico de teatro, y también autor dramático, Julio Martínez Velasco[1]. A Andalucía llegaron en fecha temprana las compañías más representativas de este nuevo teatro como Tábano, Ditirambo, Els Joglars, Els Comediants… Pero tras la muerte de Franco, y más concretamente a partir de 1978, el teatro independiente entra en un lento proceso de declive, hasta el punto que ya en 1979 existían voces como la de la compañía granadina Aula-6, que reclamaban otro tipo de teatro, un paso más en el camino de la escena, aunque no lejos de la línea del teatro independiente:

…este tipo de teatro ya no tiene nada que hacer ahora. Funcionó en un momento en que no había otra salida que automarginarse o meterse en el círculo oficial, que te impedía la realización de tus ideas; además esos grupos han dejado de funcionar y tras de ellos no ha quedado nada palpable… Nuestro trabajo es una alternativa al teatro oficial, a ese teatro que hasta ahora se ha limitado a Madrid, Barcelona y poco más. Intentamos hacer llegar nuestro teatro a donde no llega el oficial, recuperando un público y unos locales que existían… Hay que crear la necesidad popular del teatro, que es lo que se propuso el teatro independiente; ahora hay que plantear el trabajo de un día tras otro, un pueblo tras otro…[5]

En cuanto a los autores, en esta etapa se dibuja un nuevo panorama; su papel ahora será reconocido, pero en igualdad de condiciones con otros aspectos de la creación escénica:

Si la transformación del papel del dramaturgo en el teatro se hacía patente en Europa desde los ochenta, el fenómeno afectaba a España precisamente durante los años en los que estaba construyendo su edificio democrático. La conciencia de que el país se encontraba en un tiempo nuevo exigía al teatro nuevos temas y un lenguaje diferente para afrontarlos. Tras los ensayos de creación colectiva, propios del teatro independiente, y tras la consolidación del director de escena como responsable del espectáculo, el dramaturgo recuperaba un sitio en la escena, después de algún tiempo en el que su condición había sido severamente examinada. Pero ahora el escritor no es ya el centro alrededor del cual gira el espectáculo, sino un componente de un equipo de creación.[6]

Los autores no andaluces más representados en Andalucía son los mismos que en el resto del país, dígase Buero Vallejo, Alberto Miralles, Nieva, Arrabal, Lauro Olmo, y tras décadas de prohibición se están recuperando para la escena comercial Valle-Inclán, García Lorca y Max Aub. Alfonso Paso continúa teniendo su público. A su obra Enseñar aun sinvergüenza le quedaban todavía muchas temporadas de gira. Igualmente subían a las tablas las obras de algunos autores que seguían su estela en el teatro de evasión, como el malagueño Julio Mathias Lacarra que estrenó en los años setenta varias obras con compañías de teatro comercial en la capital de España. En Madrid, como en el resto del país, triunfaban las adaptaciones de obras clásicas y de teatro extranjero del malagueño Enrique Llovet, autor también de teatro, aunque en este periodo apenas escribe. En estos años, Llovet tuvo alguno de sus mayores éxitos, como El Tartufo, llevada a escena por la Compañía de Adolfo Marsillach. Los autores extranjeros presentes en las carteleras andaluzas tampoco difieren en mucho de los representados en otras regiones: Brecht, Anouilh, Ibsen, Sartre… En Andalucía, además, se continúa programando a los hermanos Álvarez Quintero y Muñoz Seca, especialmente en montajes de grupos de aficionados como los cuadros de empresa o agrupaciones veteranas, como la Álvarez Quintero de Sevilla.

En el panorama nacional, es el gran momento de autores andaluces como Antonio Gala, José Martín Recuerda y Rafael Alberti, de los que haremos una breve reseña, pues se tratan ampliamente en otro apartado de este número.

La vieja señorita del paraíso

La vieja señorita del paraíso. Estreno: 7 de octubre de 1980 en el Teatro Reina Victoria de Madrid. 1

Antonio Gala por estas fechas está en plena producción dramática y es uno de los autores preferidos por el público español, además de galardonado. Se estrenan o están de gira las siguientes obras: ¿Por qué corres Ulises?, aunque escrita anteriormente, se estrenó en 1975 en el Teatro Reina Victoria de Madrid, con dirección de Mario Camus; Los buenos días perdidos (1972), estrenada en el Teatro Lara de Madrid con dirección de José Luis Alonso;  Anillos para una dama (1973), estrenada el mismo año por la Compañía de José Luis Alonso en el Teatro Eslava; Las cítaras colgadas de los árboles (1974) fue estrenada en 1974 por la Compañía de José Luis Alonso y con dirección de este; La vieja señorita del paraíso (1980) se estrenó el mismo año en el Teatro Reina Victoria de Madrid por la Compañía de Salvador Collado, y con su dirección; Petra regalada (1980), estrenada el mismo año en el Teatro Príncipe de Madrid por la Compañía de Salvador Collado, y con dirección de este; El cementerio de los pájaros (1982), estrenada en el Teatro Consulado de Bilbao y dirigida igualmente por Manuel Collado. El éxito de estas obras tuvo su prolongación en Andalucía en sus respectivas giras.

Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipcíaca

Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipcíaca. Estreno: 4 de febrero de 1977 en el Teatro de la Comedia de Madrid. 2

José Martín Recuerda (Granada, 1922-Motril, 2007) es uno de los autores más emblemáticos de esta etapa de la historia de España por sus obras siempre cargadas de mensaje y sentimiento desbordado. Tras diferentes éxitos en la década anterior, en este periodo destacamos: El Cristo (1964) se estrenó en 1975, en el paraninfo de la Universidad de Roma; Las arrecogías del Beaterio de Santa María egipciaca (1970), estrenada en 1977 en el Teatro de la Comedia de Madrid, y dirigida por Alberto Miralles y Adolfo Marsillach, con escenografía de Isidre Prunes, música de Enrique Morente y protagonizada por Concha Velasco; El engañao (1972) se estrenó en 1981, en el Teatro Español de Madrid, con dirección de Jaime Chávarri; Las conversiones: drama en dos actos (1980), se estrenó en Madrid en 1983, con dirección de Alberto González Vergel. También de esta época son sus piezas Caballos desbocaos: teatro carnaval en dos partes (1978) y Carteles rotos: crónica de la España de los años ochenta (1982). Sus representaciones llegaron a Andalucía, a la que siempre estuvo tan ligado.

Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999), poeta por antonomasia, también cuenta con una producción dramática relevante. En 1977 regresa a España de su exilio y sus obras comienzan a incorporarse a la cartelera tras años de ostracismo. Noche de guerra en el Museo del Prado: aguafuerte en un prólogo y un acto (1956) se estrenó en Guanajuato (México) en 1974, con dirección de Ricard Salvat, y en 1977 es representada en España por el Centro Dramático. Su trabajo sobre la obra de Lope de Vega El despertar a quien duerme (1978) es llevado a las tablas en Madrid, en 1979, por la Compañía de José Luis Pellicena. Su adaptación de la novela de Francisco Delicado La lozana andaluza (1963) fue estrenada en 1980 por la Compañía de María José Goyanes, en el Teatro Maravillas de Madrid. La dirección fue de Carlos Jiménez. Al igual que otras producciones de Madrid, algunos de estos espectáculos pasan por los teatros andaluces, además del propio autor en recitales poéticos.

Otros autores andaluces, como José López Rubio (Motril, Granada, 1903-Madrid, 1996), que durante varias décadas habían estado en la cima del panorama escénico nacional ya son poco estrenados por las compañías profesionales. En fechas próximas al periodo de estudio destacan los siguientes montajes: El corazón en la mano (1972), estrenada por la Compañía de Ismael Merlo ese año, en el Teatro Benavente de Madrid; y La huelga de las pastoras: paso de Navidad (1980), estrenada en la Navidad de ese año, en un convento y escenificada  por las propias monjas.

El 4 de diciembre de 1977, casi dos millones de andaluces salieron a la calle para demandar un estatuto de autonomía acogido al artículo 151 de la Constitución, que equiparara a Andalucía a las comunidades históricas y que finalmente se promulgaría en 1981. En el ámbito escénico se debate sobre si debe existir un teatro andaluz o no. A finales de la década de los sesenta, compañías como Teatro Lebrijano y La Cuadra habían puesto su acento en la problemática sociopolítica andaluza, y utilizaron en sus puestas en escena elementos de expresión de la cultura popular como el flamenco. Muchas son las compañías que se suman a esta nueva forma de hacer teatro en Andalucía, con el objeto de denunciar una situación y a la vez conectar con el mayor número de público posible como La Tabla, Teatro del Aljarafe… También son muchos los autores que utilizan en sus obras tanto el flamenco como otros recursos formales y de contenido propios de esta tierra, en un claro compromiso social y cultural, como iremos viendo. Se persigue que el flamenco, en sus variedades de cante, baile y guitarra, se integre en el espectáculo y cumpla funciones dramáticas como bien explicaba Francisco Díaz Velázquez[7]. Sobre la necesidad de incidir en la potenciación de un teatro andaluz, el autor Miguel Alarcón opinaba:

Pienso que sí [existe un teatro andaluz]. Lo que no existe, ni pienso que deba existir, es un teatro andalucista. Estoy a favor de que haya compañías teatrales como Mediodía, Esperpento o Cuadra, que son andaluces. Y nuestra educación, nuestra utilización del lenguaje, nuestra peculiaridad expresiva, darán el reflejo de que somos andaluces. Pero no hay que preocuparse específicamente de intentar un teatro andalucista.[8]

Ya desde los últimos años de la dictadura, en Andalucía existía una conciencia entre los autores de teatro de la situación sociopolítica y del papel que ellos debían desempeñar.  En ciertas instituciones, universidades y colegios mayores se realizaban actividades y conferencias relacionadas con estos temas, como el ciclo celebrado en 1974 en el Colegio Mayor Fernando el Santo de Sevilla, con conferencias sobre “La emigración andaluza y los tópicos”, “Canción folk andaluza”, “La narrativa andaluza”, “Flamenco: canto de Andalucía”, “Andalucía: ahora o nunca” y “Lo que se dice de Andalucía”, para finalizar con la puesta en escena de Quejió por el grupo La Cuadra. Especialmente activa en relación al teatro fue la Universidad de Granada con su Gabinete de Teatro. Recordemos aquí el importante papel desempeñado por el profesor Sánchez Trigueros y la creación del Festival de Teatro de Granada, y la oportunidad que este supuso para conocer un teatro diferente y contemporáneo. El Gabinete de Teatro de la Universidad de Granada emprendió actividades, como los cursos de iniciación al teatro, dirigidos por José Monleón, en los que participaban figuras como José Estruch y Francisco Nieva. Por estos cursos pasaron algunas de las producciones más interesantes del panorama nacional. En marzo de 1975 el Gabinete de Teatro organizó en Granada la Primera Semana de Teatro Andaluz. El programa de esta Semana estaba compuesto por conferencias sobre sociología andaluza, el teatro independiente, la tierra en el teatro, el público y el baile como expresión popular andaluza, y otras ya más relacionadas con la autoría como la comunicación de La Cuadra “Al margen de la tradición teatral” y el apartado especialmente dedicado a los autores, “Siete autores andaluces contemporáneos”, que se componía de las ponencias siguientes: “Expresiones parateatrales”, de Francisco Díaz Velázquez; “Las formas esperpénticas en el teatro del Sur”, de Manuel Martínez Mediero; “Escritores y dramaturgos. Un teatro marginado de los escenarios”, de Rafael Pérez Estrada; “Texto y aristocracia”, de Jesús Campos; “La palabra como suprema forma de expresión teatral”, de Antonio Gala; “La colonización en el teatro español”, de José Martín Recuerda; y “El lenguaje en el autor andaluz”, de Miguel Romero Esteo. El programa recogía los puntos principales relacionados con la autoría teatral andaluza. Pero lamentablemente esta actividad no pudo llevarse cabo, ya que fue prohibida por la censura “ante las circunstancias anormales que vienen acompañando a la vida académica en los últimos días”, según se pudo leer en el periódico Arriba el 9 de marzo de 1975.En octubre de 1977 se reunieron un grupo de autores dramáticos residentes en Sevilla para exponer la problemática común y con la intención de celebrar una asamblea regional. Los autores eran: Francisco Díaz Velázquez, Emilio Durán, Alfonso Jiménez Romero, Federico López Pereira, Fernando Macías, Julio Martínez Velasco, Fernando Morales, Jacinto Ramos, Onofre Rojano y Marino Vigueras. Como se puede apreciar los autores van rompiendo su tradicional aislamiento y tomando conciencia de su situación como tales.

