N.º 50El humor en el Teatro Español Contemporáneo

 

Testimonio

La Choriza

Eva Redondo

La risa es el sol que ahuyenta
el invierno del rostro humano”.
Víctor Hugo

Hace unos días, leí en un periódico digital una historia hilarante. La firmaba una usuaria de Twitter y parecía estar basada en un acontecimiento real. Me dispongo a transcribir de forma literal el relato tal y como fue publicado para analizar después los elementos que podrían convertirlo en una comedia teatral contemporánea.

Lo cuento porque me aburro:

Hoy hemos tenido un juicio con una señora que nos intentó robar unas plantillas de 75 céntimos.

¿Por qué?

Por gilipollas.

Mi jefe no es el típico chino cabrón, es más, es majísimo y súper buena persona. Pero si le tocas los cojones mucho, pues le jode.

Esta señora es una señora que cada vez que viene, roba. Por sistema. Y esta vez, delante de mi jefe, abre unas plantillas, se mete las dos en el zapato derecho y esconde el envoltorio

Mi jefe le dice que qué hace y ella que nada.

Le enseña el envoltorio y le dice: y esto dónde está? “Eso digo yo, por qué tenéis eso vacío ahí”

Al chino se le hinchan los huevos y dice que va a llamar a la policía, la china gurguta en su idioma algo y lo confirma: señora, lo tengo grabado y voy a llamar a la policía. “Eso, llama, llama si tienes valor”

Pos llama

“tú te crees que puedes llamar a la policía por… Qué? Un euro??”

Llega la policía, le toman declaración cada uno a uno de ellos, el chino dice que la señora aún tiene las plantillas puestas:

—señora, me deja ver su zapato?

—éstas son mías, de año pasado.

—señora, estas plantillas están nuevas.

—porque estos zapatos los pongo poco.

La señora niega la mayor. Un policía ve el vídeo y le dice que se ve como las pone

—No, se ve como las pruebo, yo quiero unas de aloe vera.

El policía le pregunta a mi jefe si quiere interponer denuncia, y este le dice que no, que quiere que le pida perdón y entonces la señora espeta: SI NO ME DENUNCIA ÉL LO VOY A DENUNCIAR YO POR ACOSO.

Y el policía que ya se iba va y le casca: Se acabó. La denuncio yo de oficio por caradura.

Y abren diligencias. La señora sigue poniéndose chula y le pide el teléfono a mi jefe. El policía que no tenga tanta cara encima que le roba pedirle un teléfono. Me lo pide a mí que le digo: si pa quedarme sin él. Se lo pide a una clienta. Llama al marido.

El policía “señora, deme el DNI”.

La señora “yo me voy a dar una vuelta que me siento mal”.

—Señora, usted no se puede ir.

—A mí no me puede retener nadie.

—Señora, soy la autoridad.

—Por 75 céntimos no me pueden detener.

—Por resistirse a identificarse, sí.

—Tengo derecho a una llamada.

MUCHA TELE VE USTED, SEÑORA.

Y tras tomarle los datos le dicen que se puede ir. Pero que no, que ella no se va porque a ella se le murió una hija y está muy mal. El policía que señora no mezcle, qué tendrá que ver.

QUE SI ME ESTÁ VIENDO DESDE EL CIELO ESTARÁ MUY DISGUSTADA.

Y llega el marido al grito de QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ.

El policía le explica que ha sido vista hurtando unas plantillas. Ella grita: QUE ME ESTÁ ACUSANDO DE ROBAR y empieza a llorar y el marido señalando al chino: ESTO NO SE VA A QUEDAR ASÍ. TENDRÁS CONTRAPARTIDA.

Policía: Señor… Le detengo por amenazas?

Señor: No, no. Sólo digo que yo también le quiero denunciar a él

Policía: Es que precisamente por eso estoy YO cursando la denuncia de oficio.

Señora: ÉL ME INSULTO Y ME GRITO Y SE RIO DE MI.

Policía: SEÑORA NO INVENTE.

Marido: Bueno, vamos a hablar.

Policía: Tienen ustedes juicio el miércoles 23 a las 9.

Señor: VOY A LLEVAR MIS MEJORES ABOGADOS.

Policía: Es un juicio por hurto de 75 céntimos, no hacen falta abogados

Señor: PERO LOS VOY A LLEVAR. ESTO NO SE QUEDA ASÍ. NO TIENEN PRUEBAS.

Cabrones estoy currando voy todo lo rápido que puedo ok.[1]

Policía: En realidad tenemos el vídeo, el vídeo de cómo le retiramos las plantillas a la Señora, 6 testigos, y nuestra declaración.

