N.º 50El humor en el Teatro Español Contemporáneo

 

Que no nos quiten las ganas

Juan Carlos Rubio

Esto no tiene gracia, no, no la tiene. Tengo que escribir sobre el humor y estoy aterrorizado. ¿Por dónde empezar? ¿Qué es la comedia? No, definitivamente eso es ir demasiado atrás, no puedo ser tan ambicioso y remontarme a Aristófanes. A ver, no me han pedido un artículo sobre los géneros teatrales ni sobre teoría. Vamos, creo que no. De hecho, ¿qué me han pedido? Ah, sí, que escriba sobre la recepción de mis textos en el extranjero, especialmente de los textos  cómicos. Por lo tanto, antes de nada me planteo… ¿qué es el humor? Ay, esto comienza a ser el día de la marmota, intentaré salir del bucle: NO SÉ QUÉ ES EL HUMOR. Bien, al menos ya he dado un dato. El humor es algo que se escapa a mi entendimiento. Claro, porque el humor surge de la parte menos racional de mi cerebro. ¿O todo lo contrario? ¿Es pura razón? En este momento el lector se estará preguntando “¿pero este tío no sabe de qué está hablando?” Pues no, no lo sé. Y es que hay muchos tipos de humor, sensibilidades en el humor, puntos de vista en el humor. Incluso hay gente que no tiene sentido del humor, o al menos no el mío, y eso convierte el humor, la comedia si hablamos en términos teatrales, en un territorio subjetivo y particular. Así que sí, hablaré de mi experiencia, sí, eso haré. Me centro. Yo a lo mío.

Cartel de Tres, de Juan Carlos Rubio, en España (2010).

Cartel de Tres, de Juan Carlos Rubio, en España (2010).

En el año 2000 escribí Tres, una sencilla comedia de tres amigas que se reunían, tras muchos años sin verse, y después de una noche loca de copas y porros trazaban el increíble plan de buscar un hombre, que este las embarazara a la vez y formar una familia. El truco de la obra, aparte de en algunos giros argumentales, radicaba en las diferentes personalidades de cada una de ellas (la más lanzada y resolutiva, la más ingenua y frágil y la más irónica y mordaz) y en las diferentes situaciones que ese cruce de pareceres iba produciendo. Vamos, esto no es que me lo haya inventado yo, obvio. De hecho me limité a rescatar algún episodio de Las chicas de oro, aquella mítica serie norteamericana, para refrescar mi memoria acerca de lo divertido que pueden ser tres mujeres de muy diferentes “humores” enfrentadas al mismo dilema. Bien, la obra estaba escrita. Era una comedia. Yo quería que los espectadores de España rieran sin parar una hora y media. Pero, claro, no contaba con que, hace casi 20 años, para un autor español estrenar su obra en España era un drama, no una comedia, y no daba ninguna risa ser ignorado tan escandalosamente por la profesión. Efectivamente el texto se quedó en un cajón, por más esfuerzos que hice. Pero la llave de ese cajón no solo la tenía yo (ese es un buen truco para los que escribimos, hacer circular nuestro trabajo) y gracias al empuje de Charo, de la Librería La Avispa (qué tiempos aquellos y cuánto tengo que agradecer a aquellos amantes del teatro que crearon y gestionaron aquel espacio de encuentro durante tantos años) mi obra terminó en manos de una actriz y directora española afincada en Chile con quien he tenido el placer de trabajar en varias ocasiones, Rosa Nicolet. Bien, ella leyó Tres y lo primero que decidió fue cambiarle el nombre a Ellas quieren y él no puede. ¿Qué? ¿Perdón? Empezamos bien… “El público de Chile no va a entender un título como Tres, hazme caso. Necesito algo más comercial”. Está bien, ella sabrá, total, yo no conozco el humor del público de Chile. Ni el humor ni nada de nada, porque mira que está lejos Chile. Ella también “chilenizó” algunas palabras para que se entendieran mejor allí. Y cortó al texto casi media hora “¿¡¡Media hora, Rosa?!!” “Sí, media hora, acá no aguantan sentados más de una hora y veinte”. En fin, espero que nunca montes El rey Lear… El estreno de Tres, perdón, de Ellas quieren y él no puede, tuvo lugar en enero del año 2005 en Santiago de Chile. Y estuvo en cartel a lo largo de dos años acumulando más de cien mil espectadores. No pude ir a ver el espectáculo por diferentes motivos, pero Rosa me aseguraba con todo cariño que “la gente se muere de risa con tu obra, los chistes funcionan, adoran a los personajes”. Por lo tanto, a pesar del cambio de título y ese recorte en la duración, empecé a pensar que quizá mi humor, el que yo había aplicado a la hora de escribir la obra, sí que estaba funcionando a 12.000 kilómetros de Madrid. Pero claro, Rosa, a fin de cuentas, era española, había entendido mis chistes y, sacando lo que le convenía, había acentuado las partes que el público de Chile podría disfrutar más. Me quedaba la duda ¿es el humor, mi humor, universal? Entonces llegó el estreno en Puerto Rico. El productor, Rafa Varela, quería llamarla Qué trío. Vaya, era un poco más cercano al Tres original, íbamos mejorando. Y esta vez no me quería perder esa experiencia. Así que fui al estreno en San Juan. Y la verdad, allí pude comprobar en vivo y en directo, cómo un teatro entero (el enorme Teatro Bellas Artes de Santurce) se venía abajo riendo sin parar, sí, con mi texto español y con mis chistes españoles, con mi disparatada historia española y con mis ironías ¿de dónde? Españolas. Es reconfortante ver que lo que haces gusta. Qué frase tan tonta y obvia, pero verdadera. No sé para qué escriben los demás, yo desde luego para que el público disfrute con mis obras. Sí, claro, tengo la necesidad de plasmar algunos fantasmas y terapias personales en mi trabajo, no hay duda, pero el principal motor es la comunicación con el otro, con ese otro que te elige como opción para pasar una tarde y a quien, desde luego, quiero que le haya merecido la pena el esfuerzo. Y si quieren risas, que se lleven unas buenas risas al cuerpo. Muchas. Y eso provocó Tres (con sus diferentes nombres) en otros nueve países de América en los años que siguieron a lo contado anteriormente. Sí, el humor no conoce fronteras. Aunque quizá un mismo idioma, por más que tenga diferentes acentos y algunos modismos, nos convierte en una especie de gran comunidad. Así que mis estrenos latinoamericanos, si me pongo exigente, podían ser entendidos como una prolongación de mi propio país. No hay nada como dudar, aunque es un poco coñazo, no tiene fin. Pobre Hamlet.

