N.º 41La edición teatral a través de la historia

 

Ediciones de textos teatrales desde 1939

Mariano de Paco
Universidad de Murcia

Entre los aficionados al teatro ha sido siempre bien recibida la publicación de textos dramáticos en colecciones asequibles que, normalmente tras los estrenos, permitía la lectura reposada o el conocimiento de los títulos para quienes no habían podido asistir a las representaciones o querían acceder al texto que presenciaron en escena. Es conocido el hábito aurisecular de la lectura y no es difícil recordar las popularísimas colecciones teatrales editadas en las primeras décadas del siglo XX.

Las cartas boca abajo, de Antonio Buero Vallejo

Las cartas boca abajo, de Antonio Buero Vallejo. Colección Teatro de la editorial Escelicer.

En los años de postguerra, la colección Teatro, de la editorial Escelicer, recogió la tradición de La Novela Cómica, La Novela Teatral, El Teatro Moderno, La Farsa… y, desde 1951, publicó casi ochocientos títulos de autores españoles y extranjeros hasta la mitad de la década de los setenta. En 1954, en su número cien, aparecían estas palabras de Buero Vallejo, que por entonces había editado en ella todos sus textos: “La llegada al quiosco cada semana para llevarse a casa una comedia que leer -una comedia para fomentar la teatralmente importantísima afición a leer teatro- era una de las ‘buenas costumbres’ que nos faltaban en estos años […]. No puede decirse que un país tiene teatro si, junto a las representaciones de sus escenarios, no se encuentran las publicaciones periódicas que las recojan y fijen en duradera letra impresa” [1].

La misma editorial inició en la década de los sesenta la colección Teatro selecto en la que se proponía presentar “en elegantes tomos lujosamente encuadernados, esmeradamente impresos y con ilustraciones sobre papel cuché fuera de texto” a “los mejores autores contemporáneos en sus obras de mayor éxito”, con el propósito de darlos a conocer a un público lector amplio. Se comenzó con Antonio Buero Vallejo y siguieron Alfonso Sastre, Alejandro Casona, Miguel Mihura, Víctor Ruiz Iriarte, Edgar Neville, José María Pemán, Carlos Llopis, Jardiel Poncela, García Lorca, Valle Inclán, Pedro Bloch, López Rubio, Alfonso Paso, Jaime Salom, Jacinto Grau, los hermanos Álvarez Quintero y Pérez Galdós. A este amplio repertorio se unieron volúmenes de “Teatro selecto clásico”, dedicados a Aristófanes, Juan del Encina, Torres Naharro y Lucas Fernández, así como tres tomos de “Teatro selecto contemporáneo hispanoamericano”. La inclinación hacia la escena de esta meritoria editorial la llevó, además, a introducir en otras colecciones no específicamente teatrales títulos de Azorín o de José María Pemán que sí lo eran junto a dos volúmenes de las tragedias de Sófocles.

Ninguna otra fue en esos años equiparable en extensión a la colección Teatro pero no han faltado, ni faltan, otros estimables intentos de difusión de textos dramáticos en ya desaparecidas colecciones. Distinto sentido y propósito, más especializado, tenía la que se inició una década después que la de Escelicer: Primer Acto (más tarde El Mirlo Blanco), de Taurus Ediciones, dirigida por José Monleón; en sus atractivos volúmenes se publicaban artículos de y sobre el autor elegido, bibliografía, cronología y otras notas junto a obras representativas de los dramaturgos correspondientes. Entre estos figuran Carlos Muñiz, Alfonso Sastre, Miguel Mihura, Fernando Arrabal, Max Aub, Carlos Arniches, Rodríguez Méndez, Martín Recuerda y Buero Vallejo.

En el mismo año apareció en Barcelona la colección Voz e Imagen, de la editorial Aymá. La serie de teatro de la misma (otras se dedicaron al cine, a la radio y a la televisión) tuvo como primer número El concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo, y de este autor es igualmente la obra del último número que conocemos: La doble historia del doctor Valmy, en 1978. La dirigió Guillermo Díaz Plaja y contaba con ilustraciones fotográficas y estudios introductorios de reconocidos especialistas.

Noche de guerra en el Museo del Prado, de Rafael Alberti y Sois como niños, de Alberto Miralles

Noche de guerra en el Museo del Prado, de Rafael Alberti. Colección Cuadernos para el Diálogo. Sois como niños, de Alberto Miralles. Número 0 de la colección La Avispa.