Señor: A ver, vamos a hablar

Policía 2: BUENO SE ACABÓ, ES QUE ME ESTÁN HACIENDO PASAR POR GILIPOLLAS YA. A JUICIO Y SE ACABÓ.

Pues el juicio fue hoy

La señora se presentó con: Abogado Abogado2 Marido Hijo Amiga

Mi jefe se presentó flipando.

La señora declaró que ella estaba probándose una plantilla y mi jefe la atacó a gritos.

Que en ningún momento ella se negó a pagar las plantillas pero mi jefe llamó a la policía y ella se puso nerviosa y se olvidó de que las llevaba puestas.

Mi jefe declaró que era la quinta vez que la señora robaba en la tienda que él supiera y que le había enseñado ya todos los vídeos al policía, que por eso él estaba atento, y que ella se puso “de chulería” y él llamó a la policía.

Lo de “de chulería” se lo enseñé yo.

La jueza leyó la declaración del policía y le recordó a la señora que no podía mentir al tribunal y que, según las dos declaraciones en una estaba mintiendo.

Le preguntó a mi jefe si reclamaba los 75 céntimos. Él dijo que sólo quería que ella “me pide me perdona”. La señora entiende que el chino pide perdón y dice: NO LE PERDONO. El chino mira a la jueza: QUE ME PIDE ELLA A MI.

Yo le dije que pidiera traductor, pero él cree que habla bien, vale?

La jueza deja visto para sentencia, el viernes os cuento. Y esa es la historia de la señora choriza caradura. Hala, que ya me toca salir.

 

La historia de La Choriza (así la llamaremos a partir de ahora) podría convertirse en una comedia teatral contemporánea. Es contemporánea porque sus personajes nos resultan familiares, conocidos, son hombres y mujeres de hoy que nos traen a la memoria a una vecina, al vendedor de la esquina o a un familiar cercano. Por otro lado, el lugar en el que transcurre la mayor parte de la acción (el interior de un bazar de todo a cien) localiza el relato en un periodo concreto de nuestra historia que nunca se remontaría más allá de los años noventa.

Los autores y autoras de teatro han de escuchar y observar con atención su tiempo y el mundo que les rodea, para no caer en las trampas de la actualidad, y hacer valer la escucha y la evocación del presente.

Itziar Pascual

Pensemos ahora en la línea argumental: alguien roba con descaro y, cuando se sabe descubierto, niega la evidencia y responde con altanería. Voy a ahorrarme la lista de sentencias por delitos de corrupción que tienen colapsado nuestro sistema judicial: el hurto y la pillería son vicios que nos acompañan a lo largo de los siglos. Hay una línea temática, sin embargo, latente en esta historia y que no se desprende del hecho de robar. Si la releemos nos daremos cuenta de que los comentarios acerca del dueño del bazar son despectivos o, como mínimo, condescendientes, y quienes se dirigen a él a lo largo del relato lo hacen con prepotencia. Me estoy refiriendo al racismo. Por desgracia, se trata de un tema muy de nuestro tiempo. 

Ser conscientes de lo horrible y reírnos de ello es dominarlo. Solo el humor puede darnos la fuerza necesaria para soportar las tragedias de la existencia.

Eugène Ionesco

Si algo comparten la risa y el teatro es que no pueden existir fuera del ámbito humano. Dice Bergson: «Lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura». Y Mayorga afirma sobre el teatro: «El teatro no sucede en el escenario, sino en el espectador». Es «un espejo que despliega», una mirilla por la que observar la existencia. Por lo tanto, risa y teatro son fenómenos que pertenecen en exclusiva al universo de lo humano. Sin embargo, no es la única característica que tienen en común. Freud considera al chiste como sucesor del juego infantil y, además, sostiene que lo opuesto al divertimento no es la seriedad sino la realidad. En este sentido, juego y teatro comparten su carácter lúdico y ficcional. Pero aún hay más semejanzas entre risa y teatro: necesitan de lo colectivo para acontecer. No disfrutamos la comicidad cuando estamos solos. La risa necesita un eco, un otro que se contagie y la amplifique. El teatro también necesita de los otros para ser, porque la otredad está en su misma esencia.

El teatro es el arte de la reunión… y del encuentro.

Juan Mayorga

La comedia es verdad y dolor, enuncia Vorhaus. En la historia de La Choriza hay verdades y hay dolor. Es verdad que la mujer robó, el dolor es la vergüenza que sintió cuando fue descubierta. Ahora bien, la mujer podría haber reconocido, pudorosa, su falta, y la historia habría terminado. Sin embargo, para mitigar su pesar, toma la decisión de negar lo evidente. Y ahí, en la tensión que se genera entre la vileza y la dignidad, surge la comedia.

