N.º 48Teatro y revolución (1917-2017)

 

TERCERA [A ESCENA, QUE EMPEZAMOS]

La Tercera

Miguel Signes y Berta Muñoz

Con este número de Las Puertas del Drama, al que hemos titulado TEATRO Y REVOLUCIÓN, hemos querido recordar y honrar a quienes en la Rusia de 1917 intentaron que ambos términos se pudieran ver como un todo, haciendo que el teatro fuera una herramienta de lucha por una sociedad más igualitaria; pero también reflexionar sobre la cara menos amable de la revolución en su relación con los dramaturgos: aquella que nos muestran la censura y la imposición de un arte oficial sujeto a consignas. ¿Crean las revoluciones sociales su propio arte teatral o se limitan, en general, a modificar las estructuras propias del teatro ya existente? ¿Lograron realmente los revolucionarios soviéticos crear un teatro nuevo? Estas y otras cuestiones se abordan en los artículos incluidos en este monográfico.

Fernando de los Rios con Pablo Iglesias.

Fernando de los Rios con Pablo Iglesias.

Entre octubre de 1920 y agosto de 1921, el reconocido socialista Fernando de los Ríos estuvo en Rusia, donde se entrevistó con Lenin y con otros destacados revolucionarios, pero también tuvo tiempo para ir al teatro. En noviembre de 1920 fue espectador de Las Albas, de Verhaeren, en el teatro Zon de Moscú (montaje del que se habla en este monográfico), y le llamó la atención que la acción de la obra no se circunscribiese a la escena, sino que escena y sala se confundieran y que el público siguiera vivamente interesado la representación. También le sorprendió que en los suburbios de Moscú hubiera “teatros de obreros” y que simultáneamente siguieran funcionando los grandes teatros rusos de antes de la Revolución (Mi viaje a la Rusia sovietista[1]). Fernando de los Ríos no pudo saber que un año antes Bujarin había escrito en Pravda (del que era director): “en los días de las grandes revoluciones, disfrutar de El jardín de los cerezos (ni siquiera La fábrica de los cerezos) constituye la más sobrenatural estupidez”. O que, por las mismas fechas, el Comisario para la Instrucción Pública, Lunacharski, que defendía el trabajo de los teatros rusos tradicionales (Teatro del Arte, Mali, Mariinski, Bolshoi…), se encontraba con un ambiente cada vez más crítico hacia su postura abierta y tolerante. Ambiente caldeado también, entre otros, por Meyerhold, nombrado director del Departamento de Teatro por el mismo Lunacharski en la primavera de 1920.

Lunacharski y la organización soviética de la educación y de las artes (1917-1921), de Sheila FitzpatrickEl Comisario para la Instrucción Pública cuenta que Lenin le dijo en una ocasión que no debían olvidarse de apoyar lo nuevo que iba a surgir por influencia de la Revolución y que “pasaran por alto el hecho de que la calidad pudiese resentirse al principio, ya que en este asunto no habría que trabajar solamente con criterios estéticos, porque en ese caso el arte antiguo, más maduro, frenaría el desarrollo del movimiento que se vería modificado al no sentir la presión de las obras jóvenes… se trata –seguía diciendo Lenin– de impedir que los pilares de nuestra cultura se derrumben, algo que el proletariado no nos lo perdonaría”. Pero una cosa era que el teatro no diera la espalda a los profundos cambios que estaban ocurriendo en la calle, y otra muy distinta que se impusiera en el teatro una única forma estética, empujada por la teatralización de la vida cotidiana, y se vetaran otras opciones. Hoy, un siglo después, tenemos a nuestro alcance numerosos estudios que nos permiten comprender lo que ocurrió con el teatro en los primeros años de la Revolución, antes de que ésta tomara caminos que en un principio no estuvieron en la mente de muchos de sus promotores. Entre tanto, en 1929, Lunacharski fue apartado de la Instrucción Pública, y en el 33, cuando acababa de ser nombrado embajador en España, murió en el sur de Francia sin llegar a tomar posesión de su cargo.

Confiamos en que, gracias a los articulistas que han colaborado en este número, reconocidos especialistas todos ellos, los lectores de esta revista encuentren aquí información y opiniones que les ayuden a comprender las complejas relaciones entre la Revolución y el Teatro.

 

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Notas

  1. Madrid, Espasa Calpe, 1934. Esta obra se puede leer a texto completo en: http://www.fernandodelosrios.org/images/obras/viajerusiasovietista.pdf↵ Volver al texto

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