De los autores de esta generación se ha dicho que han sido muy premiados, pero poco representados. En este sentido, hay que reconocer el importante incentivo que para los autores andaluces supuso la creación de algunos premios de literatura dramática, como el Premio Barahona de Soto del Ayuntamiento de Lucena, Córdoba, auténtico semillero de creadores para la escena, el Premio Hermanos Machado del Ayuntamiento de Sevilla y el Premio García Lorca de la Universidad de Granada, que por ejemplo en 1977 recayó en el periodista Alejandro Víctor García Martínez (Granada, 1957) por su texto experimental A nadie dijo su historia ni el barco de su alegría. Igualmente, los festivales de teatro, que proliferaron por todas las provincias, como el Festival de Teatro Independiente de Andalucía creado en Granada en 1977, favorecieron la promoción de los jóvenes creadores.

Lo que a una mirada superficial podría parecer un páramo, vista con más atención, en la creación dramática andaluza se observa la existencia de un grupo de autores jóvenes y comprometidos que, en general, habían comenzado a escribir en los inicios de los años setenta o a mediados de los sesenta, y cuyas puestas en escena están en la mayoría de los casos ligadas al fenómeno del teatro independiente. Hacemos aquí, a continuación, una semblanza de algunos de estos autores.

Alfonso Jiménez Romero (Morón de la Frontera, Sevilla, 1931-Sevilla, 1995) inició su carrera teatral en el TEU de Sevilla, con el que estrenó sus primeras obras: La jaula, estrenada en 1963, y Diálogos de una espera, llevada a las tablas en 1966, ambas con dirección de Joaquín Arbide, nombre indispensable en la historia del teatro andaluz de esta época. También colabora con el grupo universitario con adaptaciones de textos clásicos y la creación de poemas para algunos espectáculos. En el periodo que tratamos ya había escrito Oratorio (1968), premiada con el Delfín de Teatro, y ya había sido puesta en escena por Teatro Lebrijano con dirección de Juan Bernabé. En el Festival de Teatro de Nancy, donde acudieron, resultó todo un éxito. Jiménez Romero también  había colaborado con Salvador Távora en Quejío, otro espectáculo señero del teatro independiente. Además había estrenado numerosas obras, como El inmortal (1971), que la estrenó el grupo Crótalo en el instituto Fernando de Herrera de Sevilla con dirección de Francisco Díaz Velázquez y Luis Núñez Cubero, antiguo director del TEU; Diálogos de una espera (1965), El amargo (1969), Oración de la tierra (1972)…, y había iniciado sus experiencias teatrales con flamenco y escrito varios textos con Francisco Díaz Velázquez como La Murga (1974). En este periodo participó en la creación de guiones para cine y escribió La cruz de yerba (1977), premiada por el Ateneo de Sevilla en 1981; Amores y quebrantos de Mariquita la Revolera y Currito el Apañao (1978), que se estrenó en El Arahal en 1979. También había puesto en escena sus experiencias dramáticas con el flamenco, como Recital en 1977, basada en sus textos Oratorio y La cruz de Yerba y en romances de García Lorca, y Pasión y muerte de Juan el Cárdeno en 1978, un ritual montado a partir de textos de Oratorio, Oración de la  Tierra y La cruz de Yerba. En 1982 estrena en Huelva La monja gitana, espectáculo inspirado en el romance de García Lorca. También escribe las obras de teatro infantil La oruga parlanchina (1982) y La hija del rey de oros (1983).

Durante los años ochenta y hasta su fallecimiento continuó escribiendo, especialmente volcado en la realización de espectáculos musicales de copla y zarzuela. También creó numerosos grupos de teatro infantil y de adultos allí donde su labor docente lo llevaba. Las características del teatro de Alfonso Jiménez Romero las definía certeramente Francisco Díaz Velázquez, que tan bien conocía su obra, en el estudio introductorio a Teatro ritual del autor:[9] el carácter innovador y abierto de sus propuestas teatrales, la permanente investigación en la cultura popular andaluza y la constante relación de su obra con el flamenco. Todo ello hace que su teatro sea profundo y a la vez conocido, como un ritual en el que todos participamos.

Francisco Díaz Velázquez (Sevilla, 1942-2015) inició su actividad teatral vinculado al TEU de Sevilla y gran parte de su autoría dramática la realizó en colaboración con Alfonso Jiménez Romero, como De lo que ocurrió el día de la inauguración del gran hotel (1971), que obtuvo el Premio de Teatro Ciudad de Teruel, obra estrenada por el grupo TEA en el Ateneo de Madrid, con dirección de Enrique Patiño y El neófito (1973) se estrenó en 1973, en el teatro CAPSA de Barcelona bajo la dirección de Manuel Vidal, música de Ovidi Montllor y escenografía de Gerardo Vera. Los sordomudos  (1971), obra escrita en solitario, fue finalista en el I Premio de Teatro Ciudad de Alcoy. Posteriormente escribe La murga. Lidia completa y muerte de un español, en dos actos y un pasodoble (1974) también en colaboración con Jiménez Romero, que se estrena el mismo año en el teatro Marquina de Madrid, donde  permanece varios meses en cartel, para pasar posteriormente al teatro CAPSA y hacer una gira por toda España. La dirección corrió a cargo de Gerardo Malla. Díaz Velázquez era un gran conocedor del flamenco.

Jesús Domínguez (Tetuán, 1949). Comienza a hacer teatro en el colegio, para después formar parte del TEU de Filosofía de la Universidad de Sevilla. En 1969 crea La Tabla, grupo de teatro independiente de Granada, y en 1976 la compañía Las Marismas, en Huelva, también de teatro independiente. Con estas compañías, además de con Andante, fundada posteriormente, estrenó sus obras. Tanto en esta época como en etapas posteriores, Jesús Domínguez realizó funciones de actor y director, además de la de dramaturgo. Como autor cuenta en total con una cincuentena de obras. Ya en sus inicios manifestaba una honda preocupación por el pueblo andaluz, “La Tabla, de Granada, intenta que este trabajo contribuya a la difusión de un arte y una cultura tan postrados como el pueblo al que pertenecen”[10], como comentaban en el programa de mano de una representación de Así como suena… (Ensayo para un canto a Andalucía) en Elda en 1976. Una creación colectiva a partir de textos de poetas andaluces y extremeños. Esta preocupación por Andalucía y la utilización del flamenco como elemento esencial de sus obras son rasgos que han acompañado a este autor a lo largo de toda su trayectoria. En algunas de sus creaciones se hace patente también su amor por el teatro clásico español.

Del primer texto de teatro que tenemos noticia es El vagabundo en el otoño (1973), mención especial del Premio Federico García Lorca de ese año. El montaje de La Tabla de Cadenas (1974) se representó en numerosas ocasiones, entre las que destacamos su paso en 1975 por la Cátedra Juan del Enzina de la Universidad de Salamanca. Noche de vino y queso (1977), primer premio del Trofeo de Literatura en el Certamen de la Caja Provincial y Monte de Piedad de Ahorros de Córdoba. Lola, Loliya, Lola (1979) es una de los títulos de Jesús Domínguez más representados. En 1979, en Murcia, el montaje de esta obra obtuvo el premio al espectáculo con mayor aceptación popular y también el de interpretación (a toda la compañía). Con Lola… también realizaron una gira por el País Vasco y participaron con este montaje en la I Muestra de Teatro Andaluz en el mismo año. De madrugada (1980) es un drama obsesivo con el que participó en la II Campaña de Teatro Popular de Ubrique, en abril de 1981. Frente al mar (1982) fue premiada en el V Trofeo Barahona de Soto y representada por la Agrupación Lírico-Dramática Barahona de Soto ese año.

Lola, Loliya, Lola, de Jesús Domínguez. Teatro de las Marismas, 1978.

Lola, Loliya, Lola, de Jesús Domínguez. Teatro de las Marismas, 1978. 3

El teatro infantil fue uno de los géneros más cultivados por Jesús Domínguez: La isla de los Quencores (1973); Es una historia tontuela con aires de castañuela (1974) es una obra de títeres representada en numerosas ocasiones, en campañas y festivales; la pieza de títeres Garulo, el perro sabio (1977) la escribió en colaboración con María Camacho; En el planeta Zung, finalista del certamen Ciudad de Lérida; Historia escalofriante con cómicos ambulantes; y El pirata Marseco (1981).

A Jesús Domínguez, además de su labor como autor dramático, hay que agradecerle la labor infatigable que ha realizado de difusión del teatro por toda Andalucía, tanto del teatro para adultos como del teatro para un público infantil. Su compañía Teatro de las Marismas es pionera en el acercamiento del teatro a los niños, y lo ha hecho con gran dedicación y constancia. El profesor Justo Ruiz reconoce así su labor divulgativa:

Jesús Domínguez ha sido y es un hombre fundamental en el desarrollo del teatro en Andalucía… Forjado en la militancia teatral ha recorrido kilómetros para hacer llegar el teatro a zonas no frecuentadas normalmente y con espectáculos que las gentes comprendían, agradecían y gozaban.[11]

Como autor y director, este hombre de teatro continuó su infatigable tarea creadora durante los años ochenta y noventa.

Francisco Benítez (Córdoba, 1944-2017). Residió en Madrid y viajó por todo el mundo para, en 1989, recalar definitivamente en su ciudad natal y dedicarse con exclusividad a la literatura. Comienza su andadura escénica como actor en el TEU de Madrid, para proseguirla como autor en los años setenta. La revista El Público lo incluyó entre los dramaturgos de la década 1980-1990. Durante este periodo, que podríamos llamar inicial en su creación, escribió las siguientes obras: Los invitados (1972), estrenada por el TU de Granada en 1976, en el hospital de los Reyes Católicos; Joaquín Muñoz en casa de las máscaras (1973); Farsa inmortal del anís Machaquito (1978), estrenada en 1984 por la Buhardilla, en la Sala Cadarso de Madrid, con dirección de Berta Lid, que también ha sido traducida y representada en Francia y repuesta en España en varias ocasiones, entre ellas por el grupo Destellos de Madrid, y participó en la II Muestra de Teatro Andaluz celebrada en el Gran Teatro de Huelva en 1984 y Melodrama verídico del burri de carga (1980), presentada en una lectura dramatizada en el Ateneo de Madrid. También escribió, en colaboración con Adolfo Núñez de Castro, La víspera, estrenada en el teatro Don Juan de Barcelona.

Sus representaciones han estado muy unidas al grupo de teatro independiente cordobés La Buhardilla, que escenificó en años posteriores El rosario de la aurora, dirigida por Francisco García Torrado, y que realizó con éxito una gira por varios países del Cono Sur, con representaciones en Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo…, y Los viejos, estrenada en 1996 en el Festival de Teatro de Palma del Río. En la década de los noventa escribió Alumbramiento súbito y mágico del infante del amor trenzado o  La pava, Bocabella, Candelabro de muecas o El gran Pepito, Cuarteto, Dúo, Fuensanta y Trío.