—señora, me deja ver su zapato?
—éstas son mías, de año pasado.
señora, estas plantillas están nuevas.
porque estos zapatos los pongo poco.
Un policía ve el vídeo y le dice que se ve como las pone
No, se ve como las pruebo, yo quiero unas de aloe vera.

Pero hay más verdades y más dolor en la historia de La Choriza. Es verdad que el marido quiere mucho a su mujer, sin embargo, es doloroso reconocer que, en efecto, es una ladrona.

Ella grita: QUE ME ESTÁ ACUSANDO DE ROBAR y empieza a llorar y el marido señalando al chino: ESTO NO SE VA A QUEDAR ASÍ. TENDRÁS CONTRAPARTIDA.

Es verdad que el dueño del bazar no habla bien el castellano y duelen los malentendidos que de ello se derivan:

Él dijo que sólo quería que ella “me pide me perdona».
La señora entiende que el chino pide perdón y dice: NO LE PERDONO.
El chino mira a la jueza: QUE ME PIDE ELLA A MI.

L'Umorismo (de Luigi Pirandello), 1908.

L’Umorismo (de Luigi Pirandello), 1908.

Parece, por tanto, incuestionable que si la comedia es verdad y es dolor, la historia de La Choriza es tremendamente cómica. Pero existen más razones para pensarlo. Sostiene Pirandello: «Lo cómico depende primariamente del efecto sorpresa y de la habilidad para romper las rutinas estereotipadas del pensamiento. El caricaturista, el satirista, el escritor de humor absurdo, e incluso el experto humorista, operan siempre en más de un solo plano. Tanto si pretenden comunicar un contenido social como si solamente desean entretener, deben proporcionar sacudidas mentales, producidas por la colisión de matices incompatibles».

¿No resulta sorprendente que una mujer se meta dos plantillas en el zapato derecho y diga que no entiende por qué el envase que las albergaba estaba vacío? ¿No sorprende que además argumente que solo se las estaba probando (¡dos en un mismo pie!) porque ella quiere, en realidad, unas de aloe vera? ¿No es increíble que afirme que su hija, supuestamente muerta, se va a poner triste cuando se entere de que a su madre la acusan de ladrona? Sí. La historia está llena de giros inesperados y lo repentino suele ser gracioso. Ahora bien, la hilaridad de verdad, la carcajada sonora, se produce porque lo disparatado, lo descabellado, se nos muestra como algo de lo más razonable.

Pongamos ahora el foco sobre los personajes. El idiolecto, esa particular manera de expresarse que tiene cada una de las personas que comparece en esta historia, nos evoca un cuerpo, un estilo de vida, una clase social. Son seres humanos profundamente teatrales, casi arquetípicos, que cualquier actor o actriz interpretaría con gusto. Pero, además, cuentan con unas características que les confieren una gran comicidad. En primer lugar, poseen una visión del mundo singular que los hace auténticos porque se aleja de la lógica dominante. En segundo lugar, son humanos y, como tal, tienen defectos, vicios que podemos identificar y en los que, a menudo, nos reconocemos. Por eso despiertan nuestra simpatía. Para Vorhaus, estos elementos (la perspectiva cómica o visión particular del mundo, los defectos y la humanidad) son claves para crear un personaje cómico. Y añade otro: la exageración.

Si no tienes razón, grita.

Vorhaus 

Pensemos en La Choriza. Para ella, robar en los bazares es un comportamiento habitual nada reprobable (perspectiva cómica). Además de su gusto por lo ajeno, es orgullosa (defecto). Y cuando se le pregunta por el hurto, reacciona de manera exagerada: (…) que ella no se va porque a ella se le murió una hija y está muy mal. El policía que señora no mezcle, qué tendrá que ver. QUE SI ME ESTÁ VIENDO DESDE EL CIELO ESTARÁ MUY DISGUSTADA.

Existe, por otro lado, en La Choriza, un elemento que acrecienta la comedia porque nos permite juzgar a los personajes (¡pobres mortales!) desde cierta distancia. Ese elemento es el punto de vista desde el que se narra toda esta historia. Nosotros, en realidad, somos ella, la autora del relato, nosotros asistimos con perplejidad a estos acontecimientos. No somos parte activa de los mismos. No nos gusta reconocernos en la ladrona, en su marido, en el policía prepotente… No. Preferimos identificarnos con la chica que observa con estupor lo que allí sucede. Es frecuente, en la comedia teatral, encontrar este tipo de personaje, alguien que toma conciencia de lo extraño de la situación y lo observa con perplejidad. Por ello, en ocasiones, lo que provoca risa en el escenario no es la emisión de comedia sino su recepción, su escucha, la manera en que el otro recibe el chiste. No somos quien lanza la tarta sino la cara manchada de merengue.