Cartel de Tres, de Juan Carlos Rubio, en Italia (2013).

Cartel de Tres, de Juan Carlos Rubio, en Italia (2013).

Y entonces llegó Italia. Era la prueba de fuego, otro idioma. Allí se iba a llamar Tres, así como suena, en español. Definitivamente las cosas habían cambiado del todo. Cuando me senté en la butaca del precioso teatro romano a ver el espectáculo estaba francamente nervioso. Una gran producción, repleta de estrellas, una ambiciosa gira por todo el país… ¿Entenderían mi humor? ¿Funcionaría de nuevo esa trama en otra lengua que no fuera la mía? Dan ganas de decir que la respuesta a la vuelta de publicidad, pero no, voy a responder ahora porque este artículo comienza a parecerme eterno: SÍ, FUNCIONÓ. El público reía sin parar en los mismos sitios en que lo habían hecho en cualquier otro rincón del mundo. No fallaba. Y es que los seres humanos, por más que nos empeñemos en enarbolar banderas y particularidades, tenemos mucho, muchísimo más en común que diferencias. Sentimos, tememos, soñamos lo mismo sea donde sea. Y nos reímos de las mismas cosas, las mismas tragedias (me encanta la frase de Woody Allen de que “la comedia es igual a tragedia más tiempo”, qué listo el tío) y las mismas miserias ajenas. A lo largo de estos casi veinte años desde que escribí Tres he podido verla en muchos países (sí, incluida España, aquí hace años pude al fin encontrar un productor francamente interesado en mi teatro: YO) y se sigue reponiendo continuamente. ¿La clave de su universalidad? No lo sé. Imagino que no ser localista y hablar de conflictos generales, que los personajes estén siempre por encima de la anécdota que cuentan, que los chistes tengan que ver con sus personalidades y no con el momento actual de nuestro país. Y desde luego también puede que una de las claves sea la buena estrella que siempre he tenido. Claro que, no soy el único. De Santiago Moncada con sus Brujas (descomunal éxito en Argentina durante años y años) al Smiley de Guillem Clua, la presencia de comedias españolas en los escenarios del mundo es continua y prometedora, demostrando que el humor nos une y nos consolida como miembros de una misma raza universal y pelín tonta. Sigamos escribiendo, sigamos riendo. Que no nos quiten las ganas, compañeros, que hay mucho terrícola que nos necesita.

 

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