Su teatro está poblado por multitud de personajes, históricos y populares, que revelan relaciones familiares y sociales, donde el poder está siempre presente de forma económica o emocional. En palabras del propio Benítez, escritas para el programa de mano de la II Muestra de Teatro sobre su Farsa inmortal…, y que podríamos extrapolar a todo su teatro: “es un estímulo, una exhortación a los humanos para que se desprendan de su máscara, de la falsedad, del miedo, de la moral, del pecado, para seguir viviendo… y para que utilicen su libertad”.

Onofre Rojano (Sevilla, 1943) es un claro exponente de la trayectoria de muchos autores de esta época. Irrumpió en el panorama literario como poeta con un estilo muy personal, para en 1965 realizar en el Club La Rábida la lectura de La colección, su primera obra dramática, que el año siguiente conseguiría el Premio Guipúzcoa de Teatro Castellano. Esta obra se estrenaría en 1967, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. La interpretación corrió a cargo de los alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Sevilla, y la dirección del profesor Sebastián Blanch. De este texto, que padeció las tijeras de la censura, se realizaron diferentes montajes, y el crítico Julio Martínez Velasco escribió tras su estreno en el Lope de Vega:

Lejos de la frivolidad que invade nuestras horas y en la que muchos escritores actuales se refugian para esconder la cabeza bajo el ala cobardemente ante los auténticos problemas humanos, Onofre Rojano nos pinta un cuadro vivo y actual, lleno de valentía, en el que no teme abordar y, aun, enjuiciar encrucijadas humanas trascendentales.[12]

Esta definición del teatro de Rojano como social continuará siendo igualmente válida para su obra posterior, siempre provista de un matiz reivindicativo. En 1969, su pieza El contrato (Ensayo para un teatro del absurdo) subió a las tablas del Teatro San Fernando de Sevilla, en un montaje del grupo Talía y con actores de la talla de Roberto Reina, Idilio Cardoso y M.ª Alfonso Rosso. Posteriormente, en 1972 la volvería a montar el grupo el Teatro de Ensayo del Círculo Hispalense. En 1970, la Agrupación Lírico-Dramática Barahona de Soto estrenó Las botellas. En 1973 participó con Metamorfosis complicada en la II Campaña de Teatro Popular de Puerto Real, en una puesta en escena de la compañía Tagore Teatro Independiente. Previamente, la compañía sevillana Canícula lo había estrenado en marzo del mismo año, en el Colegio Médico, con una puesta en escena dirigida por Fernando Morales que destacó por su calidad. También en 1973 se estrenó A las 5 en el gallinero, farsa infantil; en 1974 Memoria de un oficinista ahogado en un tintero, dirigida por Fernando Morales y en 1975 Fantasía en cartón, también de teatro infantil. El 24 de abril de 1980 la Agrupación Lírica-Dramática Barahona de Soto llevó a escena, en el teatro del Colegio Salesiano Santísima Trinidad, La boda (Crónica de una mujer de pueblo), con dirección de Fernando Morales, que había obtenido ese mismo año el segundo premio del certamen Barahona de Soto, premio con el que este autor ha sido galardonado en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera. La pieza infantil Historia de papel se estrenó en 1982. En 1983 estrenó su obra El status y fue reconocido con el premio al Mejor Autor Andaluz en el V Concurso Nacional de Teatro Corto. En 1988 estrena Catafalco, ganadora del II Premi Literari Les Corts, obra en que critica a la burguesía sevillana. Este sería uno de sus últimos estrenos dramáticos, para dedicarse de lleno a la poesía, género en el que ha seguido cosechando éxitos. Conforme la democracia y la libertad de expresión se consolidaban en el país, Rojano fue abandonando la crítica social para centrarse en temas más íntimos, como el ser humano y su soledad. Hay que reseñar que algunas de sus primeras representaciones se hicieron con la colaboración del Grupo de Empresa Fasa-Renault, empresa en la que trabajaba.

Otras obras del autor son: El fruto del árbol, El círculo roto, La congregación, Los chalanes, Una noche de noviembre, La ceremonia, La feria de los muertos, Un cedro en la muñeca y La mantis. Igualmente cuenta con los siguientes títulos de teatro infantil: A través de los niños y La sonrisa al revés. La mayor parte de la obra dramática de este autor continúa inédita.

Fernando Macías (Sevilla, 1929). Tras años de dedicación al teatro, su obra El adivino (1970) recibió el premio Barahona de Soto y fue puesta en escena por la Agrupación Lírica-Dramática Barahona de Soto ese mismo año. Esto dio un impulso a la carrera de este autor. El velatorio (1972) recibió el premio Diego Sánchez de Badajoz (1972),  y fue publicada en Yorick (1973) y estrenada por Teatro del Aljarafe en 1978.Llevada a escena en numerosas ocasiones, El velatorio es quizás su obra más representada. Trata sobre los preparativos para el entierro de un emigrante andaluz, hecho que le sirve para presentar la problemática social de Andalucía. Pero Fernando Macías trasciende lo andaluz, como bien repetían en los programas de mano de esta obra:

Aunque su contorno y su tratamiento es netamente andaluz, la problemática que plantea es la de cualquier región de España y bastaría modificar algún giro o cambiar la música de las canciones para que se adaptara a la idiosincrasia del público que se pretenda comunicar.

Campanada sin eco (1972) es otro de los textos exitosos de este autor. Obtuvo el Premio Guipúzcoa (1973) y fue estrenada en el festival de Sitges por el grupo Akelarre en 1974. También se emitió en Televisión Española en 1976, y en 1977 Pancho Bautista hizo una versión cinematográfica con el título María la santa. La buena vida (1974) fue  dos veces finalista del Premio Alcoy y estrenada por Joaquín Arbide en 1980 en el Teatro Lope de Vega. Con Secuestro gana nuevamente el Premio Barahona de Soto en 1979. Otras obras de esta época son Saeta, La danza de los vagabundos, La elección, Carnaval nocturno, Los ojos del camaleón, El pregonero y La carta perdida.

De su teatro infantil señalaremos La gruta de las sorpresas (1972), Nico y el astronauta (1972), El esqueleto parlante, El juego de la guerra y Ecos de caracola (1976), muy representada por grupos del momento y en diferentes puntos de Andalucía, como la puesta en escena realizada por Manuel de Pinedo en el Colegio Mayor Cardenal Cisneros de Granada. Fernando Macías siempre ha cultivado un teatro próximo y reivindicativo:

Todo escritor pretende ser notario de su tiempo, que de fe de las características de la sociedad en que vive. Fernando Macías lo ha sido cumplidamente en sus obras El Velatorio, El adivino, La danza de los vagabundos, Carnaval nocturno, El pregonero, Secuestro, Campanada sin eco, La buena vida, Saeta, Rencores, Carmen Penélope, Tiempo de bienestar, por solo citar lagunas de las más representativas.[13]

Miguel Ángel Rellán, más conocido como Miguel Rellán (Tetuán, Marruecos, 1943) es uno de los muchos creadores que comenzaron su vida escénica en el TEU, en este caso en el TEU de Sevilla, como actor y como autor, para después pasar al teatro independiente. La mayor parte de sus textos los escribió a finales de los años sesenta y en este periodo ya casi no se representan. Algunos de ellos los enumeraremos seguidamente. En 1966, el TEU de distrito de Sevilla, dirigido por Joaquín Arbide, representó en el Teatro Lope de Vega Pero el urogallo canta y La vértebra del profeta. La Puerta (1967) se estrenó en julio de ese mismo año por Teatro Lebrijano, con dirección de Juan Bernabé. La tragedia El guerrero ciego (1967) obtuvo el premio Talavera de ese mismo año y se publicó, además de en Cuadernos de Teatro Universitario, también conoció una versión en inglés y otra en la extinta Yugoslavia. La obra infantil Historia del vagabundo feliz (1968) la escribió en colaboración con Nina Salvatierra, y fue estrenada  por el TEU de Sevilla, con dirección de Joaquín Arbide, en 1969, esta obra también fue finalista del premio AETIJ. La pobre galaxia del sabio (1968) se estrenó en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla, en 1969, con dirección de Luis Núñez Cubero, y obtuvo el segundo premio de la Universidad Complutense en 1972.Crónica indecente de la muerte del cantor (1971) se estrena en 1975 por el TU de Arquitectura de Madrid, con dirección de Santiago Paredes; fue finalista del premio Hermanos Machado en 1981 y premiada en el VI Certamen Nacional de Teatro Diego Sánchez de Badajoz en 1983. En  1980 Castaña Pilonga, integrante de Equipo 7, montó La comedia veneciana de la cuchara, obra basada en la comedia del arte. Su teatro sigue la línea de la crítica social, y su mayor preocupación es el individuo. Desde hace años su carrera está centrada en la interpretación, y su trabajo ha recibido diversos reconocimientos.

Javier Ros Pardo (Sevilla) compagina su actividad teatral con su dedicación a la enseñanza. Es un enamorado del flamenco que utiliza continuamente en su producción de autor prolífico, que en esta época está especialmente vinculado al Teatro Lebrijano. Con esta compañía estrena varias de sus obras, entre ellas el drama agrícola Agua y cieno, puesta en escena en 1980, y Sequía, estrenada en 1983, también por Teatro Lebrijano como homenaje a su fundador, Juan Bernabé, en el undécimo aniversario de su muerte. La dirección corrió a cargo de Pedro Luis Castrillo. El crítico Julio Martínez Velasco escribió al respecto:

La temática campesina andaluza con los problemas del secano, del paro, de la emigración de la juventud, de la atracción de la ciudad, del estudio o del pasotismo, está tratada con amplitud y valentía, situando en su justa medida los factores folklóricos, para no caer en la manida andaluzada –tan manida la rosa como la negra– y abriéndose al mundo en que vivimos los andaluces.[14]

Ros Pardo cuenta con más de veinticinco obras teatrales estrenadas en el ámbito del teatro escolar y del teatro independiente.

Carlos Álvarez-Nóvoa (La Felguera, Asturias, 1940-Sevilla, 2015). Más conocido como actor, Álvarez-Nóvoa fue también director y profesor de teatro, además de profesor de Lengua y Literatura en la enseñanza secundaria. Así es España, señores (1977) fue su primera obra, en la que critica las primeras elecciones democráticas del país después de la dictadura. La estrenó en 1979 el grupo Algabeño. Cigarras y hormigas (1978) obtuvo el premio del Concurso del Ministerio de Educación en 1982 y la estrenaron los alumnos del grupo de teatro del IES Diego de Guzmán ese mismo año. La mecedora fue estrenada en 1979 por la compañía de teatro independiente Teatro Estudio de Sevilla (TES), con dirección del propio autor. Pajaritos-27 se estrenó en la Sala San Hermenegildo de Sevilla en 1982, también por la compañía TES y con dirección del autor. Enamoradas de Bécquer (1984), obtuvo el Premio Hermanos Machado en 1985 y fue estrenada por alumnos del IES Bécquer con  dirección del autor. Continuó escribiendo y estrenando sus obras, la mayoría de gran contenido social. 

Parábola, de Miguel Alarcón, Aula 6, 1977.