Una de las greguerías ilustradas de la exposición en el Museo ABC. Ramón Gómez de la Serna. Museo ABC.

Una de las greguerías ilustradas de la exposición en el Museo ABC. Ramón Gómez de la Serna. Museo ABC. 1

En el humorista se mezclan el excéntrico, el payaso y el hombre triste, que los contempla a los dos. Casi no se trata de un género literario sino de un género de vida, o, mejor dicho: de una actitud ante la vida.

Ramón Gómez de la Serna

Detengámonos ahora en la forma en que se ordena el relato. La historia está narrada siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos. En términos de estructura dramática podríamos identificarla con un esquema clásico que, reducido a su máxima expresión, se resumiría en que un personaje (la mujer) tiene un objetivo (robar unas plantillas sin ser descubierta), pero otros personajes se lo impiden (el dueño, el policía). Si quisiéramos acercar la estructura a la contemporaneidad, podríamos optar por otro tipo de orden. Por ejemplo, podríamos elegir la escena del juicio e ir de atrás hacia delante en el tiempo. O contar la historia revirtiendo la cronología en su totalidad (comenzar por la sentencia e ir en orden inverso). Otra posibilidad sería poner a dialogar el juicio de la mujer con uno de los actuales casos de corrupción. En este supuesto, tendríamos dos historias que se sucederían de forma paralela. Pero también podríamos aportar una visión más amplia de los acontecimientos si elegimos que la historia sea contada por múltiples puntos de vista (daría cualquier cosa por saber qué opinan esas plantillas de todo este asunto). Otra posibilidad sería optar por una comedia de sketches sucesivos cuyo hilo conductor fueran las situaciones vergonzantes, o por una estructura fragmentada que apunta a la necesidad de que las mujeres se salten al menos una norma de convivencia al día. En definitiva, existen formas muy diversas de contar una misma historia. La magia se produce cuando la elección de una sobre las otras no parece una alternativa sino la única forma posible.

En definitiva, la historia de La Choriza bien podría convertirse en una comedia contemporánea. Posee, como hemos visto, ingredientes suficientes que generan comicidad y es espejo de una sociedad que normaliza la pillería y que trata con desaire la diversidad. El humor aporta una visión más amplia de los asuntos, transgrede la lógica imperante y nos desafía para que creemos nuevas interpretaciones del mundo que nos rodea. Por lo tanto, el humor amplía nuestro conocimiento y alimenta el espíritu crítico. Es un antídoto contra la indolencia. Nos sacude, nos moviliza, nos convierte en sujetos activos y nos aleja de la barbarie:

No debería olvidarse que una sociedad sin disidentes, una sociedad satisfecha, incuba la barbarie. Probablemente, una sociedad sin satírico es ya, sin saberlo, una sociedad de censura y se prepara a ser una sociedad bárbara.

Juan Mayorga

 

La artista Esther Gimeno en la presentación de la Maratón de Monólogos de la AAT. Teatros Luchana, junio 2018.

La artista Esther Gimeno 2 en la presentación de la Maratón de Monólogos de la AAT 3. Teatros Luchana, junio 2018.

 

Pues eso. Larga risa a la vida.

Postdata: al final, La Choriza salió absuelta.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Bergson, H., (2008). La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico. Madrid, Alianza.
Freud, S. (2000). El chiste  y su relación con lo inconsciente. Madrid, Alianza.
Mayorga, J. (2016). Elipses. Segovia, Ediciones La uÑa RoTa.
Sastre, A. (2002). Ensayo general sobre lo cómico. Hondarribia , Editorial Hiru.
Vorhaus, J. (2005). Cómo orquestar una comedia. Barcelona, Alba Editorial.

 

 

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Notas

  1. Esta frase la escribe en respuesta a otro tuit en el que se le pide urgencia para que avance con la historia.↵ Volver al texto
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  1. Fuente: Morales, M. (16 de abril de 2018). Humor + dibujo + metáfora = Ramón Gómez de la Serna. El País.↵ Ver foto
  2. https://www.facebook.com/EstherGimenoG/↵ Ver foto
  3. http://aat.es/↵ Ver foto

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