En 1968 la editorial Cuadernos para el Diálogo publica El adefesio, de Rafael Alberti, que abría la colección Libros de teatro, dirigida por Miguel Bilbatúa y Álvaro del Amo. Durante una década ofrece más de cincuenta títulos de autores españoles y extranjeros, clásicos o muy actuales, de Plauto a Tom Stoppard;  muchos de ellos caracterizados por su general desconocimiento, desde V de Vietnam, de Armand Gatti, a El labrador de más aire, de Miguel Hernández; de textos de Joan Brossa a otros de Kateb Yacine. Tenían un prólogo de desigual extensión, al igual que lo tuvieron los Cuadernos Prácticos, de la editorial Fundamentos, que no gozaron de demasiada difusión ni fueron muy numerosos; una de sus series era de tema teatral y comenzó en 1972 con Tres piezas cortas, de Artaud.

La señorita Julia, de Strindberg, en versión de Lorenzo López Sancho, abría en 1974 una nueva colección: Escena, de Ediciones MK, de regular aparición durante su no larga vida; algo semejante ocurrió con Arte Escénico, de la editorial Preyson y la Sociedad de Autores; y con La Farsa, de la editorial Vox, en colaboración con el Centro de Documentación Teatral, que recuperaba el glorioso nombre de una antigua colección. Efímera fue también la existencia de otras, como Nueva Escena, de la Editorial Nuestra Cultura; Autoras españolas, de la editorial Lucerna; de la que inició el Ayuntamiento de Madrid con el nombre de Los Libros del Teatro Español, o de Nuevo Teatro Español, editada por el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas (CNNTE).

La librería de teatro La Avispa (cuya desaparición tanto hemos lamentado los aficionados al teatro, a su lectura y a su estudio) inauguró colección en 1983 con Sois como niños, de Alberto Miralles, y La estanquera de Vallecas, de José Luis Alonso de Santos. La Biblioteca Antonio Machado de Teatro (con la colaboración de la Sociedad de Autores) se abre en 1986 con Revistas del corazón, de Juan José Alonso Millán. En la misma década la editorial Lucerna creó la colección Autoras españolas. El Centro Español del Instituto Internacional del Teatro tuvo la denominada Autores Noveles y el Instituto de Cooperación Iberoamericana publicaba periódicamente obras dramáticas.

No podemos olvidar las piezas dramáticas que se incluían y se siguen incluyendo en (o con) las revistas teatrales: Teatro, Primer Acto, Yorick, Pipirijaina, Escena, El Público, y las que hoy continúan: Estreno, Gestos, ADE Teatro y Acotaciones; se trata de un excelente modo de llegar al aficionado y de difundir los textos.

De índole más académica era la colección Almar, de teatro español contemporáneo, que empezó en 1978 con Hoy es fiesta, de Buero Vallejo y en 1987 llegaba a la decena de números con El café de marfil y La plaza, de Miguel Medina Vicario; dirigida hasta el noveno de ellos por los hispanistas Patricia W. O’Connor y Anthony M. Pasquariello, cada volumen se editó por un especialista que realizaba introducción, notas y bibliografía. Además de los autores citados, vieron publicadas en ella obras suyas Víctor Ruiz Iriarte, Jaime Salom, Carlos Muñiz, Joaquín Calvo Sotelo, José María Rodríguez Méndez, José López Rubio, Antonio Gala y Fernando Arrabal.

Lugar aparte ocupan las editoriales que en sus colecciones editan textos teatrales dirigidos, sobre todo, a un público de estudiantes de uno u otro nivel y estructuran sus ediciones y organizan sus fondos de acuerdo con ese propósito. Relación más o menos directa con la enseñanza poseían las colecciones Temas de España, de editorial Taurus, y Selecciones Austral, de Espasa Calpe, y la tienen ahora Clásicos Castalia, la nueva colección Austral Teatro, Crítica, Octaedro, Vicens Vives, y Letras Hispánicas y Letras Universales de Cátedra. Esta editorial posee una amplia y cuidada selección de nombres de la historia de nuestro teatro, con particular atención a los siglos XX y XXI. Dada la frecuente falta de hábito de lectura teatral, son ellas las que consiguen tiradas mayores pero suelen reducirse a contados títulos y autores.

Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre y Esta noche, gran velada y Caballito del diablo, de Fermín Cabal

Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre. Editorial Hiru. Esta noche, gran velada y Caballito del diablo, de Fermín Cabal. Colección Espiral Teatro, de la Editorial Fundamentos.