Parábola, de Miguel Alarcón, Aula 6, 1977. 4

Algunos autores, además de estar íntimamente unidos a una compañía con la que estrenaban o dirigían, también tenían un discurso en sus obras más visual que literario, y el texto ocupaba un papel muy acotado y preciso, como sucede con Miguel Alarcón y especialmente con Salvador Távora, y quizás en menor medida con Carlos Góngora. Miguel Alarcón (Granada, 1951-1998), de espíritu inquieto y atormentado, se inició en el teatro en el colegio de los Salesianos. Más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras crea la compañía Aula-6, con la que representa sus textos. Su obra no es muy extensa, pero sí muy íntima, llena de vivencias personales. Forma parte de un trabajo experimental, con poco texto pero perfectamente ajustado al espectáculo. Parábola se estrenó en 1977, en el salón de actos del Instituto Francisco Javier de Burgos de Motril A pesar de que en su estreno “el público comenzó a marcharse en el intermedio extrañado de lo que estaba presenciando”,[15] en general la crítica la recibió muy bien:

Podemos considerar, sin lugar a dudas, a este espectáculo como uno de los más importantes hallazgos de Teatro Independiente de todo el país. Un soberbio montaje calibrado como la más perfecta ecuación matemática e interpretado con el máximo rigor de profesionalidad que puede exigirse a cualquier militante de las tablas… Aula-6 rompió con un buen número de inhibiciones formales dentro de las tablas, aproximándose tanto al cine como al mimo sin dejar de hacer teatro.[16]

De este espectáculo, Aula-6 realizó 156 representaciones por diferentes localidades del país. La pudieron ver 42.744 espectadores. En 1978 Aula-6 llevó a las tablas Espiral, cuyo estreno se realizó en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Constituyó otro gran éxito. Hotel Monopol se estrenó en el Auditorio Manuel de Falla de Granada, en 1984, y Réquiem en el antiguo cine Alhambra, en 1987.Ya en 1989 Concierto en Re se estrenó en el I Festival de Teatro del Mediterráneo en Motril.

Andalucía Amarga, de Salvador Távora, 1979.

Andalucía Amarga, de Salvador Távora, 1979. 5

Salvador Távora (Sevilla, 1934) comenzó su carrera artística en los toros, para pasar al cante y de este al teatro. Después del gran éxito de Quejío continuó creando de manera imparable, y le siguieron Los palos (1974),estrenada en el Festival de Nancy en 1975;Herramientas (1976), estrenada en 1977 también en el festival de Nancy; Andalucía amarga, que se estrenó en 1979en la Chapelle de Brigittines; Nanas de espinas, estrenada en Sevilla en la Sala San Hermenegildo en 1982; Piel de toro, que también se estrenó en la sala San Hermenegildo de Sevilla, y todas las conocidas producciones que siguieron, incluida su recreación de la cigarrera Carmen, estrenada en 1996,en el Festival Internacional de Música de Peralada. Con su Carmen llenó las plazas de toros de toda España. Távora, con su compañía La Cuadra de Sevilla, ha representado sus obras por todo el mundo, haciendo de su lenguaje un lenguaje universal.

2009: Salvador Távora y Jesús Campos, junto al bidón del espectáculo de La Cuadra Quejío, en la exposición "Teatro independiente en Andalucía. El origen del presente".

2009: Salvador Távora y Jesús Campos, junto al bidón del espectáculo de La Cuadra Quejío, en la exposición “Teatro independiente en Andalucía. El origen del presente”. 6

Carlos Góngora (Almería, 1953) como dramaturgo está vinculado a Axioma, compañía de teatro independiente que creó en su ciudad natal en 1973. Durante la larga trayectoria de la compañía, activa hasta nuestros días, él ha sido el encargado de la adaptación y creación de sus textos, así como de su puesta en escena como director. La compañía fue unas de las primeras en Andalucía en hacer teatro de calle y en cultivar el teatro infantil. El musical infantil Un día haciendo novillos es la primera obra de este autor que la compañía escenificó en 1975.Recibió numerosos premios en certámenes provinciales, regionales y nacionales. En 1979 estrena y dirige Cataclismo desenfrenado, propósitos ambulacrales ¡Recoño!, Una tierra entre el verde y el blanco, gran espectáculo en el que la compañía aúna todas las técnicas en que trabajaba: marionetas, máscaras, máquinas, música, gigantes y elementos escenográficos espectaculares. La música estaba compuesta por Cidrón. En 1981 se realizó el espectáculo infantil de animación callejera Tararí que te vi. En 1982 vio la luz el espectáculo de calle Fiestasía y dirigió La escuela, Un billete de cien vale más que uno de mil y Los juguetes. En 1983 dirige y estrena Vamos “toos” de romería, espectáculo realizado para la inauguración del Festival Internacional de Teatro de Calle de Murcia, y Dame veneno. En 1984 estrenó La gran corrida, que estuvo en cartel hasta 1991. Y sigue imparable en la creación y puesta en escena de otras muchas obras, además de impartir cursos y como gestor y dinamizador cultural. También ha realizado versiones de textos de autores como Lope de Rueda, García Lorca, Ángel G. Pintado, Eduardo Blanco Amor… y de autores  como Peter Handkel, Tennessee Williams y Arthur Kopit.

Pedro Álvarez-Ossorio (Sevilla, 1945) es más conocido por su vinculación a la legendaria compañía de teatro independiente Esperpento y por su labor como director de escena y actor que como autor. Cuenta con numerosísimas adaptaciones de autores clásicos tanto de la literatura española como europea, así como de otros autores más contemporáneos, como Karl Valentin, Büchner, Ionesco o Machado. Son famosas sus diferentes versiones y recreaciones sobre el mito de Don Juan. En cuanto a sus obras de creación, reseñaremos Galerín o el caso de Santa Lucía, escrita en 1980 en colaboración con Carlos Arenas, y que fue Premio Gayo Vallecano ese mismo año. En 1982, ambos autores escribieron El baratijero, premiado con el Hermanos Machado de ese año. Posteriormente, Álvarez-Ossorio ha escrito otros textos dramáticos, como El paraíso terrenal (1987), o más recientemente Fuera, fora, dehors (2006), en colaboración con otros autores, y Queipo, el sueño de un general (2010).

Carlos Arenas Posadas ha sido catedrático de Historia e Instituciones Económicas y decano de la Facultad de Ciencias del Trabajo en la Universidad de Sevilla. Cuenta con numerosas publicaciones, más de veinticinco, sobre historia de la economía y del trabajo, así como sobre las clases trabajadoras en la Sevilla del siglo XX, tema que en cierta manera se refleja en la obra Galerín o el caso de Santa Lucía, realizada en colaboración, como ya se ha referido anteriormente, con Pedro Álvarez-Ossorio, al igual que El baratijero.

Rafael Pérez Estrada (Málaga, 1934-2000) compaginó su carrera de abogado con la escritura y la pintura. Ha obtenido notables éxitos como poeta y narrador. De su abundante producción escénica destacaremos: Edipo aceptado, que obtuvo el Premio García Lorca de Teatro en 1971;Un actor extrañamente pelirrojo (1970);C (1970);Festivo bruto (1970), quizás su obra más conocida y que en 1973 estrenó la compañía de teatro independiente de Granada La Tabla; Ajenas sombras (1972);Claxon (1972);Demagógico esperpento de la buena siembra o El desprendimiento de monseñor el marqués d’ Abate (1972);Festivo pretexto de elegía (1972);Tarjeta toledana de la mujer barbuda de Tavera (1972);Visita a cierta dama (1973) y Andrógino (1974). Pérez Estrada continuó escribiendo y fue finalista del Premio Nacional de Literatura en 1987 y en 1989.

Manuel Pérez Casaux (El Puerto de Santa María, 1929-2015) escribió poesía, narrativa y artículos. Su producción dramática se compone de cerca de treinta piezas, casi todas estrenadas por compañías experimentales, y muchas de ellas premiadas, como La familia de Carlos IV (1972), que consiguió el Premio de Sitges en 1973, y que fue llevada a escena por José Luis Alonso de Santos, también en 1973. Su tierra natal está muy presente en su obra. Álvaro Salvador Jofre (Granada, 1950) está vinculado en sus inicios en el mundo de la escena al Gabinete de Teatro de la Universidad de Granada, de la que ha sido profesor. También colaboró en la organización de los dos primeros festivales de teatro independiente de Andalucía y del Festival Internacional de Teatro de Granada. De estos años es su drama histórico Don Fernando de Córdoba y Valor, Abén Humeya (1980). Este texto ganó el mismo año de su creación el premio Ciudad de Granada, y al año siguiente el Hermanos Machado. Fernando Morales Viñuelas (Palma del Condado, Huelva, 1933-Senilla, 1990) fue director de escena en diferentes compañías con las que montaba textos comprometidos. Como autor cuenta con las siguientes obras creadas y estrenadas en los años setenta: La segadora, Farándula y La danza de los pícaros hambrientos. Su teatro se caracteriza por la constante preocupación por el ser humano, y muy especialmente por los más desfavorecidos, así como por los males que aquejaban la sociedad de su tiempo. Jacinto Ramos (Hospitalet, Barcelona, 1931). Autor dramático muy prolífico y apenas representado y editado. Sus obras abordan mayoritariamente cuestiones sociales, y durante estos años de apertura trata el tema sexual de forma explícita en varias obras, como Blancanieves y los siete enanitos eréctiles, El amor hay que esconderlo debajo de la cama o Las humildes micciones de la señora Rus. En todas estas obras las mujeres son las protagonistas. Otros temas recurrentes de esta etapa son la crítica a la religión y la psicología. Algunos de estos títulos son: Alí Babá y los cuarenta comerciantes, Las bendiciones de un militante del Opus Dei, Un autor en busca de seis personajes, Viaje al centro de la psique, El rey llamado cruel y Amanecer.

Algunos autores dan un paso más y el flamenco se adueña prácticamente de la obra, y   constituye el vehículo principal de expresión en sus diferentes manifestaciones. A esta modalidad se la ha venido denominando teatro flamenco, y en ella tendríamos que destacar a José Heredia Maya (Albuñuelas, Granada, 1947-Granada, 2010). Profesor de la Universidad de Granada y poeta de gran sensibilidad, es el autor de Camelamos naquerar (1975), estrenada en 1976 por Mario Maya, que constituyó por su fuerte contenido reivindicativo todo un revulsivo para el pueblo gitano. En 1983 escribió Macama honda, que dirigió el propio autor y que se estrenó ese mismo año en la Universidad de Granada. También es el autor de otros espectáculos como Un gitano de ley. El poeta Juan de Loxa (Loja, Granada, 1944-Madrid, 2017), ha escrito varias, de entre las que destacaremos Ceremonial, estrenada en 1975, y ¡Ay jondo!, dirigida por Mario Maya en 1977.

Existe un reducido grupo de autores ya consagrados y con reconocimiento nacional afincados en Andalucía y en este periodo en plena producción. Un autor andaluz difícil de clasificar, el recientemente fallecido Miguel Romero Esteo (Montoro, Córdoba, 1930-Málaga, 2018), gozaba en esa época de gran consideración en Europa, más que en nuestro propio país. Romero Esteo destaca por la musicalidad de su teatro y su estética. Sus obras correspondientes a este periodo son: Paraphernalia de la olla podrida, la misericordia y la mucha consolación (1971), estrenada en el Festival de Sitges de 1972 por Luis Vera; Pasodoble: grotescomaquia patética (1971), estrenada por Ditirambo Teatro-Estudio en el auditorio de la Caja de Ahorros de Vigo y con dirección de Luis Vera; Fiestas gordas del vino y del tocino (1973), estrenada en 1978 en la Sala Cadarso de Madrid; El barco de papel (1975), estrenada por la compañía Ditirambo Teatro-Estudio en Vigo, en 1975, con dirección de Luis Vera; El vodevil de la pálida, pálida, pálida, pálida rosa (1975) que se estrenó en el Teatro Benavente de Madrid por la compañía Retablo, y también con dirección de Luis Vera; La oropéndola (1980) fue emitida por Televisión Española en 1981; la epopeya Tartessos (1981) fue premio del Consejo de Europa en 1985 y Pablo Iglesias de teatro en 1986.

Óscar Cornago escribió sobre la modernidad del estilo de este autor:

Los tiempos han cambiado para todas las artes, y quizá todavía más para el teatro, pero la capacidad creadora (y no solamente informativa) del verbo dramático, su eficacia para la renovación de lenguajes literarios y mundos escénicos sigue estando vigente, y de ello Horror vacui es uno de los mejores exponentes.[17]

Y no solo Horror vacui es uno de sus mejores exponentes, sino todo el teatro de Romero Esteo.

El conocido escritor Fernando Quiñones (Chiclana de la Frontera, Cádiz, 1930-Cádiz, 1998) también se aventuró por las sendas del teatro con varias versiones, como Tres piezas de horror (1961) y Carmen (1980), y con obras propias como Andalucía en pie (1980), que se estrenó en 1980 en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, una “propuesta escénica andaluza en música, imágenes y palabras”. La música corrió a cargo de Juan Antonio Castañeda y José Torregrosa, con escenografía de José Caballero y realización de la misma por Pere Francesch. La dirección fue responsabilidad del experimentado José Tamayo, porque como explica Alberto Romero Ferrer:

La dirección recaerá otra vez bajo la experta dirección de Tamayo, ya que el espectáculo incorporaba una producción que trascendía sobremanera el teatro de texto, para adentrarse por una especie de espectáculo flamenco-musical que recordaba mucho las famosas fantasías líricas del triunvirato de la copla “Quintero, León y Quiroga”.[18]

Como hemos podido apreciar, Quiñones, al igual que otros autores, también utiliza el flamenco como vehículo fundamental de expresión. El grito, drama sobre la emigración andaluza a Alemania no exento de cierto humor y lirismo, se estrenó en 1982 en el Teatro Falla de Cádiz con dirección de Ángel Ruggiero y escenografía de Adolfo Myer. En 1983 se hizo una versión de esta obra para televisión. Pero una de sus contribuciones más destacada al mundo de la escena es sin duda la creación del inolvidable personaje Legionaria, que con tanto acierto y durante largo tiempo interpretó el actor Ramón Rivero.

Manuel de Pinedo (Guadix, Granada, 1935) comenzó tempranamente su carrera como autor, ya que en 1955 estrenó en su localidad el auto El bien y el mal, que él mismo protagoniza. A las facetas de autor y actor muy pronto unió las de director de escena y dinamizador cultural. En 1956 estrenó Matrimonio, que posteriormente montaría el TEU de Medicina de Granada con la dirección de José M.ª López Sánchez, y en 1958 Sí saldrá el sol mañana. Después de una etapa de inactividad teatral, centrado en sus estudios y la vida laboral, se reincorporó al mundo de la escena y estrenó en 1970 La muñeca de trapo y E faro, ambas en la ciudad de Granada, al igual que Bayuba en 1972 y La habitación. En 1973, ya con su residencia fijada definitivamente en esa ciudad, fundó la compañía Teatro Popular, con la que recorrió toda Andalucía representando obras de Brecht e Ionesco, y de devolver a las tablas La casa de Bernarda Alba y llevar a escena algunas de sus obras. En 1973 se estrenó Como aquellos árboles del camino, en el colegio Sagrada Familia de Granada, Arístides y Bertoldo, en Granada y Cerceris y Bupréstido en Motril en 1974. En 1975, en la Universidad de Pittsbourgh, pusieron en escena su obra Urbano Grandier, prohibida por la censura en España. Esto le ofrece la posibilidad de dar una serie de conferencias en Estados Unidos. El escaparate se estrenó también en Motril, en 1976, y Rita, la flor santa de Casia en el Teatro de los Agustinos de Monachil en 1981. Tras unos años de inactividad vuelve a la escena en los primeros años de este milenio. De Pinedo ha cultivado con profusión el teatro histórico y ha dado a conocer la vida de muchos granadinos merecedores de ello, como puntualizaba Cristina Viñes Millet respecto de su obra Juan José Santa Cruz, el hombre que acercó las nubes, publicada en 2007:

Me refiero a la elección de sus personajes, en absoluto casual sino fruto de ese inconformismo connatural en él ante muchas de las cosas del pasado y del presente. Seres reales con frecuencia –Urbano Grandier, Ángel Ganivet, el padre Manjón… Juan José Santa Cruz en este caso– todos ellos tienen algo en común. El estar marcados por un hado o un destino que los singulariza. El haber sido protagonistas de una vida y una obra que merece ser recordada. El haber pagado por culpas que les eran ajenas.[19]

Julio Martínez Velasco (Sevilla, 1925) es un conocido historiador del teatro y crítico, además de dramaturgo y titiritero, que cuenta en su haber con multitud de premios. Estrenó su primera obra de teatro en 1953, Don Diego de noche, que estaba escrita en colaboración con Alfonso Grosso. La llevó a escena la Agrupación Álvarez Quintero. En los años posteriores continúa escribiendo, especialmente volcado en su labor de titiritero. Con su Pipirijaina del Titirimundi llevó por primera vez el teatro a pequeños pueblos de Andalucía. Ya en los años setenta estrenó en 1972 La primera aventura de don Juan, en el salón de actos de Radio Popular. Esta farsa guiñolesca ha tenido más de cien representaciones en toda España y Estados Unidos. Don Cornelio Bravo, el marido ultrajado o El asunto se puso negro en la base de Morón, también una farsa guiñolesca, estrenada en Valencina de la Concepción en 1974. Fantochada con mala sombra fue finalista de la XI Olimpiada Internacional del Humor y subió a las tablas por primera vez en el Ateneo de Valencia en 1976,a cargo del grupo Sapo-La Clac, que la representó por todo Levante. El microbusito CH se estrenó en la RESAD de Madrid con dirección de la entonces directora Maruja López. ¿Quién va a dormir conmigo? se estrenó en El Sitio de Valencina en 1977. La comedia Tres tristes tragedias se estrenó en 1978. El envés de la pandereta, calificado por su creador como de entremés antiquinteriano, se representó en 1979. Los maniquíes fue escenificada en los festivales de teatro del Sitio de Valencina en 1980 y quedó finalista del Premio Borne de Teatro. En 1982, en el Teatro Lope de Vega, la compañía La Bulla escenificó el drama La hermosa hembra, con la que posteriormente realizó una gira por toda Andalucía. En los años sucesivos el autor continuaría escribiendo y estrenando, hasta que a finales de los noventa abandona la creación para centrarse en la historia del teatro, especialmente del desarrollado en Sevilla.

En su producción, como se ha podido apreciar por los títulos, destaca el teatro de humor y la sátira. Utiliza géneros populares como el sainete y la farsa, para hacer crítica social y de costumbres. Como autor de teatro infantil su nómina y sus éxitos son muy extensos. De 1962 son las obras Arlequín vence por fin y La robusta Robustiana. Con más de cien representaciones y con el título Libertad para jugar se estrenó esta farsa ganadora del certamen literario Barahona de Soto en 1972. Tilín, Talán y Tolón se dio a conocer el 25 de diciembre de 1972 en el Club 375. El Pijota, el Veleta y el bollo con manteca deleitó al público infantil en la Feria del Libro de 1973. Fantochada de las tres patas para un banco, o tres bancos con mala pata la estrenó el grupo La Juventud Actúa en 1976. ¡Atila, toma tila! ha sido la obra infantil de mayor éxito y más representada del autor. Fue llevada al cine y producida por televisión. La obra para títeres Los tataranietos de los titiriteros se estrenó en el Teatro Lope de Vega el 6 de enero de 1978. Liebre, libre, libra, libro se estrenó en el Teatro Lope de Vega en 1978.Todos en fila que viene Atila, secuela de la obra citada anteriormente, también gozó de gran éxito en su montaje de la Compañía de Teatro Infantil de Sevilla, dirigida por el experto José Pablo Ruiz. A estos títulos reseñados siguieron otros muchos, todos creados con la intención de divertir y acercar el teatro al público infantil. Durante largas temporadas lideró el escasísimo teatro infantil, que a excepción de las funciones de fin de curso, se podía ver en este periodo en la ciudad de Sevilla.

Otros autores e investigadores que dentro de su producción incluyeron el teatro como Carlos Aladro (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1934-Arcos de la Frontera, Cádiz, 2009), aunque desarrolló su trayectoria fundamentalmente en la enseñanza y en la investigación, escribió narrativa, guiones para cine y televisión y teatro para niños –su faceta quizás más conocida– y adultos. Como ejemplos citaremos el texto infantil El ratón del alba (1974) y la surrealista obra Balada en O (1980).

Ya hemos podido apreciar que durante estos años la preocupación por los niños y su formación y diversión a través del teatro aumenta. A continuación nombraremos a algunos cultivadores de este género, además de los anteriormente citados: Sebastián Bautista de la Torre (Segura de la Sierra, Jaén, 1911-1996) fue funcionario, periodista y también censor de espectáculos. Residió en Madrid. Cultivó diferentes géneros, además del teatro, en el que creó farsas y poemas trágicos y especialmente teatro infantil. Durante este periodo obtuvo el premio Amade de teatro infantil por su obra Tristín, Tristana, Tristón y la colada del señor. José M.ª Garrido Lopera (Granada, 1919-1983) fue funcionario de profesión y escritor de vocación. De su teatro destacaremos su producción para niños, como los títulos El ovni y Los pasteles. José Manuel Ballesteros Pastor (Cabra, Córdoba, 1952), hombre inquieto que ha cultivado entre otros géneros especialmente el teatro infantil. De esta época reseñaremos su obra editada Érase una vez la revolución (1789 o así) (1982). Juanono Barceló Sierra (Almería, 1946) fue unos de los fundadores del grupo de teatro independiente almeriense Bochica. Como autor destaca su producción de teatro infantil y juvenil de los años ochenta ¡Esto se cae!, ¡Préstame tus colores! y Una princesa… y pico. Francisco López Salamanca (Lucena, Córdoba, 1949) es profesor de enseñanza secundaria y escritor de poesía, estudios históricos y teatro. Dentro de su obra dramática tiene especial importancia su producción de teatro infantil, con textos como Esto es Troya (1979), que fue representada por la compañía Gianni Rodari y premiada con el Barahona de Soto de ese mismo año. Antonio Gómez Yebra (Almoharín, Cáceres, 1950) es profesor universitario y ha impartido clases de expresión dramática infantil, y realizado diversas publicaciones sobre esta temática. De las numerosas piezas de teatro infantil que escribió en esta época citaremos La estrella que dejó de brillar (1975), Juegos divertidos (1975), Llega un extraterrestre (1975), El hombre y el león (1975) y Teatro de sombras: un tesoro inverosímil (1975). José Cañas Torregrosa (Montilla, Córdoba, 1955) es profesor de primaria y ha dirigido varias compañías de teatro infantil, como la Gianni Rodari. El teatro infantil ocupa gran parte de su producción dramática y en 1979 obtuvo el Premio Nacional de Teatro Infantil.