En la actualidad se dedican al teatro de modo específico algunas editoriales como Ñaque; Hiru, con particular pero no exclusiva dedicación a la obra de Alfonso Sastre; o Artezblai, que ha publicado más de un centenar de libros en cinco colecciones diferentes y en Textos teatrales se ocupa de los de autores contemporáneos. De la editorial Fundamentos es la colección Espiral Teatro, que ha ido acrecentando con el tiempo la actividad dedicada a la escena, tanto en libros de textos sueltos como en Obras completas (Manuel Martínez Mediero, Miguel Romero Esteo) o en los siete volúmenes de la útil y documentada Historia y antología del teatro español de posguerra preparada por Gregorio Torres Nebrera y Víctor García Ruiz. Ediciones KRK tiene una treintena títulos de teatro, en los que predominan los españoles actuales, y Ediciones Irreverentes les dedica varios títulos de su catálogo.

Esta noche no estoy para nadie, de Rubio; Teatro completo (I), de Olmo y A ciegas, de Campos García

Esta noche no estoy para nadie, de Juan Carlos Rubio. Edición de la Fundación Autor, colección Teatroautor. Teatro completo (I), de Lauro Olmo. Edición de la Asociación de Autores de Teatro. A ciegas, de Jesús Campos García. Colección Antología Teatral Española, editada por la Universidad de Murcia.

Mención especial merecen la serie editorial Teatroautor de la Fundación Autor, que continúa la de la SGAE, y ofrece al lector textos de dramaturgos de nuestros días. A ella se suman los de teatro infantil y juvenil y la serie “Homenajes”, que comenzó con Hermógenes Sainz, Buero Vallejo, López Rubio y Lauro Olmo. Del mismo modo, es muy destacable la labor editorial de la Asociación de Directores de Escena en sus distintas series Literatura dramática y Literatura dramática hispanoamericana y la más reciente Premios Lope de Vega, en colaboración con el Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, que permite acceder con facilidad a cuidadas ediciones de los textos galardonados.

Una interesante iniciativa de difusión de la lectura de textos teatrales es la promovida por el Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid y su directora Juana Escabias, con el patrocinio de la Fundación Coca-Cola, en Huerga y Fierro editores: la colección El teatro puede, dedicada a la propagación de obras de nombres de nuestra escena de distintas generaciones. Los dos primeros números, aparecidos en 2009, fueron Caídos del cielo, de Paloma Pedrero (I Premio Talía de Teatro) y La máquina de abrazar, de José Sanchis Sinisterra; los de 2010: Conozca usted el mundo, de Luisa Cunillé, y No sé cómo decirlo y Malditas sean Coronada y sus hijas, de Francisco Nieva; en 2011: La llegada de los bárbaros, de José Luis Alonso de Santos, Obsession Street, de Diana de Paco, En un lugar de la niebla, de Antonio Álamo, y Santa Perpetua, de Laila Ripoll; en 2012: Cúpula Fortuny, de Jerónimo López Mozo, Maniobras, de Eduardo Galán, Reparación, de Carmen Resino y Las migas del tiempo, de Xabi Puerta.

La Asociación de Autores de Teatro (AAT) tiene abiertas varias colecciones cuyos contenidos responden a distintos ámbitos. Uno es el de la territorialidad, y en ellas se publican obras de autores nacidos o residentes en las correspondientes comunidades autónomas, que colaboran en la edición, como sucede en Damos la Palabra. Textos, con la Comunidad de Madrid y en Escena y presencia con la Junta de Extremadura. En cuanto a la naturaleza de los textos, hay series dedicadas a teatro breve, a teatro para la infancia y la juventud, a la autoedición y al ensayo. Muy apreciable es la empresa de editar la obra completa o selecta, con introducciones y bibliografía, de diferentes asociados, la última muestra de las cuales, en 2010, es el Teatro escogido de Antonio Martínez Ballesteros; antes aparecieron los volúmenes de Ricardo López Aranda, Eduardo Quiles, Adolfo Marsillach, Lauro Olmo, Alberto Miralles, José María Rodríguez Méndez, Domingo Miras, Carlos Muñiz, Luis Riaza, Alfonso Sastre, Ana Diosdado y José Ricardo Morales.

La AAT colabora con Primer Acto y el Ayuntamiento de Madrid, desde 2005, en la colección El teatro de papel; y, junto a las tradicionales ediciones impresas, por medio de un convenio de colaboración con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, da a conocer obras del teatro español contemporáneo con las ventajas ofrecidas por las nuevas tecnologías.

El Centro de Documentación Teatral edita los Premios Calderón de la Barca y el Centro de las Artes Escénicas de Andalucía acoge la colección Textos dramáticos, dirigida por Lola Vargas-Zúñiga y coordinada por María Jesús Bajo. No faltan los títulos teatrales en otras instituciones oficiales (INJUVE, Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos, Comunidades y Diputaciones…) y en algunos centros superiores de enseñanza (RESAD de Madrid, Instituto del Teatro de Barcelona, Universidades de Alcalá, UNED, Valencia y Murcia).

Como ejemplo particular y dada su pervivencia, aunque no siempre con la misma regularidad, voy a señalar sucintamente la naturaleza y la intención de las publicaciones de textos teatrales en la Universidad de Murcia. Dentro de su Servicio de Publicaciones de existen dos colecciones. Cuadernos de la Cátedra de Teatro, comenzada en 1978, se mantiene con el nombre de Editum Teatro y reúne estudios y textos dramáticos de autores españoles y extranjeros, con claro predominio, sin embargo, de la teoría y de lo nacional.

La segunda de las series se sitúa de lleno en el objeto de nuestro artículo, puesto que está dedicada específicamente textos dramáticos, y se inició en 1986 bajo el nombre de Antología Teatral Española con La Venta del Ahorcado, de Domingo Miras. La colección, que César Oliva y yo dirigimos, ha llegado a los cuarenta y ocho números en el año 2013 y varios textos aguardan su publicación. La voluntad de llegar a la mayoría de los dramaturgos ha supuesto que no se repita en ella ningún autor, al igual que se ha mantenido el propósito de que las obras elegidas fuesen inéditas. Recordemos los nombres de quienes han ido apareciendo tras el mencionado primer número: José Martín Elizondo, Luis Riaza, Jerónimo López Mozo, Miguel Signes, Alfonso Sastre, Fernando Martín Iniesta, Manuel Serrat Crespo, Alfonso Vallejo, Álvaro Custodio, José María Rodríguez Méndez, Lorenzo Píriz-Carbonell, José Martín Recuerda, José Ruibal, Paloma Pedrero, María José Ragué, Andrés Ruiz, Luis Federico Viudes, Rodolf Sirera, Antonio Buero Vallejo, Lauro Olmo, Concha Romero, José Luis Alonso de Santos, Alberto Miralles, Carmen Conde, José Ricardo Morales, Carmen Resino, Eduardo Galán, Miguel Medina Vicario, Josep M. Benet i Jornet, Jesús Campos, Luis Balaguer, Eduardo Quiles, Daniel Cortezón, Pilar Pombo, José M. Camps, Santiago Martín Bermúdez, Antonio Martínez Ballesteros, Miguel Murillo, Juan Mayorga, Xabi Puerta, Ernesto Caballero, Fermín Cabal, Juan Luis Mira, Antonia Bueno, Diana de Paco Serrano, Jesús Carazo y Raúl Hernández Garrido. Todos ellos han colaborado desinteresadamente a la buena marcha de esta labor.

Las colecciones teatrales con frecuencia llegan, por distintos motivos, a un escaso público. Es muy significativo y también irritante (el círculo se vicia), por ejemplo, que en los suplementos culturales no se suela encontrar un apartado para el teatro aunque se dediquen otros a las más diversas parcelas, aun con escaso número de lectores. Creo, sin embargo, que el desarrollo de este trabajo hace evidente, junto a las dificultades para conseguirlo, la firme decisión de muchos para de sacar a luz los textos dramáticos.

Cabe por ello, como conclusión, reiterar que debe fomentarse la lectura de obras dramáticas, superando por completo la falsa oposición entre leer los textos y verlos representados, entre literatura escénica y teatro. Para lograrlo, es necesario que en los centros docentes se impulse la lectura de obras teatrales y que Instituciones y Editoriales contribuyan a promoverla y amplíen cuanto les sea posible en sus catálogos nombres de autores y títulos de textos dramáticos, que, de otro modo, permanecerían culpablemente desconocidos.

Artículo siguienteVer sumario

Notas

  1. Antonio Buero Vallejo, “Una colección de teatro”, en Obra Completa, II, edición crítica de Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Madrid, Espasa-Calpe, Clásicos Castellanos, 1994, p. 899.↵ Volver al texto

www.aat.es