El teatro popular y de evasión tenía igualmente su espacio en la cartelera andaluza y sus autores, entre los que destaca Agustín Embuena (Madrid, 1929-Sevilla, 2000). Gran cultivador del teatro para niños que se representaba en las Galas Juveniles de los años cincuenta y sesenta, y que continuaba en la radio con el programa infantil “El Mago Tranlarán”, afición que ya comenzó en su época del TEU madrileño. En 1959 había escrito en colaboración con Manuel Barrios varias obras, casi todas parodias poéticas, como Roneo y Chuletta o “una versión libre, de la famosa obra de don José Zorrilla con ripios y otras cosas, originales”, según consta en el programa de mano de 1960 de Don Juan Tenorio. En este montaje participaban sus compañeros de Radio Peninsular Emilio Segura, conocido actor del momento, muy ligado a la Agrupación Álvarez Quintero de Sevilla, y Mariló Naval, que actuó con diversos grupos de aficionados, como el TEU de Sevilla. No sería esta la única ocasión en que este autor versionará al clásico de Zorrilla, ya que lo haría en cuatro ocasiones más: Tenorio on the rock (1978); Tenorio en crisis, estrenada en 1983 en el Teatro Álvarez Quintero de Sevilla; Tenorio’92, estrenada en 1989, y El Tenorio y la zorrilla, que se estrenó en 1993 en Caja San Fernando de Sevilla. En 1979, Joaquín Arbide puso en escena la pieza de café-teatro El caso del lunar en el pompis, en el barco Margarita II, convertido en local de copas. El único objetivo de este autor era divertir al público, algo que él mismo se encargó de subrayar en diversas ocasiones, como en el programa de mano de la citada obra Tenorio on the rock, donde además de hacer una declaración de intenciones, critica al teatro contemporáneo:

Aquí no hay obra polémica, como no se trata de discutir sobre si el público se ríe o no; ni se dicen cosas para meditar sobre su oculto contenido, que bastante tenemos cada uno con pensar en nuestros propios y cada vez más numerosos problemas. Aquí no se intenta provocar admiración, pero sí alegrar al público. Y sentimos decir que en la obra hay poco mensaje –¡con lo que eso se lleva ahora!– y el brevísimo mensaje dice simplemente: Amigos… ¡que ustedes lo pasen bien!

Manuel Barrios (San Fernando, Cádiz, 1924-Sevilla, 2012). Periodista, trabajó en Radio Nacional de España y Radio Sevilla. Escritor polifacético, como ya hemos indicado anteriormente, escribió varias comedias que en su momento gozaron de éxito, como la citada Don Juan Tenorio, Cornelio, Paz, Victoria y un camarada de Coria, escrita para café-teatro y dirigida por Joaquín Arbide. Ya entrados los ochenta, la agrupación Álvarez Quintero representó Parranda del corregidor y la molinera y El recurso de amparo. Pero, sin duda, su obra más conocida y representada ha sido El encierro de san Serapio, pieza cómica que como anunciaba en los programas “se devolverá el dinero al espectador que lance menos de 200 carcajadas”.

José Antonio Garmendia (Sevilla, 1932-2007) era licenciado en ciencias químicas, aunque siempre ejerció de escritor, dibujante y caricaturista. Fue colaborador en diferentes periódicos y revistas, además de periodista radiofónico. Se convirtió en todo un personaje de Sevilla. Escribió las siguientes obras estrenadas por Joaquín Arbide en café-teatro: La señorita cortijera y el aperaó, La intelectual, el carapapa y el aperaó y Jodiseas del espacio, todas ellas escritas en tono humorístico y paródico. En Madrid triunfaba en este género del café-teatro Camilo Murillo (Sevilla, 1927-Madrid, 2007) autor de piezas como Vengan chicas, qué demonios, dirigida por Luis Calvo, La máquina del vicio (1973) y El futuro lo veo oscuro (1974), todas ellas con centenares de representaciones. Otros títulos de este autor son Dos piernas, veinte millones, Tú, tranquilo, El barbero de Melilla, Andalucía en rock, o en 1964 Proceso al escándalo, estrenada en el Teatro Goya sobre el caso Profumo. Aunque sin duda su creación más recordada es la célebre canción “Campanera”. Camilo Murillo se caracterizaba por su tono irónico sobre la política, la sociedad de consumo o el erotismo.

También estaba en activo un reducido grupo de autores veteranos que continuaba cultivando fórmulas escénicas de épocas anteriores.

Adolfo Vila Valencia (Cádiz, 1903-1997). Trabajó para el Diario de Cádiz como impresor y tipógrafo. Inició su carrera como autor con veinte años y escribió más de cien obras a lo largo de su vida. Continuó escribiendo hasta poco antes de su fallecimiento. Tenía influencias de Muñoz Seca y Pemán y su teatro seguía fundamentalmente dos líneas, la cómica-costumbrista y la de temática religiosa. En la década de los setenta y principios de los ochenta, además de continuar escribiendo y publicando, sus textos fueron llevados a escena en varias ocasiones. Una de sus obras más conocidas de su última etapa es Así fueron nuestros mártires (1975), que fue representada en el atrio de la iglesia de Santa Cruz en octubre de ese año por el Cuadro Artístico de la Organización Sindical Educación y Descanso. La perla escondida (1976), su primera puesta en escena fue meses más tarde en la Iglesia del Monasterio de Santa María, con dirección de José Segura López. La ovejita abandonada (1978), estrenada por el Cuadro Artístico Infantil de la Congregación Rebaño de María en el salón de actos de dicha congregación en 1978. In articulo mortis (1980), se puso en escena en octubre en el patio de Nuestra Señora del Rosario de la Barriada de Puntales por el grupo Pléyade. Estas obras también están publicadas. Alfonso López Martínez (Almería, 1932-2001) fue totalmente autodidacta y cultivó poesía y teatro. Dentro de este último género escribió melodramas como El hijo del pastor (1968) y tragicomedias como Fechas de siempre, estrenada en 1984en Almería por la compañía Los Coloraos.

Igualmente existen algunos actores y directores que realizan interesantes adaptaciones o versiones de obras de otros autores, bien clásicos, bien extranjeros para compañías de teatro independiente como Roberto Quintana y Antonio Andrés Lapeña vinculados a Esperpento y Teatro del Mediodía. Entre los autores seleccionados para esta labor destacan Brecht, Tolstoi, Antonio Machado, Calderón…

Existe también un grupo de autores andaluces en este periodo residentes fuera de Andalucía, generalmente en Madrid, que durante esos años no tuvieron mucha vinculación con la escena andaluza, y prácticamente no tuvieron ninguna presencia en ella, aunque su teatro sí conserva en la mayoría de los casos hondas raíces del Sur. En años sucesivos la mayor parte de ellos recupera esa relación con su comunidad de origen.

Fernando Almena (Córdoba, 1943). Inició su carrera como autor teatral en su etapa de estudiante de Ingeniería Técnica en Madrid, en el TEU de Aparejadores, del que también era su director,  y con el que estrenó el 19 de marzo de 1966 en la Ciudad Universitaria El comprador de ilusiones, su primera obra. A pesar de vivir en Madrid desde su época de estudiante, uno de sus temas más recurrentes es la historia de Andalucía y sus protagonistas, como en El Albéitar de Loja, que trata la figura de Rafael Pérez del Álamo. Esta obra fue premiada con el primer premio Barahona de Soto en 1980 y estrenada el siguiente año por la Agrupación Lírico-Dramática Barahona de Soto. Otras obras de esta época son: Redobles para un mono libre (1978), que en 1981 obtuvo el premio Ámbito Literario; la interesante pieza Ex, o la irrefrenable marcha del cangrejo (1980). Es peligroso asomarse al exterior (1980) obtuvo los premios Premio Otoño del Sindicato Nacional de Escritores Españoles en 1981 y Premio Plaza Mayor de la Casa de España en París en 1982. Fue emitida en 1982 por Radio Nacional de España. Resurgimiento (1981) recibió el premio Federico García Lorca de 1983, y la farsa Ejercicios para ahuyentar fantasmas (1981) consiguió el Premio Diego Sánchez de Badajoz en 1982.

Hay que destacar la faceta de Fernando Almena como autor e impulsor del teatro para niños en nuestro país, género al que ha dedicado gran parte de su producción, abanderando en los años setenta y ochenta la autoría de este género, del que escasos autores se ocupaban con rigor y continuidad Justo Ruiz comentaba sobre el autor:

… el sentimiento que llevó a Fernando Almena a dedicar gran parte de su actividad a promover el teatro y sobre todo a centrarse en el afán de educación teatral infantil y juvenil. Porque son años y esfuerzo los que hacen que una sociedad cambie y solo con ese criterio estaremos transformando el futuro.[20]

Dentro de sus obras de teatro infantil escritas en aquella etapa destacamos: ¡Gran guardabosque Gran! (1980), cuya primera, de muchas representaciones, corrió a cargo de Pilar Delgado y el grupo La Taguara en el salón de actos de la Delegación del Ministerio de Cultura en Huesca en 1981; La capicúa historia de un gerifalte gordo(1980), representada por el grupo La Taguara en numerosas poblaciones, en 1981;El mandamás más más… y sus máquinas pitipitroncas (1981), estrenada por la compañía La Carrucha en el salón de actos de la Caja de Ahorros de la Inmaculada de Zaragoza en 1983;Morito de Caracatucón (1982), que se estrenó en 1988 como Mariposas de colores. Ha continuado escribiendo y publicando teatro infantil durante las décadas posteriores. Sus obras han alcanzado numerosas representaciones y su labor en este campo se ha valorado tanto en España como Hispanoamérica. La editorial Everest ha publicado muchos de sus textos.

La obra de Fernando Almena traza un puente entre la dramaturgia clásica y la contemporánea, en un intento de ajustarse a la realidad que vivimos. Sus obras, de una gran cercanía y ductilidad, son susceptibles de representarse en el ámbito escolar y en el profesional, cubriendo la doble función del teatro, la social y la recreativa.[21]

Concha Villarrubia destaca el humor y la fina ironía de este autor.

José Luis Miranda (Archidona, Málaga, 1939), médico de profesión, ha cultivado la poesía, la narrativa y el teatro, género en el que ha conseguido importantes reconocimientos. Su primera obra es Cartas marcadas, que fue estrenada en 1961 en el Teatro de la Comedia de Madrid por el Teatro de Cámara Pigmalión. Pero sus textos más conocidos pertenecen a los años ochenta y noventa: Transbordo –premiada con el Rojas Zorrilla en 1987–, Ramírez, La niña del almanaque y En el hoyo de las agujas. Reside fuera de Andalucía desde hace tiempo, aunque mantiene un estrecho contacto con su tierra, que se ve plasmado en la temática y los personajes de algunas de sus obras. Sobre el personaje del torero protagonista de Ramírez Carlos Álvarez-Nóvoa escribiría: “Aquella historia trascendía de la comedia de costumbres, aunque elementos tenía de ella, por la impresionante fuerza de un personaje, el protagonista, dotado de un particular aliento trágico”[22].Mientras Emilio Hernández aseguraba sobre sus personajes: “Sus personajes, como sus obras, son vasos comunicantes, pero vasos sanguíneos, arterias a punto de estallar por una cornada salvadora”.[23]

Jesús Campos (Jaén, 1938) como autor se ha dedicado casi exclusivamente al teatro y él mismo dirige las puestas en escena de sus obras. Autor innovador tanto en el contenido como en la forma. Algunas de las obras de esta época son las siguientes: Matrimonio de un autor teatral con la Junta de Censura (1972) fue premio Ciudad de Teruel y se publicó en la revista Modern International Drama VIII en 1974;7000 gallinas y un camello obtuvo el Premio Lope de Vega en 1974 y se estrenó en 1976 en el Teatro de la Princesa y transcurre en el campo de Almería; En un nicho amueblado consiguió el Premio Arniches en 1974 y el Eulalia Asenjo de la Real Academia en 1977;Es mentira fue premiada con el Guipúzcoa en 1975;Nacimiento, pasión y muerte de… por ejemplo tú estrenada en 1975 y editada por la Universidad de Granada en 1976;Blancanieves y los sietes enanitos gigantes se estrenó en el campo de futbol de Villalba en el año 1978. Reside en Madrid desde hace años, y algunas de estas producciones se pudieron ver en Andalucía. Sobre su texto 7000 gallinas y un camello, Julio Huélamo, en su edición por el Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, escribió unas palabras que se pueden extender a todo el teatro del autor en esta época:

…el caso de Jesús Campos, quien con su actitud conseguirá dar vida y poner en escena, dentro de un entorno hostil que suponía un premio oficial y un espacio teatral consagrado, un ejemplo dramático de contundencia crítica contra el orden establecido y su entorno, pero además obtener de él, en los límites ponderados que imponía la situación, el elogio y hasta el triunfo moderados.[24]

Andrés Ruiz (Sevilla, 1928-Murcia, 2009). Comenzó tempranamente a escribir teatro, La cajita y las muñecas (1949), La evasión del muñeco (1949), El pequeño retablo (1949), Tragedia en lo azul (1955), A través de unas horas (1955), La manifestación (1955), La guerra sobre los hombros(1956),primer premio de Teatro del Festival de la Juventud de Moscú 1957, Vidas en blanco (1957) –estrenada en Televisión Española en 1982 con un magnífico reparto–, Retablo de la sangre enterrada (1957), Retablo de la desesperanza (1959), La espera (1961), Como un cuento de otoño (1964), ¿Por qué Abel matará a Caín? (1969) –estrenada en 1971 en el Théatre L’Atelier de Ginebra por François Rochais–, Martín (1971), Golpes bajos (1971), En el país de los ojos azules (1974) –premio de la Sociedad de Escritores Suizos–, Monólogo de hombres solos (1975), Rosas iluminadas (1980), Los árboles bajo la luna (1981) y Un ramo de sal y humo (1982). Las tres últimas piezas forman parte de la Trilogía de la Iluminación, que fue publicada por el Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía en 2002. En 1987 escribió Ocaña, el fuego infinito, Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca, que se estrenó en 1994 en el Teatro Nacional de Cuba con dirección de Nelson Dor. Andrés Ruiz continuó escribiendo y cosechando numerosos premios en España en los  siguientes años, que se sumaron a los obtenidos en Moscú y Suiza. En la época que abarca este estudio acaba de regresar de Suiza, donde emigró a mediados de los años cincuenta para no volver hasta 1977. Participó en la creación del PCE, y contribuyó a la difusión del teatro independiente español entre los emigrantes y el público de ese país a través de campañas teatrales. Durante su estancia en Suiza y hasta los años ochenta no tuvo mucho contacto con Andalucía, aunque gran parte de su obra está impregnada de acento andaluz, tanto en los personajes, como en las historias que viven, como reconocería José Antonio Rayneaud:

Andalucía está siempre presente en los temas y personajes de sus dramas, pero en la mayoría de los casos su visión desborda el tópico costumbrista, ofreciéndonos una visión desengañada y cruel de un entorno asfixiante para el individuo. Su simbolismo es creativo y evocador, alcanzando un poder descriptivo subyugante, lleno de giros idiomáticos, sensaciones visuales, aromáticas, sonoras, musicales, fruto de la profunda visceralidad de sus obras y de una búsqueda en los orígenes que ya hemos señalado como motor de la creación de nuestro autor. La recreación poética de un pasado que nos ofrece una imagen más nítida de la realidad, aunque con todo el carácter de recreación y ensoñación que tienen siempre los recuerdos. Unos recuerdos pocas veces agradables.[25]

Salvador Enríquez (Granada, 1942), al igual que otros autores de su generación, encauzó su afición escénica en el teatro universitario, en este caso de Granada. A los veintidós años se trasladó a Madrid, donde ha desarrollado su trayectoria como periodista y escritor de diferentes géneros, entre ellos el teatro, donde ha cosechado numerosos premios. De las obras escritas durante los años setenta destacaremos por su conexión con Andalucía el monólogo Mirándose detrás de un espejo (1975), estrenada el mismo año en la Casa de Granada de Madrid con dirección del propio autor, y El puente (1970), estrenada en 1975 por el Grupo de Teatro de Juventudes Musicales de Granada en el Centro Artístico de esa ciudad.

Su teatro, siempre de contenido social y muy actual, se ha desarrollado  especialmente en las décadas posteriores. En Argentina le han puesto en escena varios títulos. Mencionaremos de su obra posterior Una agenda llena de grasa, La cuchara, Cuando den las tres, Yo pecador, El hombre que no vio el mar, Habitación de hotel…

José Antonio Barrero García (Villarrasa, Huelva, 1949) cursó sus estudios superiores en Madrid, ciudad en la que fijó su residencia. A pesar de haber centrado su carrera en el cine, escribió un par de obras de teatro: Cinco amantes para un rey (1970), estrenada en 1977 y Fros y Tanata (1971), ambas estrenadas en Madrid. También colaboró en la escritura de Castañuela 70, una de las producciones más recordadas del teatro independiente.

ABC, 31-05-1980.

ABC, 31-05-1980.

Durante este periodo objeto de estudio, algunos dramaturgos andaluces continuaban exiliados y totalmente establecidos en sus países de adopción, mientras otros acababan de regresar, y las relaciones con su comunidad de origen son escasas. José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) tras la Guerra Civil se instaló en Venezuela donde desarrolló su trayectoria como periodista y crítico. De su amplia y premiada producción dramática en esos momentos solamente se había estrenado en España La muerte de García Lorca en 1982. José Ricardo Morales (Málaga, 1915-Santiago de Chile, Chile, 2016) fue miembro del grupo universitario El Búho, fundado por Max Aub. En 1939 se exilió en Chile, lugar donde ha desarrollado toda su trayectoria laboral como catedrático de universidad, y escénica. Creó el Teatro Experimental de Chile, y sus textos, buena parte de ellos farsas y teatro del absurdo, han sido representados en numerosos países. En España no se conoció su teatro hasta los años setenta en que se comienza a representar y editar. La adaptación al miedo (1965) se estrenó en 1972 por la compañía Ercilla en el Teatro Alfil de Madrid; Cómo el poder de la noticias nos da noticias del poder: Farsa diaria (1969) y Un marciano sin objeto (1967) se estrenaron en 1972 en el Teatro Alfil por la compañía Ercilla, con dirección de Montserrat Julió y La grieta (1965), La cosa humana (1966) y Prohibida la reproducción (1964), se estrenaron en 1983 en el Real Coliseo de Carlos III, y la puesta en escena corrió a cargo del Taller de Estudio Dramático Álvaro Custodio (Écija, Sevilla, 1914- Madrid,1992) fue miembro de La Barrraca y tras la Guerra Civil partió para Hispanoamérica donde ejerció de periodista, y desarrolló buena parte de su carrera teatral en México. A su regreso en 1974 dirigió la compañía Amigos del Real Coliseo de San Lorenzo de El Escorial, con la que estrenó algunas de sus obras como Eva y Don Juan (El mito de la seducción), estrenada en 1982 y su versión de La Regenta en 1985. A su regreso no tuvo mucha relación con su tierra natal. Manuel Andújar Muñoz (La Carolina, Jaén, 1913-Madrid, 1994) pasó parte de su vida en el exilio, hasta su vuelta en 1967. Su principal dedicación fue el periodismo. Escribió narrativa y poesía. En teatro casi todas sus piezas pertenecen a las décadas de los cuarenta y sesenta. Algunas de sus obras fueron estrenadas en México y otras en Andalucía, en los años ochenta, como Aquel visitante, estrenada en Andújar en 1984 como homenaje al autor.

Agustín Gómez-Arcos (Enix, Almería, 1933-París, 1998) en la época de la Transición política vivía en Francia, donde se había exiliado tras diversos problemas con la censura a finales de los años sesenta. Ya en este periodo había escrito sus obras más representativas de teatro y se dedicaba fundamentalmente a la novela. Recordemos sus obras más conocidas como Diálogos de la herejía, premio Lope de Vega 1962; Los gatos, estrenada en 1965 en el Teatro Marquina de Madrid con dirección de Juan de Prat-Gay; Queridos míos es preciso contaros ciertas cosas, cuyo estreno fue prohibido por la censura en 1966 y estrenada por el Centro Dramático Nacional en 1992; e Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas (1972), estrenada en 1991 en la Sala Olimpia de Madrid. En el periodo en que nos centramos, su obra era poco conocida en Andalucía. Ricardo Bada (Huelva, 1939) fijó hace muchos años su residencia en Alemania. Escritor y guionista, cuya producción escénica es muy poco conocida. En 1963fue galardonado con el premio de teatro Lola Membrives por su texto Detrás de la fachada.

A finales de los años setenta y principios de los ochenta, comienza su trayectoria escénica un interesante grupo de autores dramáticos, bien como actores o directores, bien como autores. Entre otros muchos citaremos a: Fernando Mansilla (Barcelona, 1956), un artista polifacético y bohemio. Escribió su primera obra, Batilio&Pilades, en 1976 y en 1982 se trasladó a Sevilla, donde reside y escribió Nos los inquisidores, que estrenó en 1984 la compañía La Pupa en la Sala San Hermenegildo de Sevilla. Ese mismo año creó la compañía Los Mongolos de la Muerte y empezó a escribir y estrenar con frecuencia durante los años ochenta y la década siguiente. Alfonso Zurro (Salamanca, 1953), inició su trayectoria escénica unido a la compañía de teatro independiente La Jácara, a la cual dirigía y para la que empezó a escribir. El ingenioso conjunto de piezas breves denominado Farsas maravillosas, estrenado por La Jácara en 1985 con dirección del propio Zurro, es una de las obras más representadas de la dramaturgia contemporánea en Andalucía. Antonio Estrada (Chiclana de la Frontera, Cádiz, 1956) se inició en el teatro cuando cursaba Psicología en la Universidad de Sevilla. En los años ochenta se trasladó a Madrid, donde estrenó su primer texto dramático, La fuga mundi, para un espectáculo de cabaret. A este texto le seguirían otros muchos hasta la actualidad. Compagina la escritura con la dirección de espectáculos y la enseñanza escénica. Juan de Lazaranda (Jerez de la frontera, Cádiz, 1954-2013) escribió para la prestigiosa compañía La Zaranda con la que siempre trabajó como actor y director de escena. Sus creaciones como autor más tempranas son Mariameneo, Mariameneo (1985) y Vinagre de jerez (1987), en estas obras se puede apreciar el estilo que caracterizará a la compañía, así como el importante papel que desempeña el baile flamenco en la producción de este dramaturgo. Jorge Márquez (Sevilla, 1958) reside desde hace tiempo en Extremadura, donde ha desarrollado su trayectoria escénica. Algunos de sus primeros textos son: El espíritu de Buret (1978), Juegos de madrugada (1981) y El beso de las mariposas (1984), todas ellas estrenadas y editadas. Juan del Arco (Jaén, 1960) inicia su carrera dramática a finales de los setenta como actor. Funda el Taller Experimental de Teatro La Abutarda y comienza a dirigir. Aspectos ambos, los de actor y director, que ha seguido cultivando con éxito a lo largo de su trayectoria escénica. La primera obra de teatro de este autor es Láudano en los labios (1983), galardonada ese mismo año con el premio de Teatro Breve de Valladolid. En la década siguiente continuó escribiendo teatro.

Miguel Pertíñez Díaz (Maracena, Granada, 1947) fundó el grupo de teatro independiente La Gaviota, 1980-1992, en el que desempeñó las tareas de dirección, adaptación y dramaturgia. De esta etapa destacan los siguientes textos estrenados por su grupo y con la dirección del autor: El collar de estrellas (1979), Flor de almendro o La máscara de don Pedro (1981) y Vaciemos el mar (1983).Manuel Gahete Jurado (Fuente Obejuna, Córdoba, 1957) cuenta con una reducida producción teatral, entre la que mencionaremos la obra premiada en 1983 con el Barahona de Soto, Cristal de mariposas. Gahete puso en marcha el certamen teatral de Fuente Ovejuna. José Siroco (Guadalajara, 1949) está vinculado al teatro a través de diferentes compañías desde 1976, aunque su labor como autor es más tardía. Algunas de sus primeras obras son: Poeta Miguel (1982), Las coplas de Don Antonio (1984) y Juan Panadero ¡Rafael por alegrías…! (1984). Todas estrenadas en el colegio El Picacho de Sanlúcar de Barrameda. El autor de las famosas pulgas dramáticas, José Moreno Arenas (Albolote, Granada, 1954) fue un autor precoz que comenzó a escribir teatro ya en el colegio, aunque de forma continuada lo hará entrados los años ochenta. De esta época son La espinilla (1982), La oveja negra (1982), La factura (1983) y Los números (1983).A mediados de los años ochenta José Antonio Garriga Vela (Barcelona, 1954) comenzó a escribir teatro con algunas interesantes obras como la tragedia Aquellas añoradas sirenas roncas y despeinadas (1986), que ese mismo año obtuvo el premio de teatro breve Miguel Romero Esteo, y fue estrenada en el patio del Museo de Bellas Artes de Málaga en 1989.

Miguel Romero 'Esteo', en su casa de Málaga, en 2008.

Miguel Romero ‘Esteo’, en su casa de Málaga, en 2008. 7

Como se ha podido apreciar, la presencia femenina en la autoría dramática en este periodo es mínima, solamente algunas autoras escriben teatro, y muy pocas son las que lo hacen profesionalmente. Antonina Rodrigo García (Granada, 1935) fijó su residencia en Barcelona y es autora de numerosas piezas de teatro infantil escritas y estrenadas a finales de los cincuenta y principios de los sesenta por la compañía Colegio Mayor Santo Domingo, en el Teatro Isabel la Católica de Granada. Pero en la época que nos ocupa su actividad estaba centrada en el ensayo y el periodismo.

EFE Córdoba (17 jul. 2018). La granadina Antonina Rodrigo gana el premio Córdoba Ciudad por la Paz. La presidenta andaluza, Susana Díaz, y la escritora granadina Antonina Rodrigo (c)

EFE Córdoba (17 jul. 2018). La granadina Antonina Rodrigo gana el premio Córdoba Ciudad por La Paz. La presidenta andaluza, Susana Díaz, y la escritora granadina Antonina Rodrigo (c) 8

Rosario Pascual Lira (Osuna, 1912-Sevilla, 1998) cultivó sobre todo la poesía, aunque hizo alguna incursión en el teatro, como la farsa en verso La apendicitis de doña Petra (1972), Bonaparte y la quemá (1984) y Diferencias por la cultura (1988), estrenada ese mismo año en la Casa de la Cultura de Paradas. María del Carmen Ramírez Gómez (Sevilla, 1935) ha dedicado su vida profesional a la enseñanza y es autora de varias obras, todas ellas de teatro navideño. Algunos títulos correspondientes a estas fechas son: La Navidad en el evangelio (1980), La Navidad en el museo (1980), La Navidad en la catedral (1981), La Navidad en la filatelia (1981) y Nochebuena andaluza (1982). La totalidad de estas obras se estrenó en el Colegio Paulo Orosio por alumnos del mismo. Maribel Lázaro (Pueblonuevo, Córdoba, 1949) reside en Madrid desde hace largo tiempo, donde se ha dedicado a la escena como actriz y cantante. Comenzó a escribir teatro a principios de los ochenta. Algunas de sus obras son Cinco historias mágicas (1983), de teatro infantil, y Humo de beleño (1983), con la que obtuvo el Premio Calderón de la Barca. Otras autoras que comenzaron a escribir teatro en las postrimerías de este periodo son Concha Romero (La Puebla del Río, Sevilla, 1945).En esta época vive en Madrid y es una de las pocas autoras conocidas. Su primera obra es Olor a ámbar (1980), publicada en 1983 y estrenada en 1984 por el grupo del instituto Eijo y Garay de Madrid. Otra de sus piezas primerizas es Así aman los dioses  (1982), publicada por la editorial Fundamentos y  estrenada en 1989 por alumnos del instituto Mirasierra de Madrid. Ya desde sus inicios se pueden apreciar algunas de sus características definitorias, como la importancia de sus personajes femeninos y cierto didactismo, seguramente propiciado por su profesión de docente. La conocida poetisa Ana Rossetti (San Fernando, Cádiz, 1950), escribió algunas obras de teatro para el grupo Metáfora, creado por ella en 1974, pero es más reconocida por la adaptación de clásicos y por el libreto de ópera El secreto enamorado, escrito en colaboración con Jorge Díaz y estrenada en 1993. María Manuela Reina (Puente Genil, Córdoba, 1958), obtuvo el premio de la Sociedad General de Autores 1983 por su texto El navegante, escrito en 1982.A esta obra le seguirían La libertad esclava (1983) y El llanto del dragón (1984), ambas estrenadas, y que junto con la primera formarían parte de la etapa inicial de esta autora, que posteriormente cultivaría el género de la alta comedia, a la que ella añade una importante dosis de crítica a las clases más pudientes y su peculiar estilo. Entrados los ochenta comienza a escribir Mercedes León (Málaga, 1958).Sus primeras obras son Cinco cubiertos, estrenada en 1985 en el Patio de San Agustín, que estuvo en 1987 representándose durante un mes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y Toque de queda, que se estrenó en el Salón de Usos Múltiples del Ayuntamiento de Marbella. Esta actriz ha continuado con su carrera como autora y mujer de la escena desempeñando diversas funciones. A principios de los noventa se incorporarán otras autoras a esta escueta nómina, como la directora de escena Sara Molina; Inmaculada Díaz Benítez, autora de teatro escolar; Julia García Verdugo, quien realizó un importante trabajo como editora, y la conocida actriz Petra Martínez Pérez, estas últimas desde Madrid. Es de reseñar que muchas de estas dramaturgas están relacionadas profesionalmente con la docencia, y que gran parte de su producción está dedicada al teatro infantil.

Un olor a ámbar (1980), de Concha Romero. Ateneo de Madrid, 1989.

Un olor a ámbar (1980), de Concha Romero. Ateneo de Madrid, 1989. Estreno: 27 de noviembre de 1988 en Centro Cultural Villa de Mostoles de Móstoles (Madrid). 9

Tras este somero repaso por el panorama de la autoría teatral en Andalucía durante el periodo de la Transición política, en el que no hemos podido tratar a todo los autores existentes por razones de espacio, pero que los interesados pueden ampliar en el extenso trabajo realizado por Ramón Espejo en el Catálogo de Autores Dramáticos Andaluces, 1800-1898 y en la base de datos de Autores Dramáticos Andaluces del Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, podemos extraer las siguientes conclusiones: durante el periodo estudiado en Andalucía convivían los autores que se sumaron a una nueva dramaturgia, con aquellos que cultivaban el teatro realista, el de evasión y con las propuestas del teatro independiente como en el resto del país. Un buen número de autores incorporaron el flamenco, lejos de los tópicos, a su lenguaje teatral como elemento intrínseco de expresión de la cultura andaluza. Existe una importante producción de teatro infantil. Muchas de la representaciones y estrenos se realizan en espacios no específicamente destinados para la representación teatral, como centros de enseñanza, colegios mayores, cajas de ahorro…hecho que está relacionado con las compañías o grupos que montaban a estos autores, mayoritariamente de teatro independiente o teatro no profesional y aficionado, pero escasamente lo hacían las compañías de teatro comercial, por lo que era difícil acceder a los teatros. La presencia femenina como autoras es prácticamente inexistente hasta los años ochenta. Y efectivamente, los autores dramáticos andaluces, como en el resto de España, durante este periodo tuvieron grandes dificultades para ver sus obras en escena. Buena parte del corpus dramático de la época permanece sin estrenar e inédito, es decir, desconocido y en grave riesgo de perderse.

[[4]]Julio Martínez Velasco, “Auge del teatro vocacional, mientras el profesional languidece”, ABC de Sevilla, 9 de agosto de 1973, p. 42.[[4]]

 

 

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Notas

  1. Eugenio Trías, El Mundo, 12 de junio de 2002.↵ Volver al texto
  2. Juan Pablo Fusi, “Un siglo de España: La Cultura”, Marcial Pons, Ediciones de Historia S.A., Madrid, 1999.↵ Volver al texto
  3. Alberto Miralles, “Teatro independiente”, Yorick, nº 26, 1967.↵ Volver al texto
  4. Aula-6, La verdad, Murcia, 12 de enero de 1979.↵ Volver al texto
  5. Eduardo Pérez Rasilla, “Nota para un panorama del teatro español actual”, Teatro en España: perspectivas para el siglo XXI, Cuadernos AISPI, 7, 2016, pp.15-16.↵ Volver al texto
  6. Francisco Díaz Velázquez, “Notas sobre el teatro de Alfonso Jiménez Romero”, Teatro ritual andaluz, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 5, Sevilla, 1996.↵ Volver al texto
  7. Andrés Molinari, “Seis lustros de Aula-6”, Parábola y Espiral de Miguel Alarcón. Textos para Aula-6, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Cuadernos escénicos”, nº 7 Sevilla, 2003, p.24.↵ Volver al texto
  8. Francisco Díaz Velázquez, “Notas sobre el teatro de Alfonso Jiménez Romero”, Teatro ritual andaluz, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 5, Sevilla, 1996.↵ Volver al texto
  9. Programa de mano de una representación de 1976, en Elda, de Así como suena… (Ensayo para un canto a Andalucía).↵ Volver al texto
  10. Justo Ruiz, “Suerte de espadas”, El hueso de la aceituna, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 10, Sevilla, 2001, pp.214-215.↵ Volver al texto
  11. Julio Martínez Velasco, ABC de Sevilla, 1966.↵ Volver al texto
  12. Julio Martínez Velasco, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Teatro en Internet para Niños”, nº 1, Sevilla, 2008.↵ Volver al texto
  13. Julio Martínez Velasco, ABC de Sevilla, abril de 1983, p. 17.↵ Volver al texto
  14. Patria, 26 de febrero de 1977.↵ Volver al texto
  15. Perozo, Pueblo Gallego, 14 de noviembre de 1977.↵ Volver al texto
  16. Óscar Cornago, “Introducción”, Horror vacui, Miguel Romero Esteo, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 15, Sevilla, 2004, p. 7.↵ Volver al texto
  17. Alberto Romero Ferrer, “Quiñones, también un autor de teatro: un compromiso social y cultural sobre Andalucía”, Las mil noches de Fernando Quiñones, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, Sevilla, 2018.↵ Volver al texto
  18. Ideal de Granada, 15 de junio de 2007, p.32.↵ Volver al texto
  19. Justo Ruiz, “Suerte de espadas”, Jambre, Fernando Almena, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 10, Sevilla, 2001, p. 9.↵ Volver al texto
  20. Concha Villarrubia, “Introducción”, El rey del mundo lirundo, Fernando Almena, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Teatro en Internet para Niños”, nº 3, Sevilla, 2009, p. 5.↵ Volver al texto
  21. Carlos Álvarez-Nóvoa, “Los autores andaluces de ahora”, ADE, nº 54.55, 1996, p. 54.↵ Volver al texto
  22. Emilio Hernández, “Miranda y las mujeres sólidas”, La niña del almanaque, En el hoyo de las agujas y La habitación del hotel, Losé Luis Miranda, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 14, Sevilla 2002, p. 6.↵ Volver al texto
  23. Julio Huélamo, “Retrato de primavera con armadura”, 7.000 gallinas y un camello, Jesús Campos, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Cuadernos Escénicos”, nº 16, Sevilla, 2009, p.181.↵ Volver al texto
  24. José Antonio Raynaud, “Introducción”, Rosas iluminadas, Los árboles bajo la luna y Un ramo de sal y humo, Andrés Ruiz, Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, “Colección Textos Dramáticos”, nº 13, Sevilla, p.11.↵ Volver al